17.6.09

#100 the farewell · [título en construcción]

[close is coming]
[closer]
(mientras tanto, queda librada a su elección, la lectura de las #99 entradas anteriores)

*agregado #20082008 (acabo de notar que este día simula repetir el año)
(queda también librada a elección de los visitantes, pasear por los demás espacios a saber, ubicados a la derecha de la patalla)


(17-06-2008 / 17-06-2009)
[a tres grandes tres que se despidieron y a una madre que renació]

(shhhh... estar en ningún lugar es como hacer del universo una isla)

Zzz...

12.6.08

sperma kurofuku

“Protégelos, oh padre, mas tenles ninguna piedad.
Pedestres, salvadores de sus propias almas son y serán cada quien;
protégelas, oh padre, excepto a aquellas cuya naturaleza por defecto de su fé
tienen serenidad y son el punto ciego de su propia virtud,
la mejilla moldeada a imagen de la faz interna de un puño sosteniendo la vara que la golpea.
sostén sus lágrimas, oh padre, con los sedales que destila tu otra mano,
tendida como una lluvia que apacigua, contiene, rebalsa;
anzuelos.
Permite se mantengan cerca los unos de los otros, aún a la distancia, aún más allá del tiempo, oh padre,
para que se sepan juntos al final del camino ya durante la travesía inevitable por esta vida,
la que vida ajena que recorrerán vertebralmente,
podría devolverlos, podría devorarlos;
podría hacer que no sean quienes entraron.
Cuídalos, oh padre, por cada día que te he rechazado, que nada de ti he sabido,
como tu único hijo; aquél que te ha abortado, gemido y sangrado, oh padre.
ruega que no sea yo quien esté al final del camino para desmembrarlos;
intenta, oh padre, que comprendan es su espíritu el que está en juego…
Que aquí empieza a concluir lo que se hubo iniciado.
Aquí; donde ninguna plegaria se mujer u hombre.
Vela de mi por ellos, que no es el mal a lo que deben estar atentos.
Bajo esta hora, oh padre, sobre todo tu; protégete de entre todos ellos.
el hambre de la niña vampira de un hombre, inocente, curiosa,
puede remorder hasta quebrar los huesos.
Un sello roto que no debes tomar ligeramente, como una mera oración.
Reza por aquello que ames y abrázalo;
por sobre ese amor te arrancará hasta despedazarlo.
Extraerá la oscuridad médula del corazón que el corazón no tiene.
Ruega, oh padre, para que el resultado inesperado regurgite entre el sonido de la palabra
hasta hacerse tumba en sus estómagos de mariposa,
pupa de un impulso tendencioso, casi balsámico.
Releer como un acto para purgar la vida;
quitarla.
Dejar algo de la suya para salvar la tuya, la mía, oh padre,
en la ironía de los anillos de bruma.
Déjalos renacer tantas veces quieran, oh padre.
Esto acaba aquí.
El que quiera seguir, que así lo haga.
Yo estaré a su lado;
o encima…
…para dar con la guadaña el picotazo.
Sanando también el dolor se hace más fuerte, oh padre.
Tanto que tal vez, no sea aconsejable despojarse de aquello que se nos será arrebatado.
Lo siento, oh padre;
perdona las acciones que este manojo de criatura,
con gusto irá removiendo entre los vendajes,
sólo para que las heridas respiren.
Porque cada uno de ellos, oh padre, se convertirá en su herida;
y si no es él, no serás tu quien los cargue en sus espaldas.
Aprende; que aún no es tarde.
Confía.
No caerás;
…pero tampoco te sueltes.”
[reposa en la comodidad de tu anatomía, busca el peldaño más alto de tus escaleras; desciende conforme sientas te hundes e inundas en los azarares de las moles de lo impronunciable; por el pasillo final del recorrido, las encontrarás dirimiendo… no te detengas]
Con la mano bífida cortada (por entre índices y anulares) en posición de escuerzo, abanico entrecerrado, caligrafía moribunda, airear el alma por esos agujeritos porosos y fétidos que vomitan semillitas de pelo y grasa, que derraman piel con la experticia que la piel adquiere para punzar desde dentro palpitando coágulos negruzcos, tolerar temperaturas infrahumanas y beberse entre los vapores su propia sangre hasta bullirla burbujeante con una inexplicable mueca labial…
Que no; que no es así como se depura o se libera uno de uno o de nadie… o nadie de uno o de alguien.
Así es como se alimentan las colonias de hormigas que habitan en tu baño, en tu cuerpo.
Sin embargo no alcanza. Hace falta más.
¿Por qué razón habría alguien de provocarse dolor físico?. Podría ser porque para llegar al dolor del espíritu hace falta enterrarse mucho muy profundo entre tejidos, fibras, nervios, huesos, ir destrozándolos en el camino; pero aún en ese estado de fragilidad, la esencia podría permanecer inquebrantable. Sobretodo, para quien tenga una médula espinal para los umbrales del sufrimiento… o una espina bífida.
¿Para qué provocarlo entonces?. Por placer, por que sí. En ese orden específico.
(para recordar lo cruel que es el corazón)
Ha sido él -a disgusto de la intención que tuviera de no serlo- el verdugo de una flor. Estrangulada en los filos de las palabras; una sangre tanto más humana que una moribunda caricia la envenenó.
Decirle a quien amas cómo tu mente funciona y discierne gestada en el infierno es… decirle que tienes la habilidad para destruirlo si quisieras; si fueses alguien más con esa voluntad…
[¿es eso suficiente para que sepa que no debe temer, temerte?]
Abrirte al dolor de serte en esencia sabida, sabido, puede convertirte en algo letal. Y algo es en esencia aquello que de tu propia humanidad se nutre para carecer de ella y florecer en las aguas subterráneas de una penumbra que se retuerce en la ingesta y llora elevando todo rastrojo de su densa oscuridad a esa hendidura abierta para supurarse purulenta en derredor de los labios que besas como bebiendo de un manantial… la tierra de tu región cadavérica. En los corazones palmares yace el terror de la caricia mortífera.
Cuando te expandes más allá de tus límites, vives; corriendo el riesgo de aniquilar con tu propia vida todo lo que te rodea tal y como lo conocías; tal y como se te conocía…
No lo intentes.
Para entonces no podrás volver a cerrarte y te transformarás en lo inimaginable.
Intolerable a los ojos, el cuerpo, el alma, crearás la concepción de un vástago ajeno, una entidad informe para el regocijo de lo despiadado; de las despedidas.
(y te relames entre sonrojos)
…al menos es un inicio.
¿Con qué mano asir el filo?. ¿La mano hábil o inhábil?. ¿Con cuánta fuerza?.
Así es como un espíritu quiébrase a sí para deshacer la materia que lo gobierna… trazando surcos, en su osamenta, accionando los vestigios de su paladar, extendiendo las muñecas para ahorcarlas con hilos de marioneta.
Testa con el cuidado que su víctima merece…
Castigo castígote castigo de por mis errores por los que me castigas cuando también son tus errores…
la vibración de un glande sucio, relamido por el alcohol de una boca a poco dentada, enmohecida, a poco rancia y femenina en el albor de una escuálida primavera empañada con los estertores de las raíces terrenales que en sujetar se empecinan hasta con la sangre… no es la locura lo que aborda este deseo del no ser, sino la graciosa sensación de ser el mismo hombre que me está cogiendo.
(…y gozarlo)
¿Creerías que vomito estos trazos mientras escupo hacia adentro sorbos de café con galletas de chocolate?.
¿Creerías que tengo el rostro roto contra el suelo mientras la penetración me tensa y fisura?.
¿Creerías que siento tu presencia en lo que aún es un corazón, aunque no te vea?. Para latirme te falta mucho más corazón del que en este momento te late y suena a puertas de un resoplo que quiere callar agitado. Agitado e inmóvil me sostengo boca abajo sudando contra mi propia exudación; si tuviese el miedo que me tienes me haría el amor necrosando cada uno de mis tejidos… deja de mirar la palidez de ese culo tembloroso sin sonreír… sonríe… puedes ser esa figura cálida y paternal rozando sus genitales contra su hijo… puedes, sé que puedes… ¿por qué lloras?.
Como esas lágrimas ayer emergió una hormiga de su espalda. Se está convirtiendo en arena. Te estás convirtiendo en testigo y sal. Sal de aquí mientras puedas. Esta no es una advertencia ni un juego de la flora carnívora que endulza la somnolencia de tus muecas sordas. Huye mientras puedas. Que te vayas… ¡Vete!... maldita y endiablada alma presurosa. Seguirás el vacío de tu propio y único fin. Aquí no quedan finalidades posibles. Cuando quieres puedes ser obstinadamente despreciable… aprendes rápido, pero lo lamentarás.
Harás una infusión de temblores cuando lleguen; las manos se te anudarán. Desearás se te rompan cada una de las falanges por hallar el cuenco de una aridez a la que no le queda ni pizca de piel, ni un gramo de carne para diluir… lo primero que se pierden son los ojos.
Ya no tengo lágrimas.
…pero no la vista.
Abranse las bocanadas blancas de este espectro hasta impregnarse de tus falencias… carente, uno se dilata para hacerse abismo en la boca de su pecho, de tus pechos; entenderás que no era una simple advertencia, sino también una amenaza… una parte de ti perecerá al final de toda esperanza que esperes encontrar sobre la mesa de las cuatro misericordias…
Imagina a cada una vertiéndose sobre los hombros de la humanidad. Imagina su fluir corrosivo refulgiendo como el latido de un reflejo oscuro que brota en un óseo relámpago que serra, tritura y arranca… serás un pesado soplo de agonía… seré el polvo que quede en tus besos compasivos y resecos cuando quede ninguna lágrima tibia en tu corazón… la música de un arpa que revive fallida en un puño cerrado.
Golpearte dónde menos esperas y más te duele… te golpearé en ella.
Abrasión penal de una nota náufraga en los estrechos de la soledad y el delirio.
No me salves.
Amar después de haber herido. Herir después de haber herido…
¿Quién merece ser amado?. ¿Qué diferencia hace?. ¿Qué diferencia hago con una prostituta?.
El ano violado se inflama sanguinolento.
…soy mi puta.
(deslenguada)
Torcerla; torcerlo hasta el sonido donde el arpa desafina… pero sólo soy un espíritu… un niño.
Te mataré, padre. Sin importar el riesgo de hacerme humo con la pulsión de una virtud de ti heredada; te mataré.
Reconstruir a madre tomando como modelo cada una de sus costillas… grita como la vida misma que deja de nacer… el paraíso.
Deglutir las uvas de tus desgracias con caldos de uñas, piel y ácidos. Brindar a tu provecho. Potaje de diamante para diseccionar la abominación tripa de un infante diabólico babeando, bebiendo de las sopas de las uvas, carcomiendo dentro la gracia, la ira, el principio, engendro de todo bien a bien tener… a su anfitrión innato… irrespirable… excretado... como las plumas de un angélico feto… velo comerlo con sus jugos.
Hay que acabar con ese niño antes que las espinas copulen y resurjan. Antes del bocado final; acaba, acaba de llenar a ese quebradizo hombre con sus propios colmillos; acábale adentro. Tenle ninguna…
Tal y como quien con una hoja de afeitar corta sus comisuras para ganar el aprecio de sus amistades con la más franca y cruda de las sonrisas… la estigmatizada sin suturas en las mejillas… la que contenta confía: “ya no podrán decir que estoy triste…”
El estomago del alma divide, discierne entre el punto de la aguja, su ojo y el hilo. Sin embargo el niño, perverso, dedal de los avatares y asaltos contra natura, se cose firme a la capa interna, no cede a las arcadas y se atraganta con las garras del potaje de uvas; vomita sobre sí y el nauseabundo espanto que me abunda; este cuerpo del cual deshacerme deshago… Su mano, mi mano, en el esófago no alcanza; no alcanza la garganta del condenado vástago. Es apenas una escuálida traquea cubierta de mucosa resbaladiza imposible de apresar siquiera con los anzuelos de los dedos. Y ríe aberrante con su cráneo calcáreo, afirmado en cada pared, inflamando la laringe… pobre diablo… trepanarlo con las costillas de madre era lo que menos esperaba; con la sangre de su sangre… otra nueva sonrisa bajo las quijadas; la suya y la mía… bastardo.
Hablas de ellas como si las conocieras. Aún no comprendes que son ellas, que han sido ellas y serán ellas…
No te tendrán… ninguna de ellas.
Se lavan para sentarse a la mesa.
Cada una enfrentada a la otra, las cuatro misericordias, dueñas de la invención del sacrificio, desencadenan, desenredan los subterfugios complejos de lo no vivo con quirúrgica precisión cuando la carne rechaza desprenderse de su aliento; simplifican la ecuación al dilema de escoger dónde pujar la perversión sin alterar las costuras originales que la ligan a cada organismo, hasta corromperlo con la pureza que les es característica… dejar cada herida marcada, abierta y limpia para impedir efervezcan a destiempo huevos parásitos que incuben pasiones, uvas y nuevos caldos.
Su disciplina es encomiable. Su apetito, tenebroso.
Aplauden la destreza de esa carne morbosa, cultivada con navajas y estrangulamiento a conciencia de alejarla del infortunio de uno mismo tantas veces se pueda desgarrar las espaldas a golpe, contra golpe y contra los huesos… escuchar el chispazo de los nudillos contra las vértebras y sus flancos… un zumbido seguido de un prolongado y seco estallido hueco que obliga a temblar un quejido lento, tibio e inexpresivo… que no deja de verter carne de este hediondo espíritu cubierto de orina y semen...
Derramadas, dialogan aspaventando sus cuatro brazos desapaciblemente, pero con delicadeza; inmutando sus desabridas bocas ante el espectáculo que se les ofrece como un banquete… te saben cerca…
…¿acaso no se te advirtió no detenerte?.
Nutrida experticia de las hambres. Coronada de pequeñas rosas descoloridas, cubriendo en vano una parte de su rostro totalmente perdido, Miser Eva Absentia observa con atención cada gesto inanimado, flotante, emitido por las otras. Docta en la menor de las artes y primera en aprender a utilizar correctamente los cubiertos durante las comidas, durante las cacerías; durante los juegos, es la responsable de comunicar a las demás las decisiones de la más joven… Enfrentada a sus izquierdas, Miser Eco Iridiscente, la única capaz de atisbar el ojo subyacente en ese velo de nada absoluta que su hermana guarda para devorar, es la entendida como la más benevolente de todas, siendo pues la favorita a la hora de los presentes… su habilidad para hacer cajas con seres vivos, el detallismo finísimo y meticuloso de sus diseños, su criterio y sentido estético resalta la admiración y elogios de sus hermanas, sobre todo llegadas fechas que acontecen regalos de tales naturalezas, que despiertan la emoción y estrépito en la más joven… Miser Obscuro Despótica, la mayor de las cuatro, la incomprendida al decir de Eco y Eva, por ser la que menos males profesa. Viuda y sin un brazo, no aprecia la vida más que las otras. Mantiene el decoro de las sutilezas en su propio pecho… con una sutura del mentón a su vulva; recuerdo de infancia, cuando Miser Eco convenció su inocencia materna, de convertirla junto con la cría que engendraba, en un alhajero musical con una diminuta caja secreta dentro… la pérdida del brazo ocurrió por confusión e ira, la misma fecha en que Miser Eva perdió la mitad de su cara… inquebrantables, fueron masticados por la displicente y juguetona rabia de la más joven… Miser Lirio Caprichosa -cariñosamente llamada Miser Abisal- no lamenta haberla abierto para engullir el engendro de Miser Obscura… no se lamenta puesto que no alcanzó a tragarlo; después de todo no es carnívora… Cómo padecer pues, aquello le es divertido para aligerar la regurgitación del sabor con un tránsito coagulado de una sangre más o menos acuosa que la espuma de su lengua…
Una lluvia floresció del cadaver de la criatura y no acabó hasta lavar el más mínimo vestigio de lo sucedido… el olvido y el recuerdo.
Pálidas, todas salvo la desfigurada, tienen las mismas facciones. Ataviadas con zapatos de marfil negro de taco alto con el interior forrado en piel, todas se hallan en el desequilibrio que una infame e insignificante masa verbal les trae sin más remordimientos ni espanto, que el ser tomada para que las penas de sus hervores supuren y callen.
“¡Duraznos!... ¿Acaso viene?... Sí… ¡Un regalo, un regalo, un regalo!, ¡Mío, mío, mío, mío, mío!...”
[envuelto en una niebla roja…]
El macabro acto de postrar al amor para apuñalarlo con amor.
Lejos de estar consternadas, la atmósfera, envuelta de una arsénica densidad no evitó que los cálidos latigazos sobre la tabla de la mesa, hiciesen saltar las copas asincrónicamente y, a cada nuevo golpe, ascenderlas empujadas por una fuerza inversamente proporcional a la que genera el danzar de un pétalo desprendido del último árbol donde descansó el último buda...
“¡Jamás ponderaré la afrenta que semejante atrocidad supone ante mi sólo ojo!... ¡No es posible llegar hasta aquí con tal solicitud. Es una falta de respeto!... ¡Quiero jugar con él!... ¡Ni siquiera tiene un gramo de masa de la cual hacer un mísero envoltorio!...”
Aquí el silencio se apoderó de cada una… las copas y el líquido desparramado por encima de sus cabezas quedaron inmóviles.
Sabido es que ninguna de ellas resuelve el destino de alguien. Simplemente esbozan, conjeturan sobre los actos. No dictan, ni sentencian; obedecen a su instinto. Operan sin el extravío del engaño.
“Su atención por favor… Un día no hace mucho, al aroma turgente de las estaciones -como la misma cepa del pecho de una mujer- que manaba y se percibía en el aire, un pequeño bebé nacía entre la escarcha y el acero mordido; y no… Pronto , su madre lo arrojaría contra las vías, directo a las fauces del luminoso gusano carroñero de huesos, triturador de almas desesperadas.
Les presento el primer cadáver de la materia. Si después de este, desisten en ver otro, escojan otra disciplina. Esa fue la bienvenida de Miser Mater Forense… y si lo recuerdan, la mujer no escapó. Fue hallada entre el penúltimo y el último vagón del tren. Su cabeza quedó intacta y con las pupilas petrificadas de horror… la mano de su niño se extendía como queriendo salvarla…”
Miser Lirio encantada, reía por lo bajo, contenida; guardaba aquella manecita en un frasquito. Las demás mientras tanto reflexionaban sobre la presencia inesperada…
“¿Y si hubiese que poner coto a los arrebatos con que los hombres resuelven sus diferencias?... Es simple; incendiamos cada pastura, cada parte de aquello que brinde esperanza… ¿Eso acabaría con su espíritu?... No, ciertamente que no… De eso puede encargarse la pequeña, ¿Verdad, Lirio?... Lirio espumosa con macabra caricia hará hendiduras en los hombrecitos sí, sí, sí, la la la la lá… ¿Y qué haremos con este caso?... Es excepcional… Es inaudible… Y late con el deseo de ser afrentado por simples aprendices cuando con la maestría de sus torsiones, traspasó una estaca de lado a lado dejando intacto su corazón… ¡Quiero morder ese corazón!... ¿Cómo hemos podido descuidar nuestra labor dejando que un mortal se abominara producto de un sentimiento hecho a su medida hembra y cadena?... A lo mejor sufre de imbecilidad… Quiero probar su corazón… Quiero que deje de mirarme fijo a lo profundo de mi ojo ausente; me atemoriza. Que deje de mirarme o reviviré cada pulsión de esa mujer en su esencia hasta consumirlo… ¿Por qué se arrastra?... ¿Por qué sonríe?... ¡Quiere jugar!, jí, jí, jí… Quiere curar de esas pasiones; recordar para doler… ¡La… le… la… le… la… le!... La buena predisposición de dejarse -con una sonrisa- al final para ceder el paso… Siempre al final… Me asusta que aún… Aún no… Me siento mareada… Aún no que no he empezado a jugar la maldita bastarda… ¡Miser Lirio!... Hermoso bastardo, bueno… Nada de nada, no me agradan esos modales… ¡No me molestes!... Entonces compórtate… Las costuras me están ahorcando; creo que voy a desmayarme… ¿Cómo apiadarnos de sostener su cabeza si no ha objetado?... ¡No importa, no importa!, desprendámosla de sus restos, desprendámosla, ¿sí, sí, sí?... ¡Hidras!, ¡Obscena!... No haremos nada de eso; ¿si llega a ser contagioso?... ¿Si llega a ser el último de su raza?... Testamentos, este ser no tiene raza; eligió su desolación… No, no, sujetémoslo a la cuestión de hacerle perder lo que le queda súbitamente subido de bocas por las encías, al nidito velorio de sus pajaritos; o si no, si se prefiere, maniatarlo con fuerza hasta cortarle la circulación para darle propicio color de ciruelas, pero no su sabor... Un corazón sin hombre no es un entretenimiento lúdico… Súmese a este laberinto el amor cuando no deja de ser y estrangula entre lágrimas secas recogidas con los dedos en la mejilla… No me hace ninguna gracia y lo sabes… Y entonces, ¿qué haremos?... Le sonreiremos por darnos y quitarnos ese pedazo de muerte y de vida que para nadie más seremos... ¿Entonces somos parte de su juego?... Cuando hay un sentimiento de rechazo hacia uno; uno, no puede precaver sentir que ese alguien lo odia… ¿Convertirse en ese amor intacto para aborrecerse?... Exacto…”
Mudas de nuevo ante el delicioso flagelo que se atrevía a tallar con espeluznante exquisitez que la hermosura del patio de un primer piso -pensando en el vértigo de los escalones más altos- se aprecia envidiable desde la baranda de un sexto una noche cualquiera -no el piso- para una caída libre entre las polutas de un inacabado cigarrillo... “Con suerte parte de su cabeza podría quedar dentro del macetón...”
Es lo que estás pensando. “Ojos de araña… Hiela mucho, pero huele a miel, rocío y jacintos; no debiera no más que oler a moscas… Atrapadas en la tela… ¡Tengo miedo!... No está sano aquí como para acobardarse… No, no es cobardía; halló algo más efectivo e inagotable… Evo… Además, para que la cabeza quede perfectamente situada en el macetón, deberán tomarse en cuenta las corrientes, la resistencia del peso en el aire y la aceleración... ¡A lo mejor rebotaría!... De todas formas su mente está abierta… ¡Me está doliendo!... Duela… ¡Duele mucho!, ¡Haz que se detenga!... No puedo; ninguna puede… ¿Ni siquiera?... Tampoco… No puede haber algo peor… El hachazo hiriente de su afilada caricia maleficio... ¿Desde cuándo te permites pensar de ese modo?, ¿De verás crees eso?; de todo esto, lo más espinal y crucificado, es nada de lo que hemos hablado, salvo considerar que hay un límite descarnado para salir ileso…”
Te están mirando como a una llave, y se te advirtió que no te detuvieras.
“¿Te ha satisfecho hasta aquí el recorrido?... ¿No tienes ganas de seguir jugando?... ¿Te sientes con energías para dar ese último paso?... ¡Volverás arriba, volverás arriba, volverás arriba, volverás arriba!... ¿Crees que hasta aquí, has enfrentado lo peor?... El último peldaño… ¡Subirás, subirás, subirás!, ¡Cómo un angelito subirás!... ¿Pese a todo sigues sin creer?... No diremos entonces más de lo que su espíritu miserere desgarra por sobre ti como un obsequio, para abrazarte con su plegaria y que esta no te amamante desmembrada con la ternura de sus acordes, de nosotras…”
[…aún no me he perdonado]




Kurofuku: (Jap.) Traje negro; ropas de luto.
Sperma: Del griego σπερμα (sperma, “semilla”).
Evo: (Teol.) Duración de las cosas eternas. // (Poét.) Duración de tiempo interminable.

10.5.08

semilla

¿Cuán desierto sientes tu cuerpo cuando no estoy cerca?, preguntó recorriendo su hombro en forma ascendente dando pequeños pasos con sus dedos índice y mayor de la mano derecha.

El universo de un muslo que tiembla involuntario.
Negro corazón sandía en semillar de cosmos vela por el lado más frágil de la hostilidad.
[su sacro florecido; contenido por el estrangulamiento de sus manos]
Mientras corra como agüita de piedra a la boca cielo de su passiflor anatomía, beso líquido que aterciopelado precipite de su sueño, habrá esperanza…
…fixed karma in the transition of a pearl to become a pearl.
A lemon for a buddha.
A dream for a tree.
(continue)
Mermelade.

El porvenir de un autor insolente.
[6 am]
Amor,
Cuando a un hombre tocas su corazón a esas horas desorientadas;
ese amor que no sabías amor, Amor,
está que se engulle para emerger en un amor de esos, Amor,
que sin querer nos convierte en algo más y a uno de los dos,
en mujer.
[6am]
El devenir de la insolencia con autor.

En el octavo anillo de su pasión reposarle como una esquina de nidos epífitas.
celestial, en su garganta la cicatriz de mi beso; bajo mis labios la cicatriz de su seno, me besa.

Si ya supieras se me jicanizó tartamudo joaquinito corazón-madriguera entre los dientes de las agujas de un tásoyendo revuelto en preguntas infantes, chavelas, en tanto ladelapellido parrandea a esponsalías de selene pos sabuasea no como consecuencia, sino por adelanto de los giros de las manecillas del reloj que no quiere tenderle el tiempo a ningún nadie.
…así termina de escribir con la letra que comienza.

Periespanzar de notorias notaciones muustrañas en la percusiva idiosincrasia de un pequeñito ser que será pequeñito libro cuando ser árbol quisiera ser de alba chorisia hijo y madre de un vientre concebido en las manos tibias sobre una cadera que da pataditas con él adentro…

Detritorio bosquejido de un monigote sin su media naranja para ser mostacho.
Idealisias para grieguita degustadora con aires de alas retraídas, protegiendo el núcleo de su misma tierra hecha sangre, bajo promesa vocablo de asteroidea esencial figura de colorear sonrisas so pena de ser devorado en la ira de sus ojitos acompasada con la melodía de un organito ciego al que orguguita hace girar su manivela con todas y cada una de sus patipieses, salvo las dos con que se apoya que hacen las veces de manos.
Un crayón puede ser la quintaesencia del mamarracho para el más adiestrado de los impresionistas… si no es impresionable, no es alguien a quien la lluvia le sea algo tan personal como para llevarla dentro de un bolsillo dejando de cuando en cuando asome su nariz con la marsupial curiosidad de un juego.
Si hace fuerza, mucha fuerza, un día la lluvia puede desnudarse y transformarse en la quintaesencia de un oriente, prendado en las purezas de una mujer tallada en las mudas de esa misma mujer que abriga sus dedos de lluvia dentro del bolsillo del diestro despistado que camina dejando pasos de crayón y primavera mientras se impregna de un perfume piel.
[despertar de un rocío otoñal en el tercer círculo del segundo terceto en tres a un año de un querer cadáver]
[cuando el amor huele a un distar extranjero, permaneces medular a la espera de un final feliz]
[pero nunca permaneces cerca]

Sólo entonces la mano del despistado encuentra la lluvia…

Oblóngase el espacio cerrado en el que nos hallamos. Contiene el jugo de tus respiraciones; sopla hacia adentro las gotas de tus dedos. Vomita hielo (bien picado para que astille mejor las lágrimas aún no nacidas en los ojos). Espárcelas para que crezcan; todas y cada una de tus lloviznas.
Espero fantasmas, jinetes incorpóreos dios sabe hasta dónde en carne merecidos.
Flagelado busca palomas… es el más mediocre de los escapistas, pero no se lamenta.
Recapita a la alma malhablada con champagne y fresas salvajes.
[my memory still hurts]
[but I can not say wheter is you, or you]
[...the other in me]
[inside the word]
[inside]
[next to you]
[a un lado]
[fuera de mi]
[y tú…]
Halos de piel y seducción entretejidos, volubles, trasvasables; la fugacidad de su nombre errado al roce intempestuoso del más firme de sus pétalos contra el temblor de mis noches.
[precipitarme en el tropiezo, tropezar y dejarme caer]
[regresa a mi; ella… y la otra ella que hay en mi]

Cuando acabes por drenarte, déjate ahogar.

No desperdiciar el juego de las pasiones, intensifica el extremo del que la muerte pende y con el que esta se contenta.
[ámbar gótico de un beso erigido en las bocas infusas de una cópula que no ha sido]
[el arquitecto de tal graciosa deidad se ha suicidado]
Aquí, el intrincado diseño conviértese en un aparejo que, a los manjares de un queteduermo de músicas sordas, el murmullo de un quienteduerme te hace parpacodear para que no respires… y tampoco te ahogues.

Standarupatea que lo que kilos será de será por ser lo que jamás nunca pero de los nunca jamases bajo ninguna opción sobre ninguna posibilidad y todas toditas todolentas y teodoras caben cupen pican y salivan como aguijón mojado en la miel boca de un remitente con tirabuzón siembrilla de tu corazoncita danzarina con bermejos pasos entre vestidos melocotones de una dulzura abierta y parpadeante sin apetito ni puntuación sígnica alguna habrá que puedas imaginar entre bombillas y bombachudas lunas hombreando, codo menguante, machonas mechones de orejas que murumutean… apodado en el surco del dolor vive en la penumbra de un gusano o un centavo escarabajo, escarba arriba, es cara bacio, querida beso rostro... algo más bello que la risa de una mujer esa a esa mujer riendo… la cancioncita de un recuerdo… que no soy arbolito de corcho, digo rata rata o gagueísmo. teñú songonolienza et´ún cardinal pañuelo amor… pececitos con pito no mojan la cama… buo búho buostezo juego ton ton ton torrón videncia papalera en mayor rodando rodán ramona interrogación sientetícese y rode… así murmurutaba el abominable niño´e las paredes, hombrecito mezcla de tejón jetoncito y zorro capacible de recorrer largas distancias despantalofonado en persecución de dos pájaros barbudos y una pequeña niña mariposa.
Cada quien con su propia abominación, en las lenguas que mejor le vistan a su color…
[estabas ahí, pero... ¿dónde estaba mi sonrisa?]
These image of love that has only your name.
[como decir que nunca soplará en sus pétalos el rocío, el aliento de un amante; que nunca le han de hacer el amor inesperadamente... y con amor]
Reamanecer en...
Un cuento que se esgrime cuando hubo un había una vez…
-Me hambre mucho el seno de tus ojos, las leches de tu boca, la piel de tus jugos. Atame a nuditos para que me acuerde; licántropo de los hachazos asidos en mi lomo. Caperucita...-
[broken flower]
Para no lastimarte húndome contra las piedras de mis partes blandas.
[but I can help hurt you anyway; I can not protect you from myself… go away… please… run!...]
[why you stay?]
[why you kiss me with a smile?]
[forgive me…]

Errante puñalero, pañalero, tobillito ancho, pasito chueco... de lobas estepas, se alza, se aferra, se retrae, se impulsa y se yergue con el madmoiseilleismo de las magdalenas, las violetas y las remembranzas paquidérmicas de los noolvidos.
-Te desderezo, te descerezo… te tamo…-
[green grass kiss es un gran ósculo con pesto]
-…sí; podría matarte prensando tu garganta hasta romperla como un pétalo crocante... eso... o una frasecita fresa...-
Sabemos que una hoja y el mar no dejan cuenta en costura pendiente. Tampoco es que se suspenden o caen... palpitan.
Por eso quiero un rompecabezas de dios; para poder romper la última pieza.
[podrás decir que soy un demonio escribiendo, tan sólo porque pensamos lo mismo]

Amor cerda perro cepillada de diablo y el circulito consternado que se revuelve patito hepático y nervioso por al caída de cabello.
No busques razones para no entender. Busca tus razones para explicarte. Sólo entonces si no entiendes, estará bien...
Peor que ir de la mano con alguien por la mente de uno, es ir uno perdido dentro de su mente.
[el desorden que tu razón padece, tu corazón lo cura]

[la biblie du sepuku]
Scarecrow, fear away these fears of mine... comen las flores de los niños no nacidos.
Camuesa, camarada de hogueras y dedales; los dedos de mi sangre y mi sangre... arómanse en un coito de tabaco y hierro.
Romance.
Que la mortalidad se rinda dulce en el tibio pecho de tu boca de lengua humedecido, con mi penacho entre tus dientes de lágrimas carnosas.
Cual terrón con manojos de ojitos en la fruta... abrazar tus sabores.
[la vida es un compendio de restos de los ahoras]
La miel y la ceniza se esculpen borrachas la una a la otra, salivándose con sus virtudes, hubiesen sido más carneras que diablos… y simplemente se padecen como la mordaza de una orgía.
Gozan.
Se lamen hasta rebanarse enterradas desde el vientre.
Ninguna se atreve…
Ejercita el soplo de tus caprichos conmigo, antes que sobrevenga lo que el amor llama por nuestros nombres.
[y se despida en una última función de la piel]
[he stops the world and cry]
…can you blame her?.
Y abrió su sonrisa de lado a lado, desde una comisura por el borde del labio inferior, hasta la otra. Nunca su lengua supo tanto a un poema… la sangre abrazaba su mentón rodeándole; se derramaba sobre sí mismo.
El día acaba literalmente con la crudeza de los sexos y, nace en un minuto, un minuto como un muérdago de fuego como un labio sin censura al contacto de un tibio y único copo de primitivo invierno; tegumento desnudo con el cual pintar los hilos de tus heridas para disimularlos en mis manos de cenizas hundidas en la miel de mi propio vientre.
Con el rostro enrojecido, brindaré por lo que ignoras e intuyes sobre lo que no sé que sabes y comprendes, permitiendo haga de mi vida, mi vida tu presente… tu espantapájaros.
[para entonces no habrá nombre por el cual llamarlo]
[no habrá niños]
Y llorarán las flores hambrientas.
[la aberración de una mordida adaptable a la gangrena que más efectiva, apague al apetito de sus sonrisas]

despertar con la noticia de muerte… que se torne parte de la mía… recordarte la última vez en un vagón de tren y saberte madre de una niña… creer que es broma y no… desplomarme como un capullo que hace de su florecer una contracción que licua los latidos por la boca del estómago… y recordar el puente; el temor de la herencia con guadaña… tu miedo… tu niña…
la carta, sabes, tal vez no la recuerdes; nunca llegaste a tenerla… fue escrita durante un renacer, no viene a mi memoria cuál… el remitente es un sello críptico en el que se encierra tu nombre… se suponía que fueses tu la llave que lo abriese, pero… ahora y entonces… esto… haré el ritual lo mejor que pueda para que aquí te quedes cada vez que alguien te lea, te circunde; te viva… abriré la carta por uno de los lados; la cortaré despacio pero con la suficiente fuerza para que las lenguas del papiro crepiten apaciguándose en la sangre… acabo de transitar por tus poemas mientras deslizaba las hojas cuidadosamente plegadas… en unas -como si lo hubiese presagiado- yacen los días que leeré para mis adentros… poemas que de ti, por ti… tonto de mi nunca te hice llegar… en la última de las hojas…
te la leeré…
hace ocho años y con licencias para cuidarte hasta de mi mismo…


[Querida dama de cristal,
De todos a los que se los he dicho, creo es este el más elocuente.
Bienvenida. ¿Te sorprende?. También a mi, pero me alegra. Esa es la sonrisa que lo inesperado nos brinda con asombro y, verifica que no estaba equivocado; hoy también es tu cumpleaños.
Sé que dificulta las presencias el hecho de que las fechas de ambos estén tan próximas, sin embargo espero que estés leyendo este pedacito de presente; caso contrario, que seas tu el regalo de tus afectos, amistades y conocidos. Es posible que te sigas sonriendo, lo que es una reacción natural y espontánea; de acuerdo no pondré el asunto bajo el microscopio. La risa es risa desde que la inventaron los serios pensando que con ello recocerían a los insensatos y mentirosos; pero ya ves. La risa es risa desde que nace un beso en una mejilla o cae una tonada amorosa en el oído de una primavera cualquiera sea la estación, cualquiera sea el destino al que su corazón eligió hallarse.
Difícil es asociar a la mujer que eres, con la joven de escuela secundaria. Diría que eres la misma, pero eso restaría mérito propio a tí, a tus experiencias, a que eres hermosa al eje del vórtice de lo irreconocible; mirarte y enrojecer como cuando tenía trece años…
Esto quiero compartir y festejar; el cambio. El mío y el de los demás. El que en mi cada uno de ustedes ha producido… y el que te toca a ti en particular.
De este hombre, acepta las gracias.
Para concluir he aquí un humilde asombro que guardaba para una ocasión como esta. Los senderos de un no tan extenso recorrido de jardines y poemas que espero disfrutes.
Por lo pronto nada más.
Gracias por venir y, si no pudiste estar hoy aquí; gracias por estar en mis sentidos… más allá de ellos.
Besos.]

leerte ahora que una noche, la misma noche te llevó en un interrumpido parpadeo y sueño, detienen las pasiones, reviven… quiero creer… sé que no eres un fantasma… aunque la niña lloré mordiendo flores y devorando lágrimas… que no le duela… que no te duela el que sienta tu ausencia… que sabe no eres un fantasma… que no temas por su herencia… que lleva en ella de ti lo mejor… que no eres la única que nos recuerda… que habrá días en los que llegue el día… y nos abriguemos en el otro… nos veremos de nuevo.
y entonces pueda hacer mano de tus manos; para darte los poemas…


Regordetas caerán las gotas en las saciadas hambres de un amor roto; y del que un amor ha nacido.
[la lengua que mejor se adapte a la profundidad de la herida]

Poesita;
Hace seis infiernos que nos habemos perdido mientras busco joven calabaza con negro corazón sandía bordado con gotitas a tono, pero que sé no la estoy buscando.
Tengo la esperanza de una boca flor que pide arado y pide dame.
En todo lo demás, tenías razón. Sí; en lo que estabas equivocada también.

Te pozo para que no creas que desquererte te entre pañuelos y rellenos de ti germinados, de ti en terrazas y suspendidos en mis arenas, despacio harás que mi nariz te bese la cachete de tu caricia mejilla, el miedo de desterrarse para sentirse parte de todo; todo lo que eres y fuiste que no serás en mi.
Al paso de los dedos de mis manos, iré.
Poesita, dormilonente almohadiablesa, cuida de él, pero no te apresures. Déjalo ahí con sus pasiones de sueños sandías en las preguntas que recorren su hombro con el cosmos del que no es su ombligo… que duerma.
Cuando desperezarse tenga qué -como todo corazón- entonces por sí solo florecerá.


…y/o en el sueño de alguna calabaza damicela.

19.1.08

*

Sorbevivirás a panopla de sentires cuajaditos, cuadraditos, esmaltados… mas nunca con esos últimos tres puntos suspensativos… a menos que vivas como respiran las sombrillas sol adentro, sol afuera.
Supo cómo no pedirle que la mantuviese despierta durante tres meses corridos, y creó para su deleite, una criatura capaz de cantar como el mismísimo diablo, cosa que a este último le hacía ninguna gracia a la hora de la ducha.
[mudedicia; en su boca el cristo]
Y así, le escuchó narrar su historia tantas veces que, ninguna de ellas fue igual a la anterior…
[walking the blues]
I deeply fell in love three times in my whole life.
Two of those three times, of the same woman...
[maninabox]
-¿Qués una manina bocs?…- interruptiblemente cuestionaba y… -¡Otra!...-
Inaudible, un amor que se supo hacer sin el atisbo de celos quedose sin dos amantes. Mordido, se desguasa a improperios por propia voluntad contra sus captores; los mismos que le dejaron libre… a quienes pueden sentirse enjaulados y sofocados de aire ante tanto amor y libertad.
Por mucho que grite e intentes calmarlo, no te oirá.
¿Cómo expresas aquello que voz no tiene?. ¿Con qué matiz?.
…¿de qué color es el dolor?.
[concebir la hermosura que pocos imaginan donde muchos creen que no la hay]
-¡Color almendra de mazapán!, ¿Y quién se comió al amor al final?...- una hermosura… -¡Otra!...-
Cálida venía andando. Tan dócil, tan modosita, tan… Siete centímetros de taco aguja y ni un dedo sobre el suelo.
Se deslizaba.
[silla de ruedas; muletita de no uses al corazón]
-¿El corazón se va a poner bien?, ¿Se reff-di ó como yo la semana pasada?... ¿Andaba en patines?...- y antes de que puedas adiestrarte en tiempo y form… -¡Otra!...-
Una vez una, una cara querida avecilla resolvió cordialemente expresarse bruticial (halagando suprarrepticia) a un albo diablo, alaridando homónimos tubérculos humanoides castañeándole sus castas pelambres que, no menos amenodazadas cun la sutilista gramática herbótica de hacerle querer estarlo cerca sin más motivos no ocultos que ele el que toda pajarita poesionada por apasiones sin aes edgardas, alega alga apichonada en un instante disto dito, pero bien, bien al ladito de uno, de sí o de sú, donde las palabras -contenedoras de lo no dicho- se encienden con su solo nombre embebido de velos, aferradas a un brazo sólo para sentirnos ahí, prendados a ella…
"Eeeeyyy.. Perdidoo .. Komo andaz pueee!! isto no puede faltar o zi? Tengo ke enkontrar maz palavras.. azi ai maz herrorez.. O orrorez?
Andes bien.. Y por las dudas.. Linda Navidad..!! =)
Puedo zeguir aziendolo?
Vezoteee!!"

[instintivamente la boca de cualquier interlocutor adopta la frescura inmadura de una contracción de título]
…terisco un mord de arrojo al diente azafranado.
[así tórnanse rojos los diablos albos tras recibir una vez una, la nota de amenaza de una cara querida avecilla indomesticable]
[indomasticable, indomasdigable, indomandrilcable, indoormástilcabe; do it cableman, drill in… monocarril hindú]
Aquí, se solicita repitancia y repique de escalas necesarias para subir de nuevo a la cama o, lo que es igual; palma peldaño bajo pie con empujoncito ayuda para levitar el culete hasta dar de narices sonrisantes a la almohada… la elementalancia del cuarto de baño.
-¡Habla como yo la nena esa!.- confirmaba reacomodándose dentro de las sábanas… -Parecida a mamá también, pero que mamá no escuche, no le digas… Casi me hago encima, papi, pero me aguanté hasta que entré al baño… después me lavé… Ya soy grande… pero la canilla del agua quedó abierta porque después que la abrí no pude cerrarla porque tenía las manos mojadas y me resbalaban…- debiera mencionar el autor que, el cuentista quedose dormido (encendido el sueño) a medio metro del hacerle querer estarlo cerca, despertando con la primera exclamación o repitancia de la criatura, paradita junto a él mientras cómodamente se hurgaba el ombligo, esperando el momento oportuno para periplopearle su nocturna travesía… -¡Otra!...-
…me educo para que tú te corrijas.

[el mar y la victoria]
Explicó una vez la luna el por qué de la abundancia de océanos a los ríos, remitiéndose a otra cosa, casi como quién habla de cacerolas para enseñar a hacer sombreros.
“Mar, dos puntos… Exceso por desenfreno de un pedacito de agua al que llamaremos gota, salvo, cuando esta se extraiga a sí misma de una comisura ojo. Entonces la llamaremos con pañuelo para consolarla, junto con la yema de un índice o pulgar (este último si es ajeno, tanto mejor para las fresas) al que se acercará para abrigarla (sobre todo los pulgares tienen buenas extremidades para estrechar a alguien en ellas por muy húmedo o mojado que ese alguien esté) con palabras como:
Triste… triste… triste estarás, dejándote estar en brazos tres veces tigres sueñen sillas y cipreses vicentes...
Recurrente se escurre, licua o cuela. De ahí se extrae a saltos la sal que se utiliza para la siembra de la cual florecerá la vida. Pero cuidado, la agua tambián paada anvananar... o ananar, no se sabe con claridad si lo hace por vía frutal o en latas de conserva edulcoradas.”
Así el río explicó la abundancia de los océanos a Victoria, quien alegre, se llevó con ella un pedacito de agua al que llamaremos gota.
Todo lo demás, es parte del recuerdo que el mar tuvo al hablar con el sol, sobre la única vez que vio llorar a la luna…
[gibraltar]
Shhh… con el juego de un hermano menor, menos malhumorado que habla de uno como si uno mismo se conociese, se quedó mirándola dormir como tres dedos así, marcando cuatro para asentar una edad innumerable al murmurar dormida… Soy grande… rememoró con qué sofisticada maniobra la hizo doler hasta dolerse él mismo… transitó en su memoria el murmullo de un miedo tontamente provocado; con justicia sentido; con amor desolado… y regresó a ese nudo que desde adentro estrangula su laringe, a esa voz que le vibra como un latido reseco, lento, pesado... un ser inacabado no alcanza a comprender la magnitud del desequilibrio que supone en alguien, el desgarro que abrir su mente supone; no considera lo bueno o malo con valoración, sino con equidad… sí comprende sin embargo que el arbitrio de la interpretación puede traicionar y oscurecer el alma hasta romper lo reparable; hasta hacer del silencio, distancia; del orgullo, miedo; de la rabia, olvido; del sufrimiento, gusto; del vacío, pérdida… de ti... -Mmm... mm…- La manecita abierta sobre la rodilla. En los adultos ojos de luna, movíanse hilitos de agua. Interrumpido por tan menuda gracia; encerrado, sin aire… se sintió libre. Despojado, se dejó perder. En un parpadeo de la niña se encontró a sí mismo, al otro lado de la cama, cantando como el mismísimo diablo, con una ternura que a él mismo le era inusitada… disfrutaba sin remordimientos.
De ti… amor.
Ya no se explicaría en los ascensos o partidas que acaban con el deseo; para eso hay ascensores o quienes gustan de partirse en pedazos.
Tantas veces narró su historia, que nunca ninguna fue idéntica a la anterior.
Eso lo sabía bien; sólo que era la primera vez que se escuchaba a sí mismo contándola.
Y si me contradigo no es para que comprendas; es sólo para confundir tu ignorancia… no sabe bien por qué se sonrío al confiarse esto. Algo es seguro -y esto es para el título en la boca de la tuya- no iba dirigido a la pequeña…
Sobremorirás a manoplas de sinsentires macerados, redonditos, naturales… mas siempre con esos últimos tres puntos suspensativos… a más que mueras como asfixian las bombillas noche fuera, noche dentro.

6.1.08

fonemas

teatro negro en fuga a las puertas de una silente cadencia
de un amor asida, cosida a las manos ajenas
de un otroamor en el lugar donde lo singular encuentra ausencia y sentido
crisálido que se retuerce, llora, cae, se encapricha
espinal y espiralado un pedacito de dolor no ya tan dolido
hacia adentro desde las resoplidas puntas de lanzas huecas
donde boquita en biombo de besos sin ánimos de inflar, contiene la herida
entintada resume frunciendo los labios
el sentir de un ser botón flor descosido y en el tercero de sus ojitos alcanza a percatarse que
no estamos solos
en colmados senos masculinos, cuando nos hallamos abrazados, tibios, fuera, en ellos
mordidos al aroma de un roce lingual, entremés bajo el cual se es obediente, se es sueño
hay un contrahombre pasiflora, hermoso, ajustado en las caderas
con la seducción de sus zarcillos perlados, voluptuoso y viril en sus carnosos pétalos
despierta tierno, con la turgente musicalidad frutal de sus caricias corruptas e impasibles
un acto primero -sangre y perversión; sustitución de roles; dominio, dominador y dominado-
para retener al amor y al sexo de las muñecas, los tobillos y acabarlo en una venganza dulce
criminal, cuando uno es el crimen que la corrompe; el filo que la penetra sin cortarla
cuando nos hallamos ya fuera de un otro,
tiembla de frío el mismo fuego
no estamos solos, vacíos, pero la sensación quema
no estamos a la vez que algo se ahoga y no;
estamos solos
en un singularyqué que se resume sin ti, se resuelve sin posesiones
reducir el dilema sienta bien
a la salina solución omitir la dinámica del hombre
alcanzar un estado base de un solo individuo es un error mutilado, pero
(no un ser, no)
no es egoísta; eso el hombre no lo sabe
es idiota tantas veces quiera ignorarlo
tantas veces quieras desconocerlo
jugar
es en ocasiones el más lúdico de sus propios engaños
cocerse el existencialismo para las gastronómicas ínfulas del todoglotón durante tres minutos
ser para un otro algo más que uno, ser para un otro nada
apetito y pizca de eso que nos trasciende, es parte del vacío
descúbrete ante ti; enfrenta a tu contraparte y formúlate como tu propia pregunta
algunas respuestas no están sujetas a nuestros dominios
en el lugar debido o en las más bellas de las criaturas
confía;
que también puedes perderte en la piel de sus vocales
no esperes ver sólo porque has cambiado,
marchitar
aquello que sabías
entre los bífidos pilares sentirás
un día detenerse las corrientes
llegará hastaentonces
y no la olvidarás
no la olvides,
no; por ahora sigue latiendo
(respira…)
(…la)

21.12.07

sumo roulette geisha

pajarito.
Inconcluso sí sí sí si por esos pasos tropiezos denodada de nada dados a nado a ruedo a fronda fruta en pecho lecho lácteo lamido mido rendido ido ganado des cobijo lana arrullo a un cuello fino cogotito frágil perfil arista crítica crota aristocrática cristo temo flor loas olas alas desierto salmo musgo postre rodillas roedor rojo pelaje abrigo desnuda dubita invita confitada palatina bañada ojos rojos ojos rojos ojos rojos ojos rojos ojos rojos ojos rojos ojos rojos ojos rojos ojos rojos ojos rojos ojos rojos ojos rojos ojos rojos ojos rojos ojos rojos ojos rojos ojos rojos ojos rojos.
ropaje.
El colmillo y crudo hedor de la mentira, una mujer y su culo, ensortijado en los estiletes humos de un cigarro taco, yodada sonrisa, libertad esquinera que se refleja en la concavidad de una cuchara muerta, inerte, de lado amor, de lado a lado, contigua a deditos de pie leyendo al empeine de las hebillas y la envidia de una presencia prêt a porter.
Cual virgen, habla con él desde la oreja.
El andar de un señor sobre las aguas.
Las lluvias en cualquier superficie blanda son los pasos de dios.
La lluvia procedente de tus superficies blandas -improcedentes cerezas de senos cultivos a beso y músculo dentado brioso de leches ebrias y frescos borbotones de salino respirar de nariz que la propia nariz inspira- me es sin paraguas.
(sombra de una pieza nunca pintada; nunca inconclusa)
El espectro del ingenio-padre desprendido de una cabalgata que al escondrijo de un árbol artificial me ocultas…
…no así tus cenicientas.
(océanos en tu falda que no alcanzan para mover las mareas del náufrago ingeniero en fantasmales barquitos de papel)
(ballenitas de astillas)
No me digas la verdad que no muerda ni pueda decirme solo.
pinoccio.
E ingresa el primer milagro.
Un hombre preñado a la costilla impura de un dios diablo, evolucionista.
Ocho meses.
El segundo milagro se pacienta sonriente.
Divinidad india nace malformada, la humanizan gratuitamente. Los restos no humanos serán enviados a laboratorios o dados a los perros de los basurales como carroña.
Mesita de quirófano-dios en la que el hombre lo creo para no excusarse ante los hombres.
(santa closes)
(hemenéutica sajona)
(mercadeo)
Creo en papadiós.
Creo que no goza de muy buena salud, eso es todo.
Gime.
Le duele que no le sean.
A veces es un niño.
[apotémica testarudez peninsular]
Totémica pajarita; desprende el audible perfume de tus cuerdas mientras el cielo se bebe de pétalos y luciérnagas.
Giran, orbitan, ruedan. Extraviados.
No bailan.
(azar)
(tarántulas)
Sin el mes de su nombre, serías penacho, plumero… madama… polenta.
Un bollito…
-Señor, si contiene la tos así le saldrán cada vez más pesadas y punzantes las lágrimas.- consoló desde su medio metro, el más inesperado de los galenos.
(palmadas)
(abrigo)
(ramitas)
nido.

18.12.07

osario

Enconado egoísmo gentil, mutila acodado tras las gargantas de la una y única anginada sola puerta de las eras con barbillas de hierro, a las hilanderas de un estómago espanto sangre, hidra, perdido entre la materia creada por un dios y aquella a la que otro dios diviniza.
En un ojo engarzado en la gema semilla de un fruto enterrado bajo colchón de huesos y arados de lluvia bebidos sumerge las manos rompiendo sus propios cosidos hasta extraerlos acorralados como caricias furtivas de intempestuoso proceder y boca a la que lame descorrido de ropas un suculento pezón entintado de orillas firmes y salivado su entorno piel reacciona perspira al respirar con la lengua erecto cual pequeño pene con los dedos se desborda sucumbe hasta quebrarse en los confines del ocaso de unos muslos detenidos y se detiene porque no quiere detenerse porque ama a un centímetro más y de haberse detenido hubiera quedado intacto ninguno habría amado si no se hubiesen roto en el estado donde rige el imperio de todo lo que no es él y es ella de lo que era él y es ella el jarabe de unos celos lágrima amenaza tentado al dolor y al miedo perspicaz del ser.
¿Dejar de ser?...
Cuando deje de amarte.
(y ocurra lo que no temo)
Sin una flora flor para una primavera los espantos cargan a gusto en sus conciencias con esa sonrisa cadavérica del devenir de las encarnaciones, latidos de piedra en la carne de las piedras de los capullos cosechados, para quienes así los prefieran.
La mordedura de un capullo cimbra de pánico los corazones débiles. No los mata si no es por placer. Eso los hace invaluables, hermosos, únicos.
Para ellos -espectros- que no adolecen de tamaña falta de virtud, malear barro mojado de entre sus cuencas y sembrar cabizbajos rastros de sinalegrías padecidas, les atarea con regocijo.
¿Creías que es doloroso el eclosionar de las alas de un ser que no se supone sea alado?...
Imagina entonces la belleza de ese dolor al brotarle solo una...
(ahora, imagínala quebrada)
Cada uno a su debido tiempo se convertirá en cordel de su propia hilandera; estómago, sangre e hidra; crecerá dentro de las mil piedras corazón de un dios inaccesible a un dios que lo materializará hasta destruirlo con el florecer de su entierro en las sombras del amanecer de una semilla sin amor, sin padres; sin miedo… sin… sin…
(…ti)
…con.
A cada ojo enterrado; un guiño y un besito.

4.12.07

inconclusa

Cálida por la noche duerme en el brazo izquierdo de mis sueños.
La trama oculta de un bordado de requiebros entre las espaldas de una piel rota.
[santuario]
Con ella renacer, morir y volverme un kodama...
Semilla.
...despertar si ella es el alba.
Húmeda de inviernos, empapada en vinos de medianoche sobre el torrente de su espalda miel, en su piel vermelha de perfumes tersos, exactos, de pasivas floras sacras; ¿cómo no sumirse en las deidades de una mujer que así, violadora, boca abajo, indefensa, es quien seduce mis criaturas, permite quedarme entre sus sábanas y dormita hecha poema en el hombro de un rezongo, un torpe corazón que tropieza tantas veces un pasito sentado en escalón, esperando -insuflado de mejillas magdalenas- los berrinches de su amor en agolpados intentos por aprender a caminar.
Una gotita de furia, para que un hombre llueva y le duela.
Sólo hace falta eso.
Un hombre menos hombre y ni tan poco, que la rabie con la ternura de esos senos cómplices de labio y pulgares lenguas, de caderas rusas, devoradoras de hombres; de su ser reflejado en el apetito inagotable de sus ojos... hallarme en ellos.
De ser devorado a voluntad.
...de no volver a morir como lo hacía en su vientre.
Perderla sin que sufra, duele.
[hierba]
Pocas cosas sé y, te preguntarás qué cosas.
¿Cómo no amar a alguien así?. A ella, a quien no quieres serle pasado sin saberla… que no quieres ser sin ella… que sientes que ya es tarde… y es tarde.
[por mucho que esa noche sea la culminación de un rocío eterno]
Que cuando el miedo desborda inmenso de amor, invocarla me hace sentir menos solo...
¿Cómo no amar entonces a quien así nos ha amado?.
Sin temerle a los sentimientos de uno por mucho que uno sienta miedo de sí mismo.
Sé que hicimos el amor.
Sé que hicimos perlas del corazón del otro.
Sé que nos hicimos bien y mal.

[amor]
Nos fuimos…
…y aún es una sonrisa ante las muchas cosas que no sé.
En mi… ella es.

[podría obligarme orgullosamente a lo contrario]
pero en mi… ella es.
No quise perdernos…
[convertirme en hierba]
...hubiese sido más humano.
convertirme en hierba…

[por ella, soy un mejor hombre]
…y que su mano me siguiese acariciando.
Piccola diabolica;
Hold your finger into my hand...
(en la nariz más pequeña del mundo)
Por una piedra que se enroscó al tobillo de su ingenio, fúrica de celosía acorbató la taza hasta palidecer su té negro; cieguito hebroso tanto más liviano que el alma, desalmado, diente de plata violeta, pañuelo, pétalos y un tallo quebrado.
[lavanda]
En sus piernas nace el inicio de un pasado, un río y un hijo.
En punto doce una cachara espera mientras un grano de caña cuenta remolinos, se convierte en burbuja.
Quiero estrellar mi oreja contra las partes blandas de tu ombligo...
...y que lo demás se contraiga.
Petite diabolique;
Deseo entre estas palabras y las lágrimas que las acompañan, que crezcas y seas.
De este traspié de olvido se ovillará tu memoria.
Tal vez nunca sepas de él.
[sabrás de las cenizas sólo como un soplo vagabundo]
Si hubo una mujer a la que amé, pequeña diabólica...
se me hacen los ojos lluvia; disculpa.
[espero estés andando ya en los albores de explorar sobre tus piececitos]



kodama: espíritu de árbol. / bola pequeña o pequeño espíritu.

3.12.07

pequeño cuadro de escena de amor en rebeldía

Lento, acercándose -dedo índice estirado- para pasar a través del medio corazón del asa de la taza que reposaba sobre un florido mantel de amapolas negras. Mesurando cada desplazamiento, cada centímetro que avanzaba, parecía hacerlo reptando; despacio como un suspiro, sin pausa, apacible, se deslizaba sin prisa.
Cual misterio escondido, enigmática, ella no había sentido su presencia. De espaldas, no reparó en la sombra grave, ingrávida, que alcanzó su hombro. Estaba concentrada en una novela negra de un autor francés de poca monta. La historia parecía centrarse en una vivaz damisela con piel de cordero que gustaba de asesinar a sus víctimas luego de hacerles el amor y despojarlas de él. Para ser una novela mediocre, resultaba atrapante su lectura. Estaba llegando a la encrucijada de la narración cuando entre las claves, las pistas y los cavernosos perfumes extinguidos en la piel bajo la lluvia, gritó escabrosa y desaforadamente... pero no tan desaforadamente como uno imaginaría... se trató de un grito sumergido, como de huesito atorado en la garganta, aterido de modulación, blando, apagado, que fue suficiente para reverberar en él como el espinazo de un trueno.
El sobresalto hizo que la mano de él flexionara el dedo, dando un ineludible rodillazo de nudillo al asa, topando seguidamente en acelerado impulso la taza, hasta derribarla sobre el mantelado jardín antes de rodar y caer al suelo por última vez con la integridad que una taza tiene cuando se la llama por ese nombre. Las consecuencias del caliente brebaje sobre la carne no se hizo esperar provocando la reacción nerviosa equivalente. A toda velocidad, intentando hacer el menor ruido posible, batía su palma cual abanico soplándola. El café quemaba como el mismísimo diablo y ella... ella seguía enardecida. Empantanada en un trance de frenesí, mordía las palabras con todo sus molares y acentos. Cada vocablo se retorcía de rabia. Algo la había sacado de quicio y cualquiera que quisiese entenderla, tenía que acercarse cada vez más -lejanamente aconsejable- ya que los decibelios de su voz parecían ir decayendo; el volumen de su voz disminuía gradualmente, ya producto de su cerrazón bucal, ya producto de que se estaba en presencia del ojo de un huracán de metro sesenta y siete...
El era más bien un hombre tranquilo, relajado, calmo. Como un dálmata, pero sólo de lomo dálmata.
Hasta en esos momentos de tristeza, amargura y desazón, él encontraba buenas razones para sonreír. Como aquella vez cuando se quedó cuarenta y nueve minutos en medio de la calle mirando una mariposa y al llegar a su entrevista de trabajo explicó que: "Era la primer mariposa de aquella primavera en la ciudad, no se debe tomar a la ligera tales acontecimientos o de lo contrario el arrepentimiento lo acompañarán a uno hasta el ocaso de los corazones o de lo que vive una mariposa..."
¿Puedes creer que lo dijo tan confiada y sonrientemente que no hubo interlocutor capaz de no aceptar su explicación y sonreír?.
No... no obtuvo el empleo. Allí la conoció a ella.
Ella lo entrevistó y al instante ambos supieron que una relación amorosa entre empleador y empleado era imprudente. Aunque esto último a ninguno le hubiese importado. El no estaba calificado para el puesto solicitado y ella lo hubiese contratado igual sólo para tenerlo más cerca suyo.
Se eran al otro legibles desde entonces.
La conocía pues, bastante bien y lo que estaba aconteciendo no era un asunto menor. Con sigilo, fue retrotrayendo sus pasos, volviendo con la misma lentitud del inicio sobre las huellas dadas. Estaba a punto de lograrlo cuando, sobre su eje, como por un contradivino acto de posesión, justicia poética o abrir un paraguas en un lugar cerrado, ella en una secuencia cuadro a cuadro, fue girando hacia donde él.
Estaba acaracoladamente encorvada, con el pecho hundido. Irradiaba un aura profana, ennegrecida. Su voz parecía rechinar como una avejentada grieta. El libro en sus manos, sufría la presión irritada de toda su esencia. Su cabeza, completamente gacha, dejaba entrever su boca moviéndose levemente, contracturada, como si intentase impedir con todas sus mismas fauces que una saliva y diablitos dálmatas salieran por ahí destinadas a hacer estragos...
¿Cuánto puede un alma atormentada soportar antes de quebrarse y supurar por las fisuras?.
Lo que empezó siendo una respiración tenue fue convirtiéndose en un susurro. Los labios comenzaron a abrirse y el susurro a hacerse un casi imperceptible sonido en ascenso. Ella no conocía el límite de sus pasiones. El volumen de su voz comenzó a intensificarse. Tanto que a esto se sumó la rabia, el enojo, el capricho, una mayor frecuencia y repetición de las palabras que ya podían comprenderse con mayor claridad, pero sin ser humano capaz de registrarlo en un término sensato para el entendimiento humano.
Maldita sea estos libros de bolsillo todos estos libros y el imbécil que los edita sobre todo ese idiota y sólo ese idiota que sabe un cuerno mierda nada de nada y no entiende que la calidad del papel es directamente proporcional a la cantidad de agua que le caiga y ni que decir de la tinta la tinta debe ser de calidad primera clase caso contrario pasa lo que pasa ¿Ves? ¡Esto pasa! ¡Pasa que a los muy carajitos cojonudos se les olvida que habemos personas que queremos terminar de leer un maldito libro y los muy cojonudos carajitos lo recuerdan y por eso hacen y usan papel predecible y afable a la humedad a las goteras a las salivaciones de sus risas malévolas porque saben lo que hacen y lo hacen de todas formas hasta que una llega al meollo de querer seguir leyendo el libro hasta el final terminar de leerlo nada más nada del otro mundo, ¡pero nooo los señoritos no usan más papel que papel de baño y tintas de calidad pulpo tercermundista ¿para qué? para que alguien pague con sacrificio una lectura que quedará inconclusa porque, ¿quién es la víctima en este asunto, eh, eh, eh? ¿quién es? díganme, ¿quién, eh?... ¡¡¡YO SOY LA VÍCTIMA!!!.
La sordera no se aplica a asuntos del corazón.
Al verlo sólidamente pálido, duro, enmudecido, lleno de miedo y sordo, ella se recompuso llamándose a sí a la calma. Recogió su cabello enmarañado por la furia, dejó el libro sobre la mesa, esquivó el charco de café y se acercó con paso firme hasta donde él permanecía inmóvil.
Los ojos de él, nerviosos, la veían llegar. Quería huir, pero su cuerpo no respondía. Era un momento de vida o muerte, de morir o morir, sabía que iba a perecer allí mismo y sin embargo no podía entenderlo, no quería, pero allí estaba, no había forma; ¿estaba dominado por el pánico?.
Ella estaba casi frene a él y él, él... él... aterrado... ¡No lograba borrar esa sonrisa y--
...demasiado tarde.
El beso lo desaclimató por completo. El miedo estribó en una mano de ella rozando su mejilla, y otra rodeándolo en un abrazo.
La mirada de él no dejaba de estar algo sorprendida, no debido a que la lengua de ella estaba dentro de su boca con un delicioso y fresco sabor a fresa. Sentía sus labios sonreír contra los suyos.
Mas no se trataba de eso tampoco.
Entonces se percató, a la usanza de las novelas negras policiales de autores franceses de poca monta, que algo no estaba en su lugar... algo andaba no mal... sino demasiado a pedir de boca.
Y ella seguía sonriendo entre besos.
En esa fracción donde los amantes se separan unos centímetros para mirar el brillo de los ojos, en ese preciso instante, el volteó su mirada hacia la cocina mientras ella intentó en vano, con cara de pollito mojado, emprender la retirada...
En una maniobra digna de un contorsionista con ínfulas de luchador grecorromano, la tomó por la cintura con sus brazos y la alzó hasta colgarla encima suyo.
Ella gritaba... en realidad, fingía que gritaba como si la hubiese secuestrado un malhechor de alguna película de cine mudo.
El reía estrepitosamente, como lo haría el mostachudo malhechor de una película de cine mudo.
Salieron de la escena triunfantes y alegres.
Ella avizoró cual predador natural, que él iba a tomar SU taza de café y reaccionó gracias a su instinto de alerta. Claro que recordó también que no quedaba más café y que ella NO iba a ser quien lo preparase.
Por ello tuvo que elaborar una estratagema lo suficientemente buena y convincente como para distraerlo, pero el amor es un imponderable atolondrado que al final, desde el principio, no es nada y es todo, se deshace con un beso y se enfada para que lo sigan besando... eso hace que lo disfrutemos tanto.
Eso, y un buen café que lo agite entre las páginas mojadas de un indeseado esgrimista de cucharitas.
Cuando acabes de revolver tus miserias y veas las mariposas, te volverá el hambre de las sonrisas.
O sólo las dos últimas.

27.11.07

boxx+ballerina

Desplumaba azúcares con el puntilleo de un dentado metal barrilito, un golpeteo de cucharita en guata y una mirada de irises cuadrados que se despintaban con la ausencia de un café negro que olía como su corazón cuando esas palabras se lo fueron fisurando prontas y sin pocos... sí; grandes y redondos irises cuadrados.

[cuatro, cero, dos, siete...]
Qué cuenta haría en su corazón para una aritmética que jamás, nunca, pero bajo ningún lecho ni techo de ciprés y lluvia, concordaría con la letras de su alfabeto.
Ella era en el mejor de los sentidos, una bestia.
Descansarla con la educación adecuada era una pamplonería inútil que tampoco con pobres plumosas mordidas, despertaría.
Despertar su astucia con el cuerdo credo coscorrón de un ósculo embebido en zarcillos y polvo de tiza no suministraban menos aburrimiento y pesadez en los párpados que a sus alípedes tobillos ganas de patalear.
Tal vez el bostezo de bigotes carbón fue lo que alarmó el fuego en su epiléptico temblor pupilar; o verticales arcoiris tubulares... en plena noche.
La dama señorial la halló embotellada, desprotegida, entre canales de ríos heridos y besos sucios. La cobijó como a un amante. Por un instante fue su hombre; así sintió sus hóspitos brazos al rodearla para ayudarle a levantarse.
Su boca cerca del oído la alimentaba. El roce accidental de los labios en el lóbulo recogió el dulce escozor de su piel en las piernas.
La cadena de sus huesos vivificados provocaron una sinapsis de mayor presión en el abrazo. Pareció desmayarse, pero sobre su vientre, una mano afable y tibia la levitó hasta dragar el veneno de su respiración.
Su hambre abrevaba de cuerpo mientras a cada paso, sus tejidos iban recobrando su integridad. Mas las heridas aún sangraban.
Lavada, vendada, rendida en sueño; despertó.
¿Quién había sido?.
El aroma de los granos molidos, el agua caliente vertida la invitaron a seguir despertando, pero el tirón en su espalda detuvo su ímpetu con un sufrido vaivén de arco ladeado.
Entonces la vio entrar y detenerse al pie de la puerta con un bizcocho en la boca. Medio bizcocho fuera. La boca se movió despacio y el bizcocho fue torciéndose a un costado mientras todo el rostro se sonreía.
Sentada, miró con reojos rubores a la dama.
Llevó su mano a la panza y sintió el temblor del sueño de la que no era su mano.
El alboseñor de la dama, sin demostrar descuido por el bizcocho, se acercó, palpó su frente, le balbuceó fonemas y migajas intraducibles, y se sentó a su lado.
Se miraron fijo.
Ninguna se preguntaba nada.
Ambas se preguntaban si la otra se preguntaba algo.
Era el amanecer de un aturdimiento comprensible, pero que no le incomodaba.
Sus zapatillas estaban cerca de las patitas de la mesita de noche.
Se preguntó qué diferencia hacía una mesita de noche a una de día y se sonrío. La dama escuchó su graciosa respiración y acabó de comerse el bizcocho con agrado. Se levantó, rodeó la cama y salió al balcón donde estaba dispuesto el desayuno.
Ya distendida, siguió a la dama.
Aquel hombre era un caballero, era la primera vez que la trataban con tanto respeto y cariño... y ese caballero no era un hombre ordinario; era una dama.
Identificó su asiento por la cajita de madera que estaba encima. Su cajita.
La tomó apremiada y apuntó una mirada desconfiada a su salvadora anfitriona quien le sonreía al tiempo que se servía una taza de café fresco y escogía otro bizcocho.
Cuatro corderos y una loba, dijo antes de hundir el bizcocho y enjugarlo en su boca con el sabor de la noche.
La caja no había sido abierta. La caja no contenía nada de valor más que para ella. Para cualquier otro estaba vacía.
Escuchó el borbotear del café en su taza. Posó la caja a un lado de la mesa y tomó tres bizcochos. El primero lo llevó a su apetito de un bocado y sostuvo esperando su turno a los otros dos con sus dedos mayor, índice y pulgar de cada mano, mientras con los bordes de sus palmas alzaba la taza sorbiendo el café a marejadas.
La dama rió...
Nunca llegaron a conocerse. Esa mañana no habría de ser suficiente para ninguna.
El beso de la dama en la despedida no fue furtivo y triste.
Verla partir desde el balcón donde hicieron el amor con café y bizcochos, llevando su caja, reconfortó su corazón.
Era ya parte de un algo más de la dama que no sospechaba. Confiaba. Ya no era más libre que el contenido de su caja.
Podía quedarse en ese placentero refugio, o salir.
Hubo una vez que -buscando asilo en la hostilidad de un resguardo insomne- acabó por ser acorralada de sus más feroces miedos. Y así exteriorizada de pasiones, nunca llego a tener pesadillas... nunca llegó a tener sueños.
Esta vez salió; de sí misma.
Para ser libre, para encontrarse con ella siguiendo el rastro que la lluvia deja en los cálculos de aquello que dista de sus matemáticas y formula legible en ese abrazo amoroso de la mujer a la que le hablaba en una lengua sin más alfabeto que el amparo de las caricias.
Mojó su boca con la llovizna, la oreja, el lecho y la carne de su amada bajo aquel primigenio ciprés.
La devoró.
Su cabello olía a café y bizcochos.
Y se sentó desnuda, ahí, entre los huesos y el aroma del sexo, inapetente... esperando que vuelva.
El hombre que repare en su error de ortografía.

Su hombre.

16.11.07

babek & elle

Por un simple y no mísero error consonántico, todo parecido con la realidad... puramente lo es a menos que se quiera considerar remotamente lo contrario.

Era una cazadora nata. Eso creía. Que la carne del hombre es débil, que cede no ante el apetito, sino al manjar que se postre ante sus afiladas babas.
Y estaba sola.
Ya por encargo, por decisión, insatisfacción, nadie había podido completarla. Sus estándares y exigencias en ocasiones desbordaban el oriente de la sensatez, la filosofía de lo posible al punto de acabar con lo utópico.
Aún intentándolo incansablemente, con ahínco, muchos perecieron en su empresa por conquistarla perdidos en los laberintos de sus solos ojos.
Así de perturbadora y atrapante era su mirada.
No por nada la fiera era cazadora. Además, ¿Por qué el minotauro no podía converger en gracia con la florida túnica de una mujer y su anatomía?... el diablo la tiene.
Siguió el camino de la tormenta a ojos cerrados; guiábase por el aroma de las gotas por caer, la presión del aire, el resoplido de los vientos a más de diez mil pies de altura, las pequeñas sensaciones que los cambios de temperatura provocaban en las imperfecciones de su piel...
¿No te enamorarías de una mujer así... aún siendo tú una mujer?.
La solidez de su andar sobre el mismo gris que el cielo, desataban una resonancia peculiar en sus efímeros verdes zapatos de taco largo y hierba. La astucia de sus tobillos trasluciéndose por el cuarto menguante de un guiño en sus medias de leche, quebrando sus rodillas, torneando los muslos hasta la inflexión del propio corazón ajeno que colapsa como mordido por un rocío; como si toda ella de pronto se precipitara desplazando el aire con las caderas y en un perfumado coletazo de falda rosada desarmonizar delicada y subrepticia las mareas de nuestros tropiezos y sorpresas... no usaba ropa interior.
Es algo antinatural, sostenía segura de sí reprendiendo su uso con mímica.
¿Acaso no te volverías mujer para enamorarte de ella tal y como una mujer lo haría?.
Entró como siempre lo hacía; de lado, como si fuese a pasar a través de un angosto pasillo no mucho más ancho que un abrazo o una cuerda anudada para una horca.
Mano izquierda en picaporte, pie derecho al frente lateral; medio giro, empujar la puerta con inclinación propicia para la apertura, peso del cuerpo hacia la pierna de apoyo, pierna opuesta con pie opuesto sin despegarlo del suelo reptando centrípetamente en línea recta con dirección tobillo-tobillo, rótula-rótula; cabeza al frente; repetir, no rotar, re-pe-tir, tres veces hasta dar paso al intercalado de mano asida a la manija de la puerta con el fin de cerrarla y quedar... en teoría no debería haber cerrado y quedado adentro (si era lo que imaginabas) por lo cual (como no habrás imaginado ya que sus cálculos la dejaban a su sentir, incluso fuera de la comprensión de este mundo) se arremangaba la falda hasta dejar entrever -no así entrever su breve y volcánica furia- el amanecer de su meridiano entre dos damascos lo suficiente tersos, firmes, contraídos por el enojo, como para anochecerlo en un parpadeo al internarse irritada tal y como todo el mundo lo hace; sin importar que alguien estuviese saliéndose de sus ojos o saliendo por la puerta.
[continuará...]
Proseguiré... pensaba a destiempo, enfrentada a las espaldas de lo que había estado siendo su destino, bufando al sonoro chispeo de sus tacos, resoplando enfado a agujas de impaciencia, como si le hubiesen jugado una pródiga broma a ella que, si algo, si una virtud y cualidad la definían, era por sobre cualquiera a quien le pisara las espaldas: digna, respetuosa y humilde...
(matemáticamente einsteiniana)
(definitivamente una criatura para aframbuesarse la boca)
Ingresar primero a un establecimiento es un arte o un artilugio para escapistas. Huir de ella sin embargo... nadie ha vivido para contar tan colosal empresa. Tales genialidades están reservadas para aquellos quienes no... y sí... nadie los sabe.
Y hete aquí la razón del andar rabioso de una mujer que no sabe bien por qué está enfadada.
(triste, la primavera, festeja el gracioso humor de la naturaleza malnaciéndola con sonrisas; si una respuesta hallarás en la vida, es que no tiene explicaciones)
Buenos, días. ¿Qué va a--
Si algo faltaba para la perplejidad de una fortuna con moño de mar, era propinarle un pespunte en el entrecejo al bueno, al siempre bueno que nos turba, que no nos respira un dejo de paciencia para indagar sobre lo que no nos importa por mucho que quiera sernos útil.
De usted nada de nada. Quiero a mi mesero de costumbre. Llámelo y lárguese de aquí. Vamos, ¿qué espera?... Deje de respirar mi aire que no es gratis, fush, fush.
El cliente siempre tiene la razón. Con recelo el mesero alejose en busca del dichoso colega de labores masticando algunas palabrotas entre muecas remitidas a la mismísima madre de la dama.
Como quien viaja de regreso arrastrando el polvo de un amanecer de diez vidas exhaustas, el gerente del local seguido por el indeseado mesero con paso corto y resbaladizo, se inclinó al llegar donde la dama y a modo de cortés y cordial reverencia, postrose presentándole ciertas excusas apropósito de la ausencia del destino al cual ella apelaba.
Señora mía, sabrá vuestra merced disculpar los atropellos del infortunio, mas la persona cuya presencia solicitáis, no ha de presentarse a sus tareas en este día, debido a un acto enteramente volitivo sobre el cual no ha querido ilustrarnos, amparándose en su legítimo derecho de privacidad, puesto que trátase ni más ni menos de asuntos concernientes entera y estrictamente a su esfera particular, los cuales milady con sabiduría tendrá a bien dispensar.
(nadie en su sano juicio debe nunca, jamás, concluir consuelo con cálida sonrisa)
La índole cualidad importole un bledo a la dama en cuestión, al acompañar la buena nueva con un bofetón en respuesta a la insolencia impoluta de conjugar esos fonemas dentro de una misma idea con semejante descuido y desobediencia las cuales sólo podían provenir de un gerente malicioso, vengativo y desquiciado.
¡Estúpido!. ¡No acepto ultraje de tal magnitud!. La otra cara del gerente no vio venir la ambidiestra destreza para fabricar estrellas al explosivo impacto de tan finísimos dedos... parecían látigos.
(nadie había osado nombrarla "señora" al inicio de un coloquio y permanecer ileso)
De acuerdo... volveré mañana, esgrimió algo más ordenada y reconstituída en sus cabales.
La espina del gerente se contrajo en armonía con su rostro contraído, sus cejas crispadas, su frente compungida contra el borde de sus manos ofreciendo una plegaria; o queriendo tal vez simular el deseo de abrirse en dos la cabeza para aliviar su alma.
La honda respiración de una paz ansiada, no se consigue respirando.
Mañana tampoco ha de venir, lo siento.
Que altiva osadía para el opresor la hallarse impotente, sin presa a la que oprimir, debido que a la presa en cuestión, se le ocurre reparar en su libertad decidiendo prescindir de ocupar el lugar que le corresponde.
Ante esas dichosas contingencias, no queda más que seguir adelante.
Volveré pues al siguiente. La voz le temblaba con desagradable premonición.
Creo que no he sido del todo explícito... La persona que busca ha decidido momentáneamente rescindir sus funciones en el establecimiento. Si gusta puedo ofre--
El cristal de la entrada no soportó el eco que tras la sombra de su demoníaca tesitura -a las tintes de un velo de aire hirviente- dilató su estructura inflándolo hasta alcanzar una temperatura de cero absoluto.
Contraído el ejercicio de todo acto y pensamiento racional, no faltó el curioso que desatento a esas alertas que se deforman en el transcurso de una fracción de segundo desacelerándolo hasta inmovilizarlo, estiró el dedo índice rasgando levemente aquél inorgánico tegumento.
Sintió el híbrido palpoliperoma de una brisa fresca y el aliento de una voz que mientras se alejaba, se avecinaba como un estruendo... para cuando quieres salir primero, no te salvas al último de las esporas de una implosión sombría en los añicos de una mujer vuelta lágrimas de fuego.
Optó entonces, con los escombros de sus traspiés tras de sí, buscarle incansablemente.
Así pues, detuvo su marcha, tomó asiento sobre sus innominados huesos, cerró los ojos conteniendo las llamaradas y emprendió su persec-- interrumpida por una caída de bruces.
Se busca a veces invocando ser encontrado.
(los años pasados, son simples y tácitos testigos del proceso)
Dentro de sus ojos era de noche, pero podía verlo con claridad. Era él. Caído de bruces. Al fin se topaban, pero... ¿Qué diablos hace una mujer sentada en medio de un andén de subterráneo sujetando las piernas de un hombre por los tobillos, provocando que este se precipite sin remedio?.
Eso... haciendo cosas de diablos.
(la ecuación del triángulo de eva aplícase a ambos géneros)
Los beneficios de tener un somero conocimiento de la persona adorada, validan cualquier obrar inconsciente para con la misma.
Si alguien ignoraba por completo esa ley junto con la flexibilidad del espacio-tiempo; sin duda era ella.
(¿o qué crees que sucede cuando te es desconocido tu propio potencial?)
Eso... y que te vas con gusto al infierno.
Abrió sus ojos.
(...su impar pares de ojos)
El tercero, enrojecido de mejilla a mejilla no tenía dudas; era por donde se la viese, la misma adorable, nefasta y sonriente criatura que-- ¡Oiga, fíjese por dónde cami... ¿Usted?, Hacía tiempo que no le veía. Que sorpresa toparnos en estas bocas de laberintos. Quiero decir, como cuántas posibilidades hay de encontrarse con alguien. Estadísticamente el número ínfimo, casi imposible podría decirse. ¿Y qué anda haciendo por aquí Usted? ¡Que tonta, mire lo que le pregunto, es obvio que va a viajar. Quiero decir; medio de transporte público, andén, Usted, yo... ¿Y utiliza este medio a menudo?. Antes que lo olvide. Quiero sí volver a reiterarle es que debe ser más cuidadoso cuando camina. Pudo haberme pisado una mano o peor, trastabillar y lastimarse sin motivo alguno... (sonrisa) pero que agradable acontecimiento hallarlo así cómo quien no quiere la cosa en un lugar tan poco común para hacer sociales, ¿no?. No me diga, sé lo que está pensando. No hace falta que se disculpe por su accionar negligente. Se le nota en la cara que es un caballero. Lo sé porque me considero a mi misma toda una dama y no es por alardear, pero nada de eso importa. El verlo después de tantos años me es suficiente para perdonarlo... ¿Y a dónde se dirige?, no es que me interese, es simple curiosidad. Quiero decir, ¿No le da a usted también curiosidad?, sé que sí, se le nota en la mirada. ¿No siente que hace demasiado calor aquí?, quiero decir, hace calor, suele hacer calor generalmente aquí, pero habría quien diría que abrieron una puerta para que entrase una corriente de aliento del mismísimo corazón del sol. ¿Puede sentirla?... Lo noto algo pensativo... ¿En qué piensa?.
En lo que todos; pero no con tres ojos cerrados. La diferencia con él, era que él-- Aquí viene el subte. ¿Notó que viajamos para el mismo lado?. ¿Y adónde me dijo que se dirigía?, ¡Ah, no me diga!, deje que adivine durante el trayecto. A lo mejor desciende en la siguiente estación o en la misma que yo. Eso me daría gracia, pero me brindaría mucha alegría, ¿a Usted no?.
El ya estaba dentro del vagón y las puertas se estaban cerrando. Achinando los ojos y sonriéndole, la miró como quien se despide habiendo enfrentado y sobrevivido a un fatal destino...
El suelo sobre el taco derecho, se fue quebrando; la flexión de la pierna y la postura de aceleración no dieron crédito a los que al día siguiente jurarían haber visto un rayo brotando de la tierra para trasladarse -siendo su propio puente y dejando una estela de partículas de luz- dentro de un carro de subterráneo.
Fenómenos así no aparecen todo el tiempo, y hay que reconocer que personas que ven relámpagos en túneles u hombres con tres órbitas, que creen en fantasmas y teletransportación, son fenómenos...
El impulso del salto hacia adentro con giro de cadera le permitió alcanzar con el filo de uno de sus codos, la amortiguación intercostal de él, quien no emitió el menor signo de debilidad.
Para ella su codo es el equivalente a una mirada de reojo. Más lo enterraba, más sutil la percepción por el rabillo del ojo.
En el vagón había espacio suficiente para cada viajante. Sin embargo los hay quienes rara vez descubrimos como una infatigable presencia que ocupa un lugar y ejerce su derecho a ocuparlo, reduciéndonos a limitaciones casi fóbicas.
Disculpe que le esté incomodando, pero hay demasiado aire.
El nada decía.
La presa no habla cuando el desconcierto se va apoderando de sí.
Y no estaba desconcertado. Estaba como agua que bebe el diablo.
Viajaron en silencio hasta el final del recorrido. Al bajar, ella se dirigió a la escalera mecánica. El no, pero llegó antes a la superficie.
Ella llegó a divisar el rastro de un soplo de su figura ya fuera del rango de los cinco sentidos.
Irritada emprendió una marcha cada vez más rápida, cada vez más candente... como si ella de pronto se convirtiese en las fauces abiertas del corazón del mismo sol.
La resonancia de su voz se mezclaba con el remolino de fuego que se despertaba en las paredes del túnel.
Cuándo salió a la calle sintió la vista cegada y al alzar la vista... el cielo estaba por entero cub--
¡Grandísimo idiota!. ¿Quién se cree que es?. ¿Cree que yo lo estoy disfrutando, eh?. ¿Con qué derecho se desaparece, deja su empleo?. ¿Tiene idea de lo que es estar a la deriva durante años, buscando una respuesta?, ¿Buscándolo?... es un... usted es... (lagrimeando) ¡Muy malo!.
Antes de que pudiese llamarlo "tonto", abstrajo su presencia. La fue desvaneciendo. Primero algunas palabras sueltas, luego oraciones, pestañas, uñas, ademanes, tonos, colores.
Redujo su estrategia a la de no percatarse de su existencia. No contaba con que ella estuviese al tanto de eso y reparase en cada detalle, postura, inflexión, respiración y palpitaciones suyas.
Estudia a tu presa para adelantarte a su próximo movimiento, y se paciente.
Que una espera sea efímera es una cosa, pero aquello era inconcebible. Justo cuando estaba por decirle que era un "tonto" habiendo ido ha por él, habiendo logrado dar con su paradero; él, ¿No estaba?.
Una obscenidad desarticulada, incomprensible y delante de sus propias narices.
Estaba tan cegada que no dio cuenta en su análisis que era él quien se desapareció con la misma mirada y sonrisa que tenía en el vagón del subte.
Todo sonido se detuvo. Nunca antes el aire estuvo tan presionado, con tan poco espacio para moverse y desplazar objetos en el.
Maldito, maldito, maldito, maldito, maldito, maldito, maldito, maldito... ¿Cuánto pueden morderse las palabras antes de que sang-- ¡¡¡CONDENADO MALNACIDO HIJO DE TU PUTA MADRE!!!.
Deja hablar a tu enemigo para conocerle, o encapríchate con él hasta el disgusto de sus naranjas amargas. Si las prefieres dulces, ¿para qué comer las cáscaras?.
(¿quién es el amargo portador de tus naranjas?)
¿Evidente?.
Las evidencias de una lengua indómita desterraban el postulado de que: Una dama es una dama, siempre y cuando sea una dama.
Escuchado hubieras sus palabras, para endulzarte como lo hicieron aquellas órbitas humedecidas de embrutecimiento y cólera.
Sí; él lloró mientras se evaporaba.
Cubitos de lágrimas era el único rastro al que podía aferrarse. Un finísimo trazo de sal descompuesto en secuencia hacia ningún lugar aparente; ¿evidencia suficiente?.
Sabía que se acercaba a él cuanto más sentía en la salinidad del sendero el aroma de las naranjas. Rogaba que el viento no soplara ni trajera tormentas.
El agua que nos cultiva también nos confunde.
Rastrear y seguir los pasos de la presa hasta su madriguera requiere de una completa concentración en el entorno. La más diminuta alteración del mismo, es esencial.
El rastro de sal acabó en una alcantarilla.
La caminata es en este punto tan errática que explicitarla sería sacrilegio. Así pues, por disposición de los doctos, para evitar convertirla en dogma, abriremos un capítulo oscuro para aquellos que se sientan iluminados bajo cualquier luz recomendable para una buena lectura que puede no paladearles con deleite.
Nadie es tan inhumano como para abrirse hacia dentro desde el ombligo y enterrarse los puñados de sal recogidos en el camino. Nadie es tan inhumano como para pisarse con aguijones en los talones y hervir cada huella cauterizando la carne y la sal en un constante e irritable dolor.
Nadie es tan humano para despojarse de sus superficies y artificios para permitirse abrirse al sufrimiento con la sabiduría de quien acepta no conocer por entero sus miedos, pero los reconoce y consuela ignorando el más grande de sus miedos; dejar de ser. Facultad carnal que se siente con la perdida de lo que incluso nos es impropio.
Nadie es tan necio para decirlo más no sea con las palabras de un niño.
Los necios callan; y se arrastran.
¿De qué sales están hechas tus lágrimas cuando te distingues ante ti mismo como un ser despojado de todo bien y todo mal para nutrir el mal y el bien de un otro?.
Enteramente somos parciales; tanto como la parte incondicional de quien nos completa.
La punta de su zapato derecho ennegreció de tantas patadas que no dejó de vejar contra la reja del desagüe.
¡De pronto, lo vio venir!... no, no era él... pero se le parecía.
Sentada en el cordón, mirando encaprichada y silenciosa la punta sucia de su calzado, permaneció allí.
Ya no tenía ideas.
Y entonces quedó atrapada.
El eco de un latido con su nombre la llevó hasta él, quien permaneció estupefacto, impávido y sosteniendo la llave de la puerta de su apartamento inmóvil, al observarla materializarse delante suyo; algo que a ella también la tuvo perpleja... estaba recogida en sus cuclillas tomándose los tobillos.
Algo tenía esa mujer de capullo y peligro.
No estoy loca, no estoy loca, no estoy loca. Alzó la mirada y lo capturó. No es que esté loca, sabe... ¡No estoy loca!.
Disculpe, pero tengo que-- Con permiso. Intentó estirar la mano asida a la llave, pero un vientre salino se interpuso delante del cerrojo.
Esta vez no.
Cuando la presa quiere respuestas, ¿qué le hace pensar que es el cazador quien puede dárselas?.
Hace años que estoy buscándolo.
Ese no es mi problema, señora.
Un relámpago centelleó contra el pasillo. La puerta empezó a dilatarse, pero antes de que el puño pudiese atizarse sobre uno de los pómulos; él detuvo el golpe con la palma de una mano fantasma. Sin detenerse, sin prisa, realizó una torsión en la muñeca de ella. El puño eclosionó cediendo a la corriente, no pudiendo acto seguido, evitar rotar sobre sí hasta quedar de espaldas y a merced de un leve empujón que la descentró desplazándola en cuatro pases a las sales de una incierta certeza; ¿qué era lo que acababa de ocurrir?.
Quería entenderlo. Creí que lo conocía.
Un cazador acorrala a su presa sin interponerse.
De verdad lo siento. Creo no ser el indicado para ayudarla. Lo lamento. Confesó antes de cerrar la puerta.
Ella prefirió no mirarlo mientras le escuchaba.
Mentiroso... susurró cuando el pestillo de la puerta chispeó acompañado por el giro del cerrojo.
Un cazador conserva la calma en todo momento, para que el tiro de gracia sea implacablemente efectivo.
El descuido es perderse en el juego de uno mismo.
Irguiéndose con los brazos colgando a los lados, se acomodó frente a la puerta. Esbozó una sonrisa mordida de labio y rabia. Alzó una de sus cejas y divisó gacha la ubicación precisa de él al otro lado.
Entonces empezó a dar imperceptibles pataditas con la punta de su zapato izquierdo en la puerta. Su sonrisa crecía.
La puerta no temblaba; pero el corazón...
Su corazón se agitaba. No pudo evitar caer de rodillas ante aquella punción en el pecho.
Si hay una condición humana que nunca debe darse por sentada, es la impredecibilidad.
Justamente por no ser humana.
Exclusividad.
No hallaba opciones, el constante picoteo en su interior mortificaban cualquier pensamiento tendiente a solucionar el estado de herida larvaria al cual sentíase sometido retorciéndose. Su sangre comenzaba a asfixiarse.
De pronto se detuvo.
La punta de su pie temblaba. No era que quisiera-- pero lo-- lo... se detuvo.
Sabía que lo estaba matando.
Aquí la destreza del cazador vale cero. Se vuelve cazado.
Ambos eran.
¡Váyase por favor!. Suplicó vomitando un jadeo que presionaba desapacible el pecho desgarrado.
¡No!. Y pateó con fuerza la puerta.
El silencio tras el desplome de él la hizo palidecer.
Su voz ahogada volvió a pedirle que se retirara, que siguiera su vida.
Quiero saber... dijo con la voz algo temblorosa, tierna.
Usted no quiere saber. De saber no querría aceptar y, de aceptar, entonces se encargaría de negarlo. Así es mejor. Sabernos sería algo inusitado. No quiera saber. Confórmese con lo que no quiere y viva tranquila. Ya es demasiado tarde para empezar.
No se trataba del presuroso conejo y Alicia. Aquí estaban involucrados diseños y arquitecturas que pendían de hilos estructurales. Nada que pudiese haber en libros u hombrecillos predestinados a la carbonización del hombre y su prevalecía en la evolución.
Rara vez se desnaturaliza uno hasta conservar una paz que le ciega al punto de permitirle formular las preguntas correctas... afirmándolas, con cierta falta de cordura.

¡Ni que tuvieses a la ciudad de Nueva York bajo la pileta de su lavadero!.

(a la materia, las leyes en ciertas situaciones le otorgan el beneficio de la desobediencia)
En el sombrío instante de un parpadear, una mano surcó el tejido de la puerta y tomándola de la muñeca que torciera, la engulló hacia adentro.
Mientras le hablaba con cierto enojo comprensivo, se dejaba llevar distraída. Tanto que no se percató que las puntas de sus zapatos ni siquiera rozaban el suelo.Hicieron unos metros por el pasillo que a cada paso se tornaba más y más frío, pero... ¿por qué se tardaba tanto?, ¿cuándo se tornó tan largo?. El aliento tibio de su boca no pudo evitar elevarse. Unas bombillas de baja energía colgaban intermitentes de un cable y, al hallarse imbuidas por las pequeñas nubes de los jadeos del andar, estremecieron sus pequeños vientres, se movieron alertadas y fueron retrayéndose en espiral a la vez que se apagaban... hicieron un descanso en la cocina. Sin soltarla llenó con agua dos grandes vasos. La botella no era más grande que un frasco de mermelada.
Los vasos rebozaban de un líquido fresco que ayudaron a aplacar la ansiedad del arrebato hace un instante cometido.
Ella estaba por preguntarle, cuando a poco de que su boca adoptara una corta probóscide de ojos empalagados, él retomó la marcha arrastrándola consigo.
Te preguntas cómo una botella tan pequeña podía llenar dos vasos más grandes que ella. Eso sería lo irresoluble e inquietante; pero no era eso, sino que no tenía base para ser contenedora y sin embargo, estirando el cuello para dar un último vistazo panorámico a la cocina, pudo apreciar una taza de café, respirando... con una cucharita en fijo equilibrio vertical justo en su epicentro.
El andar se aligeró, pero las palabras de advertencia y calidez no cesaban.
Poco a poco fue acercándose más a él, escalonadamente escalándolo, tomándole cada vez más y más el brazo con una sonrisa desenfadada, ansiada por años.
Estaba recibiendo las respuestas que quería.
El paso se cortó de súbito delante del patio.
El lavadero estaba unos metros adelante. Podía saberse por el reflejo de una luz que... provenía justo desde abajo de la pileta.
Ahí está... y emitiendo un leve cabeceo a modo de apuntar en una dirección aparentemente inhóspita, señaló ante ella una respuesta sobrecogedora... inverosímil, fraudulenta, falaz...
Usted no va a decirme que allí abajo está... ¿Cree que soy extremo idiota?. Trucos, todos trucos. Mire si voy a caer en la estúpida idea que allí est-- e invitándola a cerciorarse, se acercó despacio para que ella constatara el truco que la dejó atónita.
Allí estaba; la "Gran Manzana" en una réplica a escala, exacta a la original.
Sólo que...
Se equivoca. No es una réplica.
Incrédula y con la sagacidad que la caracteriza para ver equilibristas en tazones de café con leche, agudizó su atención a los detalles de la liliputiense citadela; el bullicio vehicular, el cielo nocturno, Manhattan, los rascacielos con sus ventanitas aleatoriamente encendidas y apagadas con puntillosa delicadeza; era una maravilla edilicia, deleite para el arrebato y-- triunfal, apunto directo al corazón de la bestia rehuidiza, sembró la gracia sobre la desdicha de las ruinas de inaudibles latidos, escombros, erguidos en dos infinitas estelas de millones de corpúsculos. Dirigió la punta del índice de su filosa lengua a lo que respuesta lógica no tiene.
¿Y el once de septiembre?... Interrogó reconfortada de haber descubierto la farsa de aquella pequeña pantomima. ¿Qué dice de eso, eh, eh?.
La mirada de él se embarazó con cárdenos pétalos pasionarios. Ella había descubierto una falla en su artimaña, un equívoco en esa diminuta puesta en escena y, si bien no esperaba que nada pasible de hacerla recapacitar opacara su glorioso festejo en su sentir faltaba una pieza y esa mañana le pidieron de favor cuidarla. Aceptó de buen grado. Llamó al trabajo solicitando permiso para tomarse el día libre. Expuso los motivos sin guardar reparo y al respecto, pidió estricta reserva. Así fue como unos minutos después, unos pocos minutos después de prepararse la merienda y calentar una mamadera... perdió de vista sus pasos. Sus primeros pasos de culito en pecho estilo patito por cuenta propia... Tenía en las manos unos avioncitos de papel que arrojó con todo y puño de dios en cielo contra... bueno; lo demás sería irreparable, un nunca para siempre...
Nunca una mirada se transmutó tan velozmente de la sorpresa a la atonía mortuoria como la que tienes ante el espíritu desescondido de quienes se ignoran a sí mismos obreros de la construcción, shivas, pilotos de avión descalzos... o la sobrina piel de una bípeda urbe escurridiza y juguetona.
Nunca un beso consoló una vergüenza sumida en miles de almas que parecían apaciguarse en lo que a la distancia era simplemente el recuerdo de un juego.
Porque dios, no sólo delega; también es niño, sabes. Afirmó en los silencios que quedan entre labio y labio.
Las respuestas que habían desafiado toda razón, estaban ahí. Donde siempre suelen estar y menos las imaginamos.
(bajo un lavabo insospechado; o un corazón que se decide ir con quien nos deja)

Condensadas en el brillo de ella y la que no es su letra, en el sonrojado bies de un beso que había liberado la muñeca y acariciaba su vivaz mejilla, Babel extendió desde y por entre la sombra de la palma de su mano sobre la de ella, esas palabras que adquirieron la incipiente forma de una semilla dormida, esencia de cenizas rojas, arcilla, pureza e impredecible descifrar... imperio de las orquídeas.
[cognición de lo inacabado]
[tiende tu mano cazadora]
[no la sueltes]

Meravigliosa creatura, purretita, con su propio agitar de un océano coral collar de dioses en sus ojos tierra; incluso cuando los tuyos, permanecen cerrados. Incluso entonces, flor y llanto; se abre.

Magdala...

12.9.07

rewritten rages

for those who forget that being lost is a bless and have no words to build something that needs none, to blossom in the spirit of someone else... (dream)

they will come to you...
(as a flourish spring in the belly button stream of a one only and single seed)

4.9.07

reconciliación

Como tener que perder a una mujer sin que sufra…
[pastos]
Cómo tener que perder a una mujer sin que sufra…
[¿y qué es lo que sabes?]
Que no quiero ser cenizas…
Aquella hoja parecía estar goteando por sí misma, como si fuese un organismo vivo. A su alrededor los aromas penetraban mientras una mirada panorámica capturaba estáticamente el entorno.
Todo se sucedía de manera habitual.
En unos asientos un matrimonio sentado. Su pequeña enfrente. A un lado de esta, un cochecito con su hermano menor. Podría en otras circunstancias haber sido un niño con un retraso mental. Podría haber sido en ese mismo caso asesinado por uno de sus padres o de por ambos de mutuo acuerdo, a modo de recobrar la deshonra de una sangre impura.
Lo cierto es que llovía.
Las rizadas motas del padre prestidigitaban con cerrado entrecejo la alegría de su hija. Otro padre le hubiese sonreído, hecho cosquillas. Este deshollinaba con la punta de su índice la fosa nasal más a la vista de los espectadores. Otro hombre menos ordinario se hubiese relamido tan renegrido manjar atascado bajo la uña.
Con el dedo par de la mano opuesta, perdido en una agresión verbal a su mujer, la raja del culo de esta que se desborda por el posabrazo del asiento, y el crío sollozando incómodo, el hombre desdobla el vapor imperante de la ventana. Con sólo dos de sus falanges traza un ancho arco de arriba abajo en un ángulo de noventa a ciento ochenta grados. Otro hombre sabría que está desempañando un divino y pequeño brete químico-geométrico. Al menos su niña sin saberlo se atonta sonriente, intenta imitarlo maravillada.
Otro padre la hubiese cargado en brazos y sonreído ante tal admiración. Otro hubiese jugado con ella mientras se escurría desde el asiento dejándose resbalar con todo su cuerpecito como una de esas gotas al otro lado del vidrio.
Pero ese era este lado.
Las gotas, contra el destello de las piernas de la niña temblando por el oleaje de su padre que la reacomoda en el asiento, trazan el recorrido de los rayos que aún no han caído. Guardan junto con las presiones ejercidas por el aire, una memoria tan antigua que creemos nos es desconocida.
Así como si nada, no todo se precipita.
Hasta que sentimos al unísono, cada quién en su sitio; la primera gota…
A tres pasos de la niña, el rostro de una mujer estaba siendo destrozado poco antes de llegar a la terminal de ferrocarril. Una mano presionaba forzando ascendente y descendentemente las facciones cada más deformadas, hasta que los huesos a punto de ceder al mecanismo, como un engranaje que se rompe de la maquinaria misma de la vida, soltaban un candente y desgarrado aullido cuyo sufrimiento quebrantaba el corazón de la mujer que callaba totalmente luego de temblar ajena a su última voluntad. Corazón que al menor atisbo de detención, el hombre revivía impactando con dos de sus nudillos de la mano libre, sobre la zona espino-costal del flanco cardíaco.
Resucitar a los muertos es una tarea silenciosa. Más si tienen la desfachatez de morir tan pronto. ¿Cuál es la prisa?. ¿Por qué había que ser tan cruel cómo para dejar irse a quien a quien s ele puede prolongar la emoción de un infierno un poco más?... ¿Por qué?... ¿Por qué no?... ¿Por qué…
Porque sí.
Una tercer mujer, azorada vislumbrada en lo opaco de sus espejuelos el espectáculo, algo un tanto improvisado para su gusto, pero con creces mucho mejor que los mendigos y falsos ciegos que pululan en esos medios de transporte. Lo bueno es que nadie la vería con esos mismos ojos. Un abusador no es del todo capaz de reconocer a otro de su especie cuando es incapaz de oler su propio miedo a ser reconocido.
Esta mujer admiraba a aquél hombre. Como si en realidad él fuera uno de su especie.
No se puede comparar a quien por un razonable pedido de tranquilidad mal lograda, retuerce fraccionadamente el pescuezo de su único vástago hasta desprenderlo, hasta dejar su cabecita floja como un péndulo, ladeándose de hombro a hombro, gélida, blanca, apenas y cubierta por algunas lágrimas maternales, una agradecida risa frenética, sin hambre.
Pero esta podría ser otra madre, una menos diligente y encomiable. Una que no fue madre tal vez.
Ninguna era aquella cuya nuca seguía siendo sostenida por aquel hombre que no tenía razones para hacer lo que estaba haciendo y simplemente lo hacía.
Y para él, que sólo él lo supiera parecía ser suficiente.
Pero él no lo sabía.
No sabía del padre, de la culona esposa rebozante en carnes, de la niña y su hermano; de la otra mujer… de sus motivos.
Sopesó y consideró que la dama bienaventurada -ya sin fisonomía alguna- prodigaba la debilidad suficiente como para violentarla.
[tampoco quiero un funeral cristiano]
Leía en voz alta…
No preguntes por qué alguien te haría leer esto. No siempre hallarás razones.
Incluso por más que te las den. Si puedes vivir con esto, lo bello y lo feo te sorprenderá con agrado.
Era un libro pesado y grande para alguien de su edad.
Acomodada, madre miraba las aguas negras de la escena a los pies de su vientre, turbado reservorio de esperanzas depositadas con la pureza de lo que juicio de valor no tiene y sobre lo cual emitirse alguno no se debe...
Sonreía.
Pese a la derruición del nudillo pedagógico, sonreía.
Mórbida la jeta, amoratada, anestesiada, con el libro abierto delante, sobre sus manos, gotitas de sangre y baba salpicaban las hojas.
Intentaba sorber los coágulos dificultosamente, con displicencia. Ya por las encías ateridas, flojas, la lengua desmoronada a un lado, ya porque apenas y respiraba por esos labios entumecidos. Podía creerse que estaba muerto.
Embolsados, recubiertos de pequeños parásitos en los contornos de sus párpados, sus ojos arremolinados, henchidos e inyectados, parecían supurar una incandescencia; tal vez los excrementos de los parásitos.
Ahogados, lo que parecían ojos eran...
Parte de su torcida sonrisa que sobrevivía allí en su globosa y húmeda boca, canal por el que bullían los espantos que madre contemplaba inalterable, entre el agitado dolor de sus tripas aplastadas por la presión coaccionada de los huesos rotos empujados contra ellas.
La lección era simple.
Debía saber. Sólo eso.
Saber.
Adquirir conocimiento sin importar qué método y/o medio.
Era imprescindible pues, tras aprender a pararse, aprender cómo sentarse adecuadamente.
No fue sencillo quebrar sus piernas. Aquellos huesos eran duros de roer. Entiéndase con esto el efecto de serrar los pies por obra y gracia de una hoja acerada de cinco milímetros con dientes de doble filo y canales de centímetro y medio... pero eran incorregibles.
Hubo que empezar desde más arriba. Demoler sus piernas desde el mismísimo eje indómito de la motricidad. Un mazazo por encima, sobre y dentro del eco de uno nuevo sobre ambas rótulas para aniquilar las uniones que lo ligaban al suelo.
Sensibilidad.
Sin más hábito para distraerse con paseos, su tarea se reducía a partir de ese instante a una postración de bien.
Para su bien.
Y bien lo sabía. Confiaba en el afecto de su padre; no cuestionaba la naturaleza de aquella figura ensombrecida por la cultura y el amor que le desbordaba con el sudor de cada empalme y cada forja de golpe en seco que lo fisuraba. Admiraba a ese hombre con el deseo que se le encarnaba cada vez más y más, mientras le cicatrizaban los muñones de los muslos.
Serás más que yo, indicaba repetidas veces inculcando en su vástago el anhelante espíritu de elevarse por sobre sus horizontes, antes de repicar con una suerte de adversos puñetazos y, cuando no, de rocas empuñadas que estallaban en esos enmohecidos berenjenales que alguna vez fueron orejas.
La destreza sorda adquirida en esos primeros años para sentarse, demostraban sin ánimos y lugar a retractaciones, la efectividad y sabiduría de su padre.
¿O crees que no se puede sonreír cuando el alma está imbuida en sufrimiento?.
Se puede con la columna fracturada cuando te dan cosquillas producto de las alteraciones en las terminaciones nerviosas.
Era feliz. En todo ese pulido maleficio (al que tal vez hayas podido referirte encasillándolo con esos preceptos para entenderlo a tus razones) el pequeño era feliz.
La ternura de sus lágrimas resquebrajadas no guardaban rencor alguno.
Aprender era el objeto. Él era el objeto de aprendizaje y estudio; el instrumento del educador.
La ropa empapada en sudor se oscurecía cárdena.
Su cabeza nublada ante el más mínimo error; error capaz de prever la vista borrosa e interrumpida por un segundo acto de inconsciencia.
De vez en cuando le era imposible no perder la conciencia por la embestida de un zapatazo sonando como el chasquido de un látigo hueco contra su nuca.
Tendido con peso muerto, aún en esas instancias fortuitas (las equivocaciones son impredecibles) mantenía la sonrisa inmutable.
Silla turca... alcanzó a balbucear por última vez antes que la verticalidad del filo se desplazara por entre el tejido lingual sujeto por la punta con una prensa de carpintero.
La lección que aprendió entonces correspondía al arte de la persuasión y para ello era necesario estar dotado de una jugosa y delicada dicción a fin de poder entablar un discurso, un diálogo, con propiedad y un frugal vocabulario que permitiese brindar en el paladar, el enriquecimiento del propio lenguaje en la aceptación del interlocutor, aún cuando su opinión final fuese dispar, de dudoso gusto, procedencia o meramente de ignorancia carente de virtud.
Aquella lección sí que le hizo mucha gracia; por lo irónico y espiritual del momento...
Oh, padre... pensó suspíreamente en silencio, invocando en esas últimas dos palabras un rezo bajo los chillidos de los dientes que se crispaban con las palancas herrumbrosas ejercidas por unas oxidadas pinzas de hierro.
Los años más hermosos de su vida.
Los mismos que darían luz a una nefasta y absoluta verdad, por salvaje, cruda y enrarecida que apetezca parecer.
Emergería de ese esfuerzo, un hombre entero, amoroso, sensible, fuerte. Hecho de sus propios pedazos, abierto a sus propias heridas.
La eclosión que un poeta describiría como un acto de trascendencia personal de un ser salido de su propio capullo, de los hematomas deshinchándose a reventones, del esternón descolocando la estructura ósea y cartilaginosa para resurgir de las fibras como una criatura predestinada a un viaje que recién empieza.
Destriparse es una labor y un camino.
Nunca nadie se atrevería a tener un pensamiento oscuro a su favor o en su contra. Su mirada franca y cálida, absorbería tanto las fauces de la luz como la voracidad de las tinieblas.
Su postura y presencia, eran inigualables.
Recordaría erguido, orgulloso, la constante presencia de su madre durante el proceso de su formación, allí sentada en las orillas de la sala, momificada por su esposo y cuidadosamente compactada en una caja de cristal celosamente sellado al vacío.
La desnudez de su organizada pose respondía netamente a lo más bello de una típica ceremonia de esponsales.
No dejaré que me dejes.
El porte que se respiraba en el brillo de sus ojos al verle andar no daban crédito a ocurrencias mucho más comunes que las de una educación promedio, como la que seguramente también tu has recibido, sumado a una contención familiar con ires y venires nos más infrecuentes que las de cualquier otro.
Y en parte hay que reparar que, a su entender, así fue.
Un origen que sin ser un misterio para abordar, nadie indagaba al respecto.
Tal vez nadie hubiese creído en sus palabras. Tal vez nadie hubiese entendido sus palabras.
Lo cierto era que allí estaba, imperturbable. En su hermoso rostro; estaba la sonrisa primigenia que no dio lugar a esbozar improperios sobre su pasado, sobre terceros habidos y por haber.
Un sabio. Tanto que era capaz de hallar las sin razones del universo, al punto de explicarlo sin deducción que lo refutase, aseverando por ejemplo que: Este mundo está tejido con un punto arroz... con miles de arrozales.
Cuando el amor de un hombre llora en los senos de una mujer, no queda a la vista más que la pureza del niño que es.
¿Piensas que puede haber algo más en esos ojos nublados de lágrimas para ver?.
El amor de un hombre que duele; también llora.
Cual pasito en escalón aire, apuntaba seguidamente, sin prisa, en perpetuo continuo…
Tiémblame la blanda superficie acuosa de una tersura que se desgrana al sentir que la pierdo. Ya no es mía esta calma, y mis intenciones son concretas; ni mía, ni de nadie… pero no puedo sujetarla.
(y no jalo)
Fuego al fuego, que espalda de río no ha de enfriarse por la falta de un beso.

Nunca le escribió palabra, hasta el día que se tuvieron frente a frente.
"Acabo de comprender algunas cosas que me dijiste cuando ayer era tan sólo la pieza de un seno embebido de una infante boca. Un ayer que es menos niño.
Ayer yo era alguien diferente.
No termino sí (fíjate la discordia de esa minúscula ironía) de hacer algo que creo va aliviar una molestia y en lugar de eso, provoca más pesar que el que hubiese querido generar incluso.
Es espantoso doler (pero no terrible).
Que eso afecte el amor que cultivamos por quien nos ama, es imperdonable… pero esa persona nos perdona, no por nuestros pecados, sino porque de otro modo nos sufriríamos a gusto en esos espantos.
El dolor no es terrible, salvo que desconozcas la sensibilidad de tu propia carne.
La duda con desconfianza, la mentira. Creo que me he dirigido con claridad y ahí lo tienes, la resultante es que no.
Mi sentir se cuestiona con profusos surcos de estigmas… ¿Y el entendimiento?, ¿Y el perdón?.
Encontrarse así es irrisorio.
No se trata de un sentimiento de pérdida. Es sentir que un algo se pierde de entre los fragmentos de algo roto.
¿Puede reconstruirse?...
No lo sé.
Espero volver cuando ya no sea tarde.
Dentro y fuera de lo que no será siquiera un recuerdo, no me olvides.
Nunca quise lastimarte.
El amor que llora en un hombre; duele."
Gratitud.
Había superado a su maestro en sus propias artes.
Ahora éste podía permanecer apacible en algún rincón del tiempo de aquellas aguas negras bajo el lecho de su amada, ante el resurgir del hijo, el hombre y su amor, regocijado hasta la bruma... con la cuenca de su nariz sumergida, sin dedos para rascarla.
Feliz.
Sentado en su silla turca; de pie...
y con una sonrisa.

22.8.07

iris cuadrado

De l´homme a la terre d´une délicate et pierreuse femme d´iris carrés.
La umbría de ríos diez veces siete la cordura necesaria para no amarla y una sola para perderla... ella.
Funámbula en las manos ingrávidas sobre el sexo que no es su sexo, en una piel humeante que evita la pestilencia del hombre muerto; el mismo que mata luego de hacerlo perecer en sus senos.
(tirar de la cuerda y ahorcarse a uno mismo)
Dulce de manzana en las falanges y las comisuras... ¿los lames o dejas que los laman?.
Resísteme.
¿Qué diablos es una cuadratura en círculos?.
La cualidad de lo falible. Ser capaces del otro, sin paz.
Iluminada, sus pezones obsidianos destilaban la esencia de un oscuro abismo, un agujero negro, el nutriente interior de las sombras.
No tengo miedo.
No en la tibieza de sus muslos.
Se está quebrando el loto de las mil piedras; ese cual corazón que, sin pétalos, llora.
En la guadaña de la propia carne... porque la carne corta.
Y caen los besos.
Los recogerá una primavera o andarán bordados al empeine de pasos perdidos a voluntad.
¿Qué importa en tanto estén al lado de tus pasos?.
¿Y qué si los pasos son dados con las puntas de mis dedos?.
Por cuanto tu ombligo derroche el fruto que en tu sonrisa se sostiene, prendaré las pasiones, pospondré la ternura, la iniciación de los requiebros, hasta serte intangible.
Permanecerás abierta como el loto de la primera floración en un gibraltar.
No es, no fue y no será.
No sé, no sé, no sé.
En el remanso de tus ojos, queda la forma irresoluble de arrastrar a un hombre hasta la tierra cubierta de los pétalos sobre los que te alzas en puntas de pies... desnudas hojas sobre los pasos detenidos, encontrados, de ambas manos sosteniendo el amor de un amor que se sacrifica, fruto de las heridas, sin ser cazador y mordida.
Muéreme para que sea más fácil creer que no fue más que un sueño.
Entiérrame para al menos sentirte enraizar en los capullos de mis lotos guijarros.
No mires, en lo profundo de mis iris niebla... séme.
Sé.

18.7.07

entrelabios

Despacito muérdeme hasta arrancarlo... despacio, despacio... déjale la cáscara y el sabor a fresa... déjale el sentido de ser una boca obsoleta sin el agua de tu lengua... lento, pausado... que se agite en una respiración eterna y un perfume de licores en el aire...
Cualijera diría que haber mal escrito pude y sin embargo nada hay que retenga tal improperio (devenido de la cosa material fijada y/o amurada).
Eso es un beso.
Que no me dejaste ni flamenco rechazarlo cuando de golpe, tropezón y a tu nombre, me lo zampaste con la anarquía de un quelonio un día de aquellos en que los niños vestimos de fiesta, colores y escuela. Último día de mis días y horas promediadas a la vera de mi cumpleaños, en ese colegio que recuerdo entre viboritas, silencios y diminutas mafias alrededor de un resinoso gomerito, puñetazos, patios enormes y dos críos que a la edad de cinco y seis, ya sentábanse a almorzar con los mayores. Grandes y hondos platos de cerámica repletos de un potaje hecho a base de salsa blanca y espinacas procesadas... deliciosamente horrible. Quien no dejase el plato limpio, perdía su derecho a probar el segundo.
Aquí faltaba siempre un beso y un socorro materno.
Sin soltar la tortuguita -todo lo contrario- no lo pensaste más que en esa duda aquietada al pie de la entrada a de la habitación, un dos pasos, salto y precipitarte encima.
Derribado contra la cama de mis padres, con los brazos a los lados asidos de las muñecas por tus manos, tu boquita quedó tan cerca de la mía que mis labios sintieron los tuyos fruncirse al pegarse y deshacerse en copiosas sonrisas.
Creo que hasta las mejillas se sienten besar en esos casos.
Quedé estupefacto, mudo, morado. Estabas besando a mi propio corazón que de los nervios, se subió por la garganta hasta el descanso del paladar.
Lejos de comprender la perplejidad que me dominaba, sobre la cama, con la mirada al techo, latiendo, mientras te alejabas, apenas y alcancé a enojarme por aquello. Una niña no puede besar a un niño, no es posible, no debe hacerse; ¡Es asqueroso!.
(aún cuando quede una sensación tierna y de entumecimiento agradable en el cuerpo)
Ni siquiera sé si lo recuerdas.
Este es el lado oscuro de los besos.
Como si se hubiese roto la pata de algo, la de ella quedó soldada con pegamento.
El impacto de la caída hizo saltar un poco el esmalte de su cascarón.
(no estabas contenta -pude verlo en tus ojos al mirarme- de saber que era, en cierta forma, un deseo y una despedida que querías llegara nunca)
A veces con un solo beso alcanza para explicarlo, pero hacen falta muchos años para entenderlo.
Tiembla la piel de un café; espumosa se filtra entre los poros del aire, la... en sorbos... recuerdos... añoranzas... infancia... alineando el presente en la palma de la mano la... dos veces ya...
Mientras la espero.
(llega; con él)
¿Acaso yo no me había ido?.
(cada día siento que la amo diferente, no más)
Nunca volvimos a vernos... ¿recuerdas?.
(espero que dónde quiera que estés, sonrías)
(con besos para sus besos, hasta mis ojos la besan dormidos cuando se acerca)
Sigo con el corazón en la boca y ella, la...
Está conmigo.

10.7.07

plegaria de un vudú huérfano

Carraspea el muñequito; hilito de baba, cosido de miel en gotitas, piedras por sangre, flujo errático.
Una secta de golfistas acodados: “Los pequeños godzillas del hoyo nueve”, por esas grialidades de los números, talles y marcas, se encomendaron hallar a su “matías”, este último lejos de ser socorrista o recién nacido, responde a la descripción ya dada.
Traerá la peste y con ella, el frío de su nacimiento hará agujeros fisgones en las congeladas prendas de al menos tres posaderas femeninas que al respirar quedarán indefectiblemente embarazadas entrando en estado de letargo durante la gestación del niño.
Sí, las tres mujeres gestarán a un solo niño... muertas.
La criatura nacerá despedazada nadie sabe cómo... aquí es esencial contar con la miel, las piedras y sobre todo no asustarse.
Si al parir, los vientres rompen fuentes tibios, mas con aliento a vómito, posiblemente una de las cabezas de la madre desde adentro en un arrebato de posesión intente devorar al vástago. Aquí las piedras serán también requeridas, al menos las más grandes, para moler el cráneo de ser necesario. No deben haber dudas; la cabeza debe ser aplastada, molida, o de lo contrario las otras dos también podrían despertar y tres cadáveres sólidos ligados como el cuerpo de una araña, es un enchastre demasiado difícil de limpiar.
El muro que debe erigirse, rodeado de una base acuosa -preferentemente tintas- para confinar el ruego, debe ser adobado con las entrañas lavadas de las madres y las partes óseas de un hombre virgen de edad indistinta; preferentemente el padre del no nato.
Ninguno de los huesos debe estar roto o el niño podría liberarse y la idea es mantenerlo en los límites del muro.
Si naciesen dos criaturas, la que posea los ojos de reamaneceres debe ser sacrificada o, en su defecto, dada a las madres carnívoras antes de pulverizarlas...
-¿Anotaste todo?.-
-Albominable niño´e las paredes, albo de alba, piojo con las tías que te comen crudo, si aparece copia lo hacemos polenta, papá y el huesito dulce, polvo y puré de calavera, monolito corral, agüita tibia, piedras varias, miel y timbre para que se anuncie al llegar... anotado...-
(alzó con urgencia su mano)
-¿Sí?.-
-¿Por qué nos vestimos de mujer?...-
-Porque de alguna forma en el interior también somos mujeres y potenciales recipientes del “matías”.-
-¿Y por qué somos golfistas?.-
-Porque nadie se imaginaría que un grupo de novatos de un deporte de esta naturaleza tiene a cargo una empresa que es la llave para el principio y fin de las eras de la humanidad... y porque siempre es útil tener a mano los hierros.-
-¿Y de veras creen eso del salvador?.-
-Creemos en la plegaria... “Curita asesino de abolengo militar, que bien te quedaba el bigotito pintado con la que no era tu sangre... está llegando nuestro hijo y protector. A tu hora la hora será acaecida. Te alabamos.”-
(santoral inconcluso para una invocación y juicio final)
Una silueta de pronto se fue moviendo por sobre la superficie de la pared. El ruido de un estómago hambriento se hacía cada vez más nítido... una figura limitada por las fuerzas de los huesos se violentaba impotente de estar constreñida a esa jaula en la que sus padres creadores la encerraron.
Extendió la mano estirando la piel del muro, su propia piel, y entregó el libro de Camus... al parecer disfrutó mucho su lectura... comenzaba a helar.
El iniciado notó presuroso que aquel ser estaba excitado, que no podía evitar hundirse en la mirada de su ojo de reamanecer... el asombro de un error que debía ser corregido... antes de que lo notara un golpe seco fracturó su nuca dejándolo paralizado, a merced del apetito abrazo del ser en el muro, quien empezó a degustarlo pacientemente, sonriendo, mientras el dolor lo desgarraba por dentro y lo trozaba por fuera. Todo festín da inicio a un rito, recordó.
Tendido ya a los pies de la plegaria, con el ojo reamanecer restante, observó entre los copos de nieve cómo su mentor era inseminado entre hilos de baba y carraspeos de roca que parecían diluirse entre leches agrias que ardían amamantadas, mientras otros dos esperaban su turno... la voz que se escuchaba tras la pared le pareció la suya; no tenía ni labios, ni lengua para oficiar de orador y sin embargo podía escucharla apagándose, goteando guijarros de miel... por un instante en toda esa atrocidad, sintió una profunda calma; fue feliz en ese escenario.
Matías, había sido un buen caddie.

30.6.07

me beloved one / ice tea killer

Como quien conjura una maldición en el lomo de una mariposa negra te helarás hasta resquebrajarte; ya de amor, ya de su sequedad.
Los hechizos, para asegurar su buen uso, se perpetúan agrupados en voces, seres cuya tarea es la de ser libros, páginas de los brujos.
Su memoria y sangre guarda la magia que hoy, incapaces de leer, tampoco escuchamos.
Ausencia.
A ciegas, en el trance apopéglico de manos mudas, tocarte.
Quiero.
Una lágrima de sudor corre por dentro.
Entierro los dedos en las huellas de la carne; digito a la sombra de una voz que no me es propia, pero me habita.
Este será un invierno corto y de copos emergentes.
Corsarios de un cuello sin camisa.
Alguien.
Quedarme con tu aroma.
[...]
[rodeado]
[una ronda para todo el mundo...]
[endentro de ti]
[...]
¿Y qué ocurre cuando la inspiración no se nos va sino que se nos quita?
¿Qué se quita ella, él, a voluntad?.
Sí; si fuese enteramente nuestra sería un cadáver.
Hiver.
El primero aconteció en doce días.
Perpleja alumbrera que olvida es ella la que traza su propio sendero. Y es ese también en el que posa su luz aunque no sea ella quien la transite.
Estos son los caminos que hacemos para que lleguen hasta nosotros.
[y repite]

23.6.07

penpentié

[coquetería]
Espolvorear las mejillas donde falta la nariz con azúcar impalpable.
Nunca tortita negra.
[prostituta]
Labios corcho quemado.
Beso apátrida.
[mazamorrera]
Cortito y al pie fandangueaba al postrado contrapaso de un andar fantasma.
[muletas]
Anexos de la vida.
[espejismo]
Gajitos de agua bajo la axila que un mocho intenta lamerse para quitarse esa sensación granulada de gelatina al sol mal preparada.
[manantial]
Salivarme de tu boca con la lengua-mano y mojar mi olfato.
[entrepierna]
Debajo, detrás, casi escondido, se asomaba un absoluto.
Podía decirse que era una mujer mucho muy hermosa; para ser un hombre.
[retractación]
La crisis de los pingüinos de este siglo, es que saben a conciencia que su solución de la moda, se estancó.
[tragedia]
Intentar escribir con una bombilla.
Peor aún; sorber la tinta del bolígrafo y degustarlo azul sonriente.
Dentada lucecita boliviana.
Capital de tu geografía.
[mapa]
Capitán de tus mareas.
Junco batido con corbata.
Así hablaba del amor un chino en castellano.
[cariño]
Con tres colitas y sin quijada, podía morder a la usanza de un diablito.
[tenedor]
Tenme esto...
[continuidad]
Alternancia entre lo escrito a posteriori de algo escrito anteriorimenti y qui si lii in isti momenti omitiendo el uso de la vocal sandwich.
Masturbarse sin que nadie lo note.
[invertebrado]
Blanda la cabeza, dormía apilando libros cual almohadas.
al despertar, leídos, los acomodaba en estantes. Uno a uno, reemplazaba los embebidos por otros con las páginas en blanco.
Sueños escurridos entre sueños.
Uno a uno; nunca se tapaba.
[friolento]
A fuego lento, para remover los pelos de la piel, la piel de la carne, la carne y grasa de los huesos.
Limpios los huesos, tallarlos hasta hacerlos cascabel.
[poema]
El aplauso aplasta al aire.
[koto]
Estado de reconciliación y tormenta.
Mercantilismo a cuerda.
[instrumento]
Triste lengua legumbre, apagada, que serpentea siendo sin ser rastrera, resbaladiza, por los alambrados de una escama grisácea y enmohecida.
[piedra]
Lo que hace la diferencia de la tripa al resto.
[cuerpo]
Estructura cablegráfica destinada al consumo de elementos primarios y secundarios para su nutrición y subsistencia.
Eso sí; la universidad es para los pobres, piensa con veinticinco centavos entre la pelusa y el bolsillo.
[sabiduría]
Lágrima alojada en la oreja.
(porque las orejas también lloran)
[semilla]
Y el frío amor de una pizza desconsolada.
[olivas]
Me apena que tu ombligo así de solito se plante triste por querer ser redondo, pellizcado y sencillo, cuando es tan bonito rozar sus cuatro esquinas con el compás de una yema labio.
[irregularidad]
Pendularia no tenía senos, tampoco sentíase hombre.
Un día lo supo -era un ave- al enterrarse de cabeza desde un quinto piso.
Tenía que volver al cascarón o...
[machita]
Madre, no llores.
Muerto estoy.
Cubridme de polen para que las flores no se asusten.
[procurar]
En puntitas de pie para no despertarla, pateó su vientre como si fuese un hormiguero.
Cientos de miles de hormigas brotaron encolerizadas, con la consistencia de lo que parecía y no era un bebé moribundo.
Cada uno de sus poros mordíanse inquietos con sus pinzas.
Sus ojos de hormigas sin embargo, no se inquietaban al dormirse.
[herencia]
¡Córtalos!.
Tomó la tijera y destrenzó sus labios por la mitad vertical.
Era la primera vez que alguien le hacía tan feliz.
[plenitud]
Facturar libre de impuestos.
Si son de dulce de leche o crema pastelera, mejor.
[utopía]
Que el placer sea plausible, un planeta.
Y no saber que lo sea.
Palparlo desde el principio y hasta su destrucción.
[calambres]
Conectar el equivocado con ventosas y plumones...
[apagón]
Mañana por la mañana, lloverá sin parar.
Y tuvo razón, llovió sin parar.
Lo que sí; tampoco volvió a hacerse de mañana.
[tinieblas]
Siempre creyó que el turquesa -distante en trilladas concepciones turcas- era una tonalidad de rojo; como un vino rayado.
Sin embargo no bebía.
[afónico]
Hablaba del otro para referirse a su manera de hablar, y repetía lo contrario queriendo decir lo mismo sin oponer variables.
[descreer]
El amor es para cojos, despachaba inyecto ya de confidencia, ya porque el bobo bombeábale a la mitad.
[celotes]
Dos ombligos tenía en lugar de pezones.
Gestado por tres madres, durante toda su vida, una decidió abortarlo.
Nunca aprendió a atarse.
Que poca raíz ofrece la humanidad bonsai.
[contención]
Cuando los sentimientos está como un cienpiés en escalera caracol.
Tocó levemente el cárdeno tegumento glandular y la sintió estremecerse.
La globosa partitura reactiva de su ser se endurecía entre el pulgar e índice que le latían con diminutas presiones.
Al palpar la erección, hundió uno de los dedos contra el pezón...
[erotismo]
Párpados violines de violines párpados de violines.
Tragicomedia para un solo de cello.
[sin fin]
Alburquerque bonachón y campante, tenerla a tal por alegría.
[renuencia]
Moríame; y se movía como el espíritu de una vela, capataz de una consecuencia injusta de una clase de ortografía nunca recuperada.
Explicar en tercera persona, lo que le había la misma asestado, le moría cual candela seria e incapaz de encenderse.
Fenecía profunda, como cualquier Mariana ordinaria.
Algo similar ocurre cuando le toca calzarse a Nora.
[empatía]
Albóndiga de hombre picado con especias, deshechos y cropitos de topos.
[croto]
Solicitarle a un Oberto que no responde, torear por la parte no cerrada de su sapiencia y que escuche el viento principal del cuarteto sin que piense en una grosería seguida de carcajada.
[obertoire]
A la cosa previa un telegrama.
Homos en sus sedas de negro cigarrillo. Lápida empírica y frenesí filosófico.
De seis en sangre y abrazo mixto, susurrando los humos de su pasión.
Confesión de un secreto vox populi.
Como hombre la mujer no es más que un intento fallido... Un homosexual la construcción ideal.
[duda]
Minifré y el desvirtuar a besos la perfección.
[astucia]
Saber cuándo irse sin llegar.

22.6.07

dueña de esos ojos

Trás la trinchera de lo que parece ser un diminuto orificio, y es lo que nunca vemos al otro lado de un botón, la vida descansa sus frutos mientras, canino, un transeunte perro hace que no se percata de las caravanas de helechos que lo saludan bañados con el sol.
¿Te sorprende?
¿Qué ocurrirá entonces cuando descubras el corazón de un árbol vibrando a cielo abierto?.


La misma emoción que sintieron las manos del abuelo al tenerla en brazos.
Cachorro terrón de mujer.

De este lado de los agujeros; que perro se vuelve uno ante las caricias de un helecho, atrincheradas en los frutos de su árbol corazón.
Que quien ve y no se ve, halle al amor tomándole las manos.

a C.S.F.
(gracias Charol)

19.6.07

continuidad

Deshoje.
Dos ojitos nariz redonda y una pera monroe sin trincheras.
A esa hora pasajera libre de miedos con un centavo calavera para salir del infierno lo lanzó tanto tan lejos de su travesía morfológica como le fue posible hasta enterrarlo desde el trazo filoso en el borde de la ranura que los nervios respondían a la carne cuando insertada, la moneda ardía mientras todo la rodeaba y era ella quien giraba a cara o cruz sin que nunca la llamaran cristiana.
Pureza.
A esas horas en que la mirada se cierra tras engullir y masticar los ojos de los relojes, también se toman prisioneros a los ángeles que desean la muerte estrangulándose unos a otros con alambres de púas. Carceleros de sus temores, cada quien asila a un ángel dentro.
Nariz redonda en un par de tetas que huelen a ombligos gemelos rodeados de un finito cálculo, por lo flaco y sapo de su condición; la misma cuya falta de ingesta, le abrirán para alimentarle consigo mismo, aunque con ello no acabe de explicar cómo llegar al mismo resultado de la hora mordida o la pasajera arribada y sin destino.
Cualquiera sean las horas, lo inesperado acontece con distorsionada precisión horrorosa, librándonos al mal que cada cual es capaz de engendrar hasta detener las agujas justo en las coordenadas cenitales de una gota de sangre..
Los números, sintómatas de lo inabarcable, lo saben; por eso se esconden.
¿Qué hora tienes?.
Ahora pregúntatelo con aquellas que nunca más tendrás, de aquellas que te arrepientas, que supiste te arrepentirías... que lamentas.
Ahora lame las que te quedan y no te alarmes.
Virtud es ignorarse de vez en cuando en un lapso que la sabiduría se confunde tras cortinas, como un acto de estupidez.
Un primer acto.
Como quien se guía con segunderos de flor hasta que la redundancia se atora hasta inmovilizarse.
Lo detienes -no importa por dónde- pero lo detienes.
¿En qué momento todo se aquieta a voluntad?.
Cuando lo sueltas... ¿Cuándo lo sueltas?.
A esas horas que se apagan bostezando entre lagañas, suspensos latentes. La nariz redonda y la nariz puntuda en escuadra de siete espíritus lo presagian puntuales.
Nada se detiene, aún cuando se detenga.
Cualquier percusivo coqueteo y pretensión es la pantomima de un universo al cual ninguno pertenece.
Por mucho que creerlo se quiera hacer amar. No deja de ser amado y por mucho menos se lo olvida.
Nadie es imprescindible.
Pero sin ti, esta vida es simplemente un engranaje del tiempo.
Sé mi partida y llegada; el mecanismo de mi piel al sentirte con el amanecer.
Aunque las mañanas se hagan noctámbulas en nuestros pasos.
Despierta conmigo.
Detenme. Tropieza.
Para cualquier noche de pesadillas cuyo final se acerque con cegueras de un cielo despejado, dispuesto a atentar contra el mayor de mis miedos y con el cual le haré frente, estaré.
Acompáñame a estarte en lo que dure un para siempre.
Duerme.
Que yo guardaré la moneda calavera, al carcelero ángel que llevas dentro.

15.6.07

inflammatio regina

Tú y tus huesitos tú, clavicordes parnasos de flores tonales -miel de avisperos pellizcos- agravadas por la acerada templanza de un alegre cuerpo verónico, enredados en una torpeza tierna que anuda mi lengua al paso y bies galateo de su musiquita; paso ne, punta me, taco quitte, cruce pas, pad de pied et improvisais... piano piano, cara mía.
...el amor no se hace sin querer.

14.6.07

session #8

(la anarquía de un paralelo vinagre)
Anarit entró viendo que su paciente ya estaba dispuesto en el diván.
Se saludaron cortésmente dándose la mano como era habitual en ambos. Desde ahí, lo que vendría iba a ser atípico para los dos... tal vez más para la secretaria de Anarit.
-¿Algún progreso esta semana... cómo resolvimos el tema del frío?.-
Bueno, por el momento lo de siempre; soplo la cucharada de helado antes de llevarla a la boca.
-¿Sigue odiando a los relojes?.-
Mucho. De los cuatro que tenía en la habitación, uno se quedó sin baterías.
-¿Hizo la tarea?.-
Mmm... sí.
-No parece estar muy convencido. A ver, lo escucho...-
“Me llevó tiempo entender la consigna, creo, pero me dispuse a escribir lo que surgiera -como me dijo usted- y en un punto me vi reflejado. Esto es lo que estoy escribiendo en este momento, esto es el puro pensamiento en bruto, más allá de una encomienda. Quisieras ser una roca, quisieras extirpar la mirada ajena. Ahora, a ti mismo, dime algo de mi que aún no sepa... tengo hormigas en el baño que disfrutan llevarse pedacitos de grasa de mi cuerpo... eso ya lo sabía; dime algo más... no leo diarios ni revistas, no veo noticieros, no escucho noticias... vives en una burbuja... no, simplemente no es algo que modifique mi existencia...
¿Y eres esto?... ¿preguntas si soy el mismo que se echa a tomar siestas en la alfombra de su habitación rodeado de papeles y lapiceras con anotaciones sueltas?; sí, lo soy.
Hasta hace poco creí que tenía una tolerancia al dolor por encima de la media. La tengo, pero ella es más fuerte... ¿ella?... ya sabes quien es, no hay necesidad de nombrarla... ¿la quieres?... esto no es parte de la tarea... no se supone que lo sea... no voy a desdoblarme teniendo un diálogo conmigo mismo por un ejercicio para sumergirme en mi mente y cumplir improvisadamente con una presión de un agente externo que me pone en esta diatriba...
Ayer vomité; creo que me hubiese disparado en la cabeza para descomprimir el dolor.
Mi piel descomprime así la sangre a veces; si se la aprieta.
¿Y esa cicatriz en el entrecejo?... Ahh, me la hice... ¿Con qué?... No, no. Me la hice yo. Con los dedos... ¿Y no te dolía?... Sí... ¿Tienes más cicatrices?... En la rodilla, en la mano derecha, en uno de los meñiques del pie, pero no recuerdo cual; en la espalda... ¿Quieres hablar de eso?... No.
Aquí -sigo escribiendo- hice una pausa porque lejos de tener un bloqueo, sentí que se me había caído un muro encima; una muralla que- -
Cuando escribo en casa uso biromes BiC de trazo grueso; azul y/o negra... ¿No otra?... No.
Hace un buen rato que no leo cuando viajo. La peste, a propósito de las enfermedades que se pescan en ciertos medios de transporte, todavía no lo terminé y ya empecé a leer El Arte de La Retórica de Aristóteles. Es un buen libro. Saber cómo dirigirse a alguien con la elocuencia y elementos suficientes, conocimiento, para persuadirlo es fascinante. El hacerle creer al otro que fue él quien tomó una decisión que de antemano, fue uno quien la dirigió... este el lado más oscuro, la manipulación... ¿Cómo no sé entonces si esto no es un juego psicológico?... ¿Cómo va el trabajo?... Bien... ¿No estás feliz por tu viaje?... Creo que los demás depositan más expectativas de las que yo demuestro... a lo mejor se dio en un momento donde a mi corazón no le importa tanto eso... no es un sitio que conozca, pero he viajado a pequeños paraísos que es posible nunca vuelva... ¿Y entonces?... y entonces es su nombre el que vuelve... ¿Consideras un paraíso el acompañar a alguien que está muriendo?... No lo sé... es algo difícil de reducir a palabras... ¿Te gustan los niños?... sí; disfruto mucho viéndolos. Las oportunidades que he tenido para relacionarme con ellos, me siento muy bien; a veces más que con un adulto. No hay complicaciones, no cuestionan el afecto, el por qué uno hace cosas que para ellos son naturales, espontáneas, obvias... ¿Te molesta que no te den afecto?... Me disgusta que se cuestione la naturaleza del afecto... Me afecta, ya sea que me entristezca o me de rabia, que llore o me escude en una risa burlona; me sacude... ¿Y?... y eso; no voy a ir por la vida como una marioneta viendo hasta dónde tenso los hilos de mi sentir. En ese aspecto doblego a mi destino... Nadie puede ir en contra de su destino... Yo sí; y eso lo confirman los niños cada día con su espíritu y soltura, con su juego. Lo confirmo al confiar en alguien más allá de los resultados; lo confirmo llevando una golosina a una persona a quien quiero y, por su estado de salud, con justa razón se encapricha (con esa ternura de los niños), me dice que no quiere (que sí quiere, pero que no se siente bien como para) y yo que me siento un tonto desubicado (y ella que me dice todo lo contrario). Acto seguido, termino comiendo el chocolate mientras reemprendo la marcha por donde había ido... ¿Qué significa eso?... Que no puso en tela de juicio mi obrar, mis sentimientos... ¿Pero nunca te equivocaste?, ¿Alguna vez no correspondiste a un corazón de esa misma manera?... Varias veces cometí errores y también herí algún corazón casi hasta romperlo; no es algo que me enorgullezca... No conduces, bebes y fumas con muy escasa frecuencia, el fútbol no está dentro de tus aficiones; ¿Eres homosexual?... No lo soy, aunque hay quienes si lo han pensado o lo piensan. Algunos me lo han dicho... ¿Y qué te completa?, ¿Qué te hace sentir vivo?... Este pequeño punto del universo, este momento que, de poder hacerlo más pequeño, tendría el tamaño de un ombligo aún sin nacer; su vocecita prendada a un lado dentro de su corazón, cada vez que presiente al mío cerca... ¿Ella?... ella... ¿Y si no es ella?... Me lo hará saber haciéndomelo sentir de esa forma...
¿Eres higiénico?... Limpié el teclado de mi computadora; por dentro y por fuera, pieza por pieza, quitando cada tornillo... No contesta eso a mi pregunta... No, no soy higiénico, pero me lavo y me ducho a diario... ¿Eres ordenado?... Hasta que el orden se convierte en un laberinto y no encuentro lo que busco...¿Mientes?... No mucho. Lo hago muy mal, no es lago que me guste... ¿Haces las cosas que se te piden que hagas?... Intento hacerlas, sí. A veces no las hago tal y cómo se espera que las haga... Si un lugar te resulta incómodo y te sientes mal, ¿qué haces?... Me voy. Si me quedo con ese malestar y no me voy, posiblemente me descomponga, me ponga de malas o me desmaye. Es probable también que, volviendo un poco a la pregunta anterior, haga las cosas a disgusto o, no haga y/o deje de hacer las cosas... ¿Y si fuese una persona quién te hace sentir mal?... ¿Sólo mal?... Es cierto, ¿Si no te hace sentir a gusto tampoco?... Haré lo posible por irme pronto... ¿Has estado entonces en lugares que no te agradaba estar o con personas que no te generaban compartir algo, y aún sintiéndote mal, extraño, ajeno, falto de interés, abrumado; te quedaste?... Sí; ¿qué imbecilidad, no?... ¿Crees que eres un imbécil?... ¿Crees que me lo creo?... No... Que bueno que pensamos lo mismo... ¿Piensas que te hace falta ayuda terapéutica?... No es eso lo que busco. Busco una guía, elementos que me permitan hacerme de herramientas nuevas cuando me hallo fuera de mi eje en términos de haber perdido el rumbo... ¿El rumbo?... Sí, sentir que moriré solo, en la calle, completamente loco y olvidado por el mundo... ¿No es un tanto exagerado?... Cuando se piensa eso a los diez años con un cierto historial familiar que a futuro se carga de otras imágenes y sensaciones, de historias, verdades y engaños; ¿es exagerado?... ¿Hablas solo?... Sí.... ¿Hablas contigo mismo o con otros?... Las dos cosas... ¿En lenguas?... Incluso en lenguas que no existen a las cuales les agrego el lenguaje del cuerpo... ¿Hablas con dios?... Le hablo a algo u alguien que está arriba; podría ser simplemente que le hablo al techo del ambiente en el que me encuentre o a una rama o cúpula cuando estoy mirando al cielo, o a una nube. Y le hablo, le despotrico... ¿En lenguas?... A veces también en lenguas, sí... ¿Y responde?... A veces responde o respondo por él, no lo sé. A veces la respuesta está en mirar a los lados y capturar algo que esté sucediendo. No soy muy creyente; suelo maldecir bastante... ¿Mucho?... Lo suficiente como para que no me importe si quienes no valoran la vida, se mueren o se matan; los mueren o los matan... ¿Te crees a la altura de esa afirmación?... Sí, tanto como sé que podría asesinar a alguien con las manos... ¿No despierta miedos una afirmación así?... Es posible... ¿Y no tienes miedo de eso?... Sé que nunca estuve envuelto en peleas o sucesos de violencia; no me gustan, no me interesa participar de ellos, no los busco ni los promuevo. Nada de eso quita que sea un ser sumamente violento y refinado, que si pierdo el control y llego a esa última opción, no la utilice... ¿Refinado?... Sí; saber instintivamente dónde dar el golpe para efectivizar el sufrimiento y no malgastar energía. Como el lobo que sabe dónde morder para paralizar y matar a su presa... ¿Sigues creyendo que tienes veneno en la sangre?... Mi sangre es veneno.
¿Y cómo se puede confiar en alguien que puede desencadenarse hasta demoler paredes, que es capaz de hundirle las costillas a alguien a patadas?... No lo sé; no soy un salvaje, no soy un matón. No tengo un instinto primitivo o de disfrute sobre el dolor... ¿Esto es algo que mantienes en la esfera de tu interior, en lo profundo, para que nadie lo sepa?... No nadie... Pero entiendes que no es algo que se suela comprender... Es algo como el cuestionar por qué uno se brinda a corazón abierto y confía, o por qué se nos etiqueta con motes y personalidades y cualidades... ¿Por ejemplo?... Creer que soy inteligente, culto, intelectual... ¿Y no lo eres?... No me importa. Verme con lentes, usar cierto vocabulario al expresarme, razonar, construir esos razonamientos en base a sentires, personas, momentos, leer libros; nada de eso me hace intelectual... Pero es un reconocimiento... ¿Basado en qué?. En que me lo dice alguien que cree que se conoce por completo y tal vez tenga mi edad, o en alguien que cita y parafrasea la versatilidad de pensamientos de otros?... ¿Eres soberbio?... Creo que hay verdades absolutas las cuales pueden ser transitadas a lo largo de sus extremos... ¿Eres peligroso?... ¿Es malo serlo?... ¿Qué es lo que sabes con absoluta certeza?... Que moriré y no pienso volver... Eso último es un tanto espiritual, ¿o no?... ¿Y qué si lo es?. Tengo espíritu. Nada tiene eso que ver con profesar una religión... ¿Escribes entonces un poco como endiablado?... ¿Poseído?. No lo creo. Eso me hace reír... Se dice por ahí que nunca escribes de ti, que nunca estás en las historias que cuentas; y hoy estás aquí... ¿Estoy?... Disfrutas el sembrar dudas... Disfruto.
Retomando un poco algo vinculado a los niños y a aquel niño de diez años; ¿crees que algún día lo...?
¿Qué lo veré de nuevo?; no lo sé. Creo sí, que no determina quién soy y cómo soy hoy. Desearía que esté bien y que sepa que estoy bien, que sepa que alcancé algunos de mis sueños, que los estoy viviendo, que han surgido otros nuevos. Que vea en el hombre que me he convertido y se sienta orgulloso... ¿Y el no hacerlo no te limita a seguir adelante?... No, no lo creo... ¿Y si fallece y no te enteras o te enteras demasiado tarde?... ¿Tarde para qué?. Que tenga ciertos deseos, no significa que no haya resuelto cosas de mi pasado con él, con la imagen de él en mi mismo y por ende, conmigo mismo. El, aún en su ausencia, ha estado presente como padre; ya por la falta de presencia concreta, ya por las huellas en mi dejadas... ¿Te pareces a él?... Un poco... ¿Tienes buenos recuerdos?... Sí... ¿Y lograste encontrar el equilibrio con los malos?... Sí... ¿Lo perdonaste?... Desde el primer día que sentí que no íbamos a vernos más... ¿Y no lo verás más?... No lo sé... ¿Crees que serás un buen padre?... Mi deseo es que sí, aún cometiendo errores. Quiero seguir creciendo, dar lo mejor de mi; ser un hombre...
¿Y cómo pasamos de soplar el helado a esto?... Como de la boca fresa al beso lexington sobre un mapa y dos cuerpos... París... et la parisiene Japon aussi.. finales... raíces...”

-Muy bien, hemos concluido por hoy. Noto un progreso en el campo de la autointrospección muy productivo. Me alegra mucho.-
Gracias... Ehh, ¿doctora?...
-¿Sí?.-
Tome.
-¿Me lo va dejar?.-
Es que, algunas cosas ya las conozco, otras las fui conociendo. Escribirlas me abrió otras variables y a lo mejor a usted le dan también una perspectiva diferente que pueda ser útil para los dos. Algo que a lo mejor aún no estoy viendo con claridad o no quiero ver, no lo sé. Quiero decir, su lectura seguro habrá de ser diferente a la mía y seguro aportará algo positivo.
-¿Me podría explicar cómo es que es así, con esa calma que pareciera que nada lo alcanza, que pone todo a distancia y sin embargo...?-
¿Qué todo me traspasa quedando algún resto -esquirlas- dentro y fuera de mi piel?.
-Sí.-
Sólo aquello cuyas cualidades y propiedades, por su naturaleza, y me atraviesa, queda sembrado en mi piel y crece. Sólo aquello en la medida que yo lo permita.
-¿No pone límites para no dañarse, no sufrir?.-
Usted sabe que sí. Lo que no hago es oponerlos.
-¿Me deja decirle que es usted “un loco lindo”?.-
Jajaja, eso podría dejarme secuelas, jajajajaja... Yo también la quiero, doctora.
El paciente se fue satisfecho. Mismo la doctora al salir del consultorio. Había sido un día fructífero.
Al salir, ni la doctora ni el paciente se percataron de las muñecas de la hija de la secretaria, que esperaba a su madre. Ajustadas, con unos puños de volados que parecían estar cubiertas por capullos de jazmines; la perfección que dan a las manos la fuerza para graciosamente vencer a la gravedad, ocultas, ansiosas... así permanecían aquietadas sus muñecas.
Anarit tardó en reconocer que la hermosa pollera roja de su secretaria, era la misma pollera blanca del día anterior; que hoy, con la hija estrangulada en el toilette, goteaba.
(en Francia también se puede morir por cualquier cosa)

10.6.07

honores

Se me hace carajitos la boca al desabrigo de tus albaricoques.
(¿me permites esta pieza?)
Perdona que hoy te haga trizas. Que te cubra con las paradojas que me circundan cuando lejos de ser un silencio en mis ausencias, una parte de ti me arranca.
¿Por qué habría de sentirme como un hueso roto atornillado a una muleta dentro de tu pecho?.
Claro que no es tu culpa.
Claro que te perdono.
Minado de besos falsos, te busqué... y dí contigo.
¿Por qué empecinarnos en crucificar las pasiones?... tienes razón; porque es cosa puramente cristiana.
Y no soy más que esto... apesta la idea de sólo no serte.
¿Por qué quiero algo mejor para tu vida?.
No te acerques. No des ni un paso.
Escribo en cada parte de mi cuerpo el nombre dado por los doctos. Tú no estás allí, pero subyaces.
En mis manos palpita el aliento de tus caricias, tu tobillo inhábil por fuera de las sábanas durmiéndose.
Idiota.
Sí, tú también.
Tener una canción sin ese lado de sonrisa que la endulza con desafino.
Me estribas mordiendo desde dentro las paredes de lo que no es tu esencia mientras la mía penetra como un veneno... y no me dejas salir, me hundes friccionando tu lengua en lo que un solo sabor hace la diferencia; gusto y carne viva.
Detesto la delicadeza de tu paladar. Aborreces la presión de mi mano en tu garganta, pero te excita la asfixia.
Mis pulgares presionando, masajeando tu cuello. Y empujas las mentiras, chocas tu vientre con la intensidad elemental que una embestida supone... me besas cogiendo; vestida.
Soy tu hembra.
Llegamos al equilibrio, al cuerpo sostenido únicamente por los dedos de los pies.
Gravitamos dentro del otro.
Eres lo que me hace dejar de ser sólo esto, recibirte en brazos, con la memoria que tu perfume deja en mi.
Insistes en afirmar que no contesto cuando preguntas “cómo me sentiría sin tu música...” Que en lugar de eso respondo a la manzana de “qué sería de mi si tus labios fuesen la piedra de otro hombre labrado a tu semejanza.”
Te sonrojas acongojada al escucharte darme la respuesta.
...sabes que esa pregunta es la que a ti te has hecho al hacerme trizas.
¿Significaría esto que traspasamos la sonoridad de nuestras cuerdas?, ¿Qué, sordo a mis razones, te haces aullido de un sentimiento no nato aún?.
Tu me tensas con la paciencia de un hilado.
Nada hay de amor aquí. Al menos nada que no dudemos con complicidad.
¿Cómo no arrancarme a ti entonces, cuando haciéndose carajitos tu boca, mis duraznos reducen sus paradojas a la presencia tibia de tu pecho?.
Sostenerme con tu propio peso y que no te quiebres.
También esto me abruma cuando no me sucedes con las preguntas y el desquicio al que no terminas de acostumbrarme; y te quiero.
Tanto como para dejarte ir si te hiciese daño. Si tu así no lo quisieras, conjugada en frialdades que pudiese ocasionar incluso con el enigma del roce sin el sexo; sin el susurro de tu voz durmiente en el descanso del antebrazo de la mía.
Desfibrilado, saberte ajena me elevaría al hartazgo de la cordura; me vomitaría a mi mismo abortando toda esperanza de vida.
Ampárense los cielos de un hueso corazón llorando, latiendo hacia adentro, si alguna vez no es mi naturaleza la que despiadada camine con sus tacos por mi espalda.
En un sitio existes; eres tú, y tienes miedo.
(de mi)
¿Lo sientes?.
(haces bien)
La yema de mi dedo desde la clavija de tu nuez a la caja de tus ombligos. Instrumentos de tus emociones; tiemblan.
De cuántas formas y con cuántas manos puedo interpretarte, es equidistante al fruto con el que dentro, me alojo abierto a desgarrarlo con tu permiso y placer.
Con una nota que pudo nunca dar origen a una melodía, tú -sinfónica- eres inevitable; un accidente.
Tú.
Si no lo fueras; prendarme desenfadado a tu loba mejilla sin una canción, no sabría a ti, que es a lo que sabe una cereza animal capaz de degustarte con sus pulpas.
(¿de quién más serían esos besos si no?)
(¿no lo sabes?)
(carajitos)
Entonces no sabes con quién estás bailando.

7.6.07

happy endings (from you)

Cerca del pulso ventral, pagrón del miedo y el amor, sentose sobre el regazo de una ella mucho más grande, dejándose acunar con la ternura de una pereza lúdica.
Como los muertos, estábamos bajo tierra.
Lo que un botón le llevó quererme. Jugar con su mano en la mía, sonreír de reojo. “¿Quién será este sujeto que no conozco, que sé no me hará daño alguno?”, me pregunto si habrá pensado... y no; la pregunta era innecesaria ante su alegría.
Lo que un botón... tanto así, que con un dejo de tristeza al tercer paso de la despedida en sus ojos, susurró a la ella más grande: “Uh... se va.”
Sin nombres... típico en un servidor y sus mutaciones.
En cierta forma, me quedé allí enterrado en un rincón de su corazoncito.
"Contemplar mueve a sentir. Escuchar mueve a sentir. Meditar mueve a sentir. Quien camina siempre con prisa pierde la oportunidad de contemplar, de escuchar, de meditar; pierde la oportunidad de sentir. Y quien no siente, tal vez, no vive."
Si hubiese podido descifrarlo antes, si esto hubiese podido convencerla.
Pero... ¿cómo habría hecho para leerlo de mi propia piel?.
Cuando el ser amado se convierte en un “tal vez”, uno ha hecho un recorrido que a veces, al llegar a cierto horizonte, preferiría no haberlo iniciado; hasta que es uno mismo quien se encuentra sosteniéndonos en sus brazos... confiándonos que el bien de la herida por el bien mismo, existe y se siente; no existe, ni se siente; a menos que hayamos sido nosotros a conciencia quienes la provocamos, la inflingimos.
Y cuando la piel que habla es ajena, con grado de pertenencia (esto es, que le somos, nos guste o no; a lo que no hay cabida para esto último porque es por entera amorable), cada bocado con el que nos medita y pasea hasta perdernos, brinda una oportunidad que nos vive dentro y hiere, como el ojal de un botón.
Narraba, mientras tartamudeaban sus anteojos, la epopeya de aquel imperio que es ella misma (y no la ella pequeña sobre el regazo de la ella más grande, ni tampoco la apenas mencionada).
Dejé mi pulóver sobre la cama, mi pulóver preferido, lana pura, nada sintético, sólo lana. Tejido a mano especialmente para mí.
Lo encontré tal como lo dejé, salvo por los dos enormes agujeros que hacía unas horas no estaban.
Creí por un momento que un alien pegajoso moraba en mi casa, debajo de mi cama. Lo busqué por todos los recovecos, lo busqué sin hallar nada.
Luego pensé “será una laucha muerta de hambre”, me subí a una silla, miré desde arriba, me bajé arrastrándome por el piso, busqué por las hendijas más finitas: nada.
Ni rastros de alimañas extrañas.
Opté por creer en las polillas: las muy guachas se esconden como ninguna.
Ahora me siento observada.
Las gafas se le encorvaron ante una visión un tanto obturada. El interlocutor no acababa de comprender lo ocurrido, la travesía asombrosa que ante él se presentaba. Y se repetía buscando la sensatez:
“Contemplar mueve a sentir. Escuchar mueve a sentir. Meditar mueve a sentir...”
Era asombroso ver aquello. Verla toda ataviada con un vestido enteramente confeccionado por polillas vivas... y que no lo notara.
Estuvo mal de mi parte no decirle que sentía lo que no sentía.
Me sentí culpable por pedirle rescate ante la seguridad de obtener una cuerda que me salve. Había sido muy cruel aquellos días, sentí demasiada vergüenza ante mi estupidez. Guardé el orgullo bien doblado en algún lugar de este espantoso cuarto para hablarle. Dolorido de felicidad respondió con tanta entrega como pena.Por más de dos horas de absurdo insomnio soportó las quejas de un falso amor que le había quitado algo con lo que “tanto” esfuerzo él había forjado.
Color sin nombre bostezaron nuestras almas, eran las dos de la mañana, decidimos irnos a dormir. Previa entrega al aletargado reposo confesó prefería matarme a que le cause tanto dolor. Lo recompensé con el desfallecer blanco de mi mediocre amor. ¿Será suficiente?, murmullos deshidratados de mi ser noctámbulo.
Y allí también, en silencio, nos observan.
Era su piel la que crepitaba bajo las polillas que se inquietaban.
Y se opuso a sentirse así.
Desabotonada, una nube de insectos rompió en vuelo hasta revelarla. Toda ella un tránsito de sí para sí misma.
Y uno, simple testigo de su hermosura, a veces quisiera ser un pedacito de lana.
Entonces lo supo, entre lo sonrojos de sus dos pequeñas tetas, el hechizo de su furia malhablada; sus pasos cada vez más cercanos a los míos, inmóviles.
Ojalá no te dolieran mis brazos,
ojalá no te pinchara mi vientre.
Ojalá pudiera mostrarte el círculo
que se afirma detrás de mí.
Ya estoy acá: ya estoy.
Ojalá te quedes en mi calma,
húmeda de selva y rocío.
Ojalá puedas leer mis párpados,
ojalá escuches el silencio de mi sonrisa.

No pude oírlo... me estaba besando; y sentía entre los labios su sonrisa.
Latía desnuda, con la incertidumbre de un recién nacido.
No hay vuelta, no hay inspiración: no logro decir lo que quiero.
Si estás ahí, si me estás leyendo, tal vez entiendas, como siempre. Creéme: quisiera darte palabras mejores, palabras más hermosas... Sólo puedo darte palabras verdaderas, de esas que se empeñan junto al honor, mano en pecho, sabiendo que, de perderlas, nada más queda.
Callo.
Y calló...
-inspirada entre respiros, suspiraciones-
...la estaba besando.
(sus labios, desenredados, de nuevo se sonreían; como convencerla de probarla con palillos japoneses)
(la aliteración de dos vocales, hace toda la diferencia al observador)
“Quien camina siempre con prisa pierde la oportunidad de contemplar, de escuchar, de meditar; pierde la oportunidad de sentir...”
Ahora igual, latidos de por medio, con la métrica de un hai ku... aunque me duela.

Estábamos ahí, aquí.
Que tristes tres pasos sin botones hubiese sido que no dolieran sus brazos, ni los aguijones de su vientre.
“...quien no siente, tal vez, no vive."
¿Hubieses, como entierro ahogado, lastimero, en pupas de polilla, preferido que me cierre a tus heridas?.
(leeme... vuelve... las heridas lamidas me llevarán a los párpados de tu silencio)
Dime cuándo un beso se sufre...
El absurdo sería que quien aún crea que esto es por completo -absurdo y- acerca de dolerse para que el otro duela -matices- repare al menos que, de ser así, recién acaba de empezar a hacer su tarea.

Gracias a:
Dédalus, Manón, Anabella, Charol y La Co por la autoría de su aporte y participación.

29.5.07

gripa

[a primera vocal por accidente puesta cardinal y sombras de insectos que parecen estar allí]
Dime por qué antepaso, urraca madre, dejaré en el corazón un pozo y para qué...
[purita purista]
A los venenos de cada pedacito sangre les rezo, rabiando por una herida de amor.
(si no tuviese esos cosidos, no sería el buen perro que soy)
Anida tantas venus vuelta urdimbres, al aliento de un sueño dolido.
[en su fiebre, soy quien cuida de sus alucinaciones, bebiéndolas con los ojos]
El miedo estómago lleno de sus palabras...
[dormir ya no es lo mismo]
Para el miedo suficiente que seas capaz de mover, la herida perra de un amor mordido sangrará relicarios tantas veces oraciones, piel y piececitas de ese vacío quieras con tu veneneno contener.
[cava hondo]
Hasta la siesta en que esos miedos te hagan sonreir.
[irresoluble, mejor hacerse agüita hasta llover el cuerpo]

21.5.07

güerecete enque trompilan pompedancias

Desembelló yuso suenceledor calatalítico conshama por crucecita cientosién crucecita por guegulable.
Invisionaba mumontones de sombrilladuría avocachada cualespitargo dedé celosuntuoso estrellodo brónceda embustuoso.
Cómo cadénulas olfagaron las trastras dela gregitación que denonón intronar endella, dijerían losellos podoctos y comecudos quella los endenó absorderamente moqueriendo alientarse dellos, fandarlos própidos.
Casoque endorbósu anatomería plasmempastulada alalá ideografitez duna vocesudita apalabarabada.
Todonteél estábula manuscritéritamente tendifoliado nel cubito plano dun patito patio isín pastel.
Lalé pipeteó hastasí extrabicionarle terés oseznas zonzas dedodé amargumen gram grum grün... riz.
Avuantó impudente.
Le piepatito resfaltante sapeaba airodeado dedidando flopes yuxta flopes gargareados, mascon parchepatez.
Engunclillose ayudiado crucecita por sudesú para desudé recupirante quele viaba enraro alas orbitancias humorendas dedudé humeritos anqueún vapodor ombustio.
Ordonaba jibacabuses suysú recordancia antelacuán grupar voliciaba manfistando incordigracias dedudí cruengrudictos alparestecido degnecir: Vocecito nació machito de ambas madres.
La ilocudancia resurrecta afilarmaba quelargo malanda crucecita por orijitarle senas mornersas morroneras dabrotorarse talplante taldés node partiturar lapal patriarquitud deminada no crucecita por papases, sinonco crucecita por la vocabulargia.
Esenoséra Vocecito, tampero unera quelofue detoreado ne lavitorisionidad; daríodarío.
Novedales epidélmicas encendencitan terrunchos apidérmimostáticos ende lhimnolemático resarante:
Muramos alingrupista crucecita por laslas lateralias delas solpapadas dapas sal, e llagamoslé cuellellito.

Bestiotes pensionaba apropinarle centavialmente algujita quedidarle juegüito alas ovillunas oscurecedes necedarias esu lengumbre concorazón manisí al olvilio elos corduros.
Sile horripileaban deleoyirlo.
Vocecito postergado crucecita por elqueende subrefuge altramendo dentoso fuegnosis, tabóseo aterrazado detetitas alamor o crucecita por alamor desdesuya alella; laquesín sinenceledor lohojeó leyidamente, ilé encarrivó labiolumbogiatalmente lotodo queún otrolabio embruta aharecer embrutar...

Un cuello que te muerda a orillas de un árbol magnoliófita y hieras,
derramando gotitas en los hervores de un río sangre.
Una flor, tu pasión;
movimientos, arias...
un estado, y la posesión.
...meumarie.

La lengua oscura de un arroz que florece y comprendes si dejas que para respirarte, te absorba.
(sativa)

Dendella elsu manicorazón proverbiteje desarbrigado entrelocerpróssimo, aljado e aguagujita.
(filos)

12.5.07

prospectos

Faro, faro, faro... Presentenmé oreja que viá hacé lucerito a sus aparelgias aquejidas por turnamento e individualirad. Repito; no se avalanchen pa´ elucubrar, que ando medio torito... yo, no hablo en loco... tengo matrícula.
Delimoneando fiebres con manecita de cuerda y reflejos de pez martillo entre diente y diente, así academiciaba con ciencia el curandero a los incalmos que esperaban matinales para consultarle oponiendo codo contra codo, entre también diente y diente.
¡Ajos para que los quiero!.
La fetidez bucal de la señora que le tenía enfrente con su lengua afuera, mordió la paletita ruborizada astillándola en una fractura que le encogió las mejillas hasta la sangre de un huevito y un deseo.
¿Cómo vivir siendo alguien sin traer el aliento de alguien adentro?.
[¿tú qué palabras detestas?]
Mientras lo piensas, mientras tanto de los tantos, y a propósito de algo que le provocaría picazón al galeno (entre una serie de cosas que cu sí, acontecieron para moqueo toraz de un ser reflexivista lejos del que uno quiere ser entre dedos y puntas de pistolas que amenazan que lo sea o si no, sí cu que; quisieran lo sea para evacuar la siguiente duda más allá del parentesco y el huevito).

¿Qué es el abandono?. ¿Es sentirse perdido o, estar perdido es mejor que sin rumbo hacia un lugar que puede ser alguien?... ¿es posible entonces que una persona sea abandono?.

Si un defecto tiene el hombre es hacer su existencia tiempo en lugar de vida. Esto no hay medicina que lo cure ni ralladura de luna con trombón a la vera de un té de cuadros quietos, quietecitos, como piernas diablo de dos décadas en el festín de una cacería acuclillada en el aire a mediados de unos tobillos lanínidos y abrigados al desnudo de una golosina observada sin microscopios.
[cuando algunos males se curan viendo fumar a una mujer satélite]
[pero moderación; las hay a quienes el caos les viste entre los mismos humos que de envolverte, ya no sabrás si es la niebla o sus piernas]

A mi no me vengan a pechear tosesitas mediocres... basta´e delirarse. Yo he curado pestes más postes que estas y nadie pudo morir sin contradecirme, ¿estamos?... el que sigue.
[operar con el susto es una buena anestesia]

¿No le duele aquí?... ¡Ay, que lástima sin dolor!... ya hasta ni eso se disfruta. ¿Cómo pretende conocerse si evade las virtudes a las que su cuerpo reacciona?.

Bestia entre lo parásito y rastrero de un estornudo por venir, muchos intentaron aventurarse a jugar con la vulgaridad de sus pensamientos, malformando miembros irracionales, involuntarios, hasta traducirlos en ideas apiladas en montoncitos de desidia y obituario; de recriminación insatisfecha, despechada.
Sin embargo, hábil como un frasco, el docto escuchador encapsulaba con asepsia esas medidas insolentes de raquitismo y atrofia espinal, al tiempo que tomaba escuetas muestras de las supuraciones segregadas.

A saber: De opsis u ops. Dícese del di to sin de, del que embolsado se encuentra una bolsita extraña dejada por error y o uno -aunque esto a quien hace la entrega le importa un bledo- la cual una vez vista, pero con B, permite determinar en ese preciso momento que estamos ante una... ¿de papel o plástico?.
Gilguera pelambre para un medioamanecer de itinerarios mientras, pronto a perder la paciencia ante el horror de tales preguntas, el médico desembota el taco caña de una cabeza aspirina que no cesa de oscultarle al tiempo que le reitera que cuando sea grande quiere estudiar la ciencia hipocrática para salvar al mundo a lo que el primero piensa encarecidamente: Palo de agua palo de agua palo de agua, Morite morite morite morite morite tantas veces morite morite morite morite morite, vivita venita arteria y coleando morite morite morita pat pat pat pat pat triarca tricia trilobite troglodita glotis ahogate ahogate ahogate ahogate te lo pido por todo lo que no respira, ahogate con agüita vivito y coleando enquistado morite matate matete con leche charquito bruselas coles colitis de do re mi mío tuyo suyo nuestro pedazo pedacito de carbón mareado morido mordido rabioso morite hacete y morite como perrito atornillado de tropello en rayo bicicletero... lluvia.
[sólo pensó en los primeros tres morite; el resto es licencia poética por praxis indebida]

Dotor... si muerdo a un perro que me haya mordido para por lo menos, morirme de alegría, ¿Usted me daría un certificado de salud?.

Pinzando quirúrgicamente la interrogante, las alucinaciones y fantasías purulentas recién atendidas y alojadas dentro de su propio sistema para elaborar anticuerpos, el torniquete no pareció más que provocar una indefensión inmunológica con vieses de coágulos imposibles de restituir por un soliloquio ante el trastorno del infesto preguntón quien, aspirina de seso vacante, casi se echa a llorar ante el paternal diagnóstico sentenciado:
¡Cachetazo de por medio entre tono y tono con alguna oscopía tendría que recetarte por tal desfacho técnico!, bramó poco antes de calzárse la bota extirpada para ver cómo le estilizaba la pierna y le hacía juego con el color de las medias.
Que tremenda mujer hubiese sido...
La minifalda negra se le transparentaba en el alma con la migraña de un espectro que la aspirina inoculaba entrando en un placentero coma.
[corsos compresas; plagas goteras]
Pilosa y simpática píldora-manera de convocar el irse de uno mismo.
¿Asombroso?. Es igual de idiota que un idiota en balde.
Imagina el desperdicio de un idiota menos en este mundo. ¿Te das cuenta la seriedad del asunto?.
¿Asombroso, verdad?.
Creer que los venenos son malos lo es. La gente se enferma por creer cualquier cosa. Incluso pueden presentar sintomatologías crónicas, palmípedas, si se las convence por ejemplo, que el que sean tímidas es perjudicial para su salud.
¿Asombroso?... ¡ES ABSURDO!.
(una epidemia de imbecilidad sería irrefrenable)

¿Me escucha?... ¿Hola?... ¿Puede escucharme?... ¿Dígame por qué tiene cara de indigencia?... ¿Qué?... ¡No le escucho!... ¿Cómo?... ¡Para nada!... ¡No me importa que sea sordo!.
Su tacto, impecable.
[temperatura rectal o, el intestino es un cerebro]
Dedicado a terapias alternativas, todo buen médico apreciado de tal, recurre a ellas. Algunas admiten la aplicación y suministro directo de correctivos indiscriminados a discreción, con supervisión calificada y bajo estricta reserva.
[después pregunte]

Que no hay curita que sirva para sanar su estado. Si el de arriba no dice nada, aquí nada ha a pasado y que todo siga su curso. Vamos, sea machito y aguántese...
Vieran cómo quedó de jetoncito el jeta por los paliativos. Parecía un sobrerelieve de berenjenas enamoradas.
Con el eco de un furioso entripado catártico que extirpó a suerte de nudillo y desbalance de mandíbula inferior fisurada con pérdida de piezas dentarias, la paciente destiló su pestilencia hasta quedar de puerto en vela a la brisa de un mar anestesiado.
El médico estuvo tres semanas en reposo con sutura de sales y perdida total de la conciencia. La morbidez de su rostro sin embargo mantuvo en ese período, una felicidad imperturbable.
Esto no era algo infrecuente.
Derivada a distensión domiciliaria, dejó el consultorio salpicada de roja alegría; aliviada de las necedades y burlas que la etiquetaban... pero a veces, la terapia falla.
[olvidó su huevito]
Despertó los beneficios de un placebo entendido como placer, libertad, plegaria y pliego de morales.
No se salvó, pero todavía vive; deambula conjurando deseos en frasquitos ajenos.
[abre, guarda, escupe, cierra]

La frescura de su sonrisa atentaba contra mis principios, pero uno se debe a la profesión. ¿O debía dejar que se convirtiera en una marioneta de mundistas?.
[la muy ingrata durante su convalecencia nunca le envió ni un ramito de flores]

Penarse a uno mismo y somatizar padecimiento... ahí tienes la respuesta a tu abandono que, por muy egoísta que pueda parecerte... es posible... y eso que tampoco yo regalo flores.

Sería bueno sí cu que, guardes en lugar seguro el presente indicativo en caso de encontrarte bípedas medicinas con posología genérica para la duda y potenciales efectos secundarios como la ingravidez de aspirar a un título universitario o parasitario en cuyo caso se recomienda una rápida atención y suspensión inmediata del medicamento en la medida que el sanador de turno y/o familiar lo considere pertinente acorde la necesidad que se tenga de ello o bien su carencia.

Toritos, brindemos con la sonrisa que nos queda... y la siguiente.

5.5.07

se mueve

Hermana burbuja tiene un sonho eremita dormido sobre areniscos restos de un atlántico mendrugo quien, cual animal vivo endentro un cerezo hueso pobre y bien herido, corazón y garabato sin pausa [manuscrita minusculosidad para adminículos impresionables] bosteza despatarrado como acaramelada mano en pantalón madre que mira orbitadamente que ese satélite le debe atención a su ombligo y a su hambre.
El aroma táctico de una dama de las nieves.
(estratagemas de parafraseos)
Cubrir los espacios vacíos no antes que el oponente, sino que uno mismo.
[alas de fuego]
Maromas de una brisa en tobogán; rayuela de milímetras gotitas que rayan con amor la tristeza, el miedo y los entibian.
...¿te han dado alguna vez de esto con dos muñones en los labios?.

Si puedo brindar por tu amor ya con, ya sin darte del mío; perdona.
También eso es amor.
El pulgar helado en un hilandero de mentón en cuencas de hombro cascada y manicuría, saborea tanto más la merienda enmendada con tejidos de arroces que la curva en espiral interrumpida de unos omóplatos color alpes de libélulas que se van olvidando desde el precipicio de un escombro esquina.
[cuando los meses son avenidas]

La encrucijada de los juanetes.
Cuando toda una mujer es un nudo entre dos frentes; el de ella y el de su amante con amplio vestido de ocres clarividentes bajo ensombrecidos copos sobre paladares esperanzados de un beso atónito, desnudo, descuidado; inocente, puro... cuajado de laguna, lengua, oreja y humo.
[biología orbicular de dos mujeres que pueden llamarse Juan]

Donde triunfan los silencios en seis tobillos, uno caerá sin haberse levantado. Deshojará al que le es ajeno en la interlocución con una columna bífida de metro y medio de circunferencia.
Poco sorprende recibir de ella una respuesta prensada en siete metros de alto. Para las especias de este mundo no hay vida a la cual sea imposible arrebatarle lo abominable.
¿Crees que eso es bueno?.
Imagínate entonces lo abominable que puede ser una vida hermosa...
El mismo juego es ahora un diálogo.
[el espinazo adueñado de uno se anima blando a lumbar el dorso para leernos, sin embargo, se trata del diapasón de una versión de un antiguo ajedrez en píldoras]

La casa está llena. ¿Y tú?. ¿Qué haces ahí afuera?.

Regordete, mira al esquinado con pena y ganas de aliviarle tendiendo su mano roñosa y pegoteada. No es él sino lo que le contaron de él.
Lo va viendo convertirse en bruma, en esa espesa criatura que rodea los pensamientos entredespiertos que a las consideraciones de vivir por encima de las marcas de sus manos hasta hacerse más escarpado que antes, deponen la anarquía de sus pasiones al sólo espíritu de una primer caricia.
La que el regordete, festeja achinado, arrabalero, al intento de escalar a su madre-rodilla, hasta hacerla para sí su bahía...

[a gustito y dis]
ay... onomatopeya describiente a prodigar que ay no y hay sí saber que ahí -sueños, corazón, médula- existe sonidancia que pertenecernos no nos hasta que lo hacemos propio de ese otro en función del telar que haya en su vidal calesita ah y oh de mansedumbre conjuntiva, úsese poder también en las gamas de los placeres y dis con torniquete en casos de sangrado y o u -áia- fericidad.
Quien habiendo haya entendido ay como quejido, tómese un respiro y duerma.
Seguro que un pajarito traerlo montado va a donde haiga curda, alcaucil y petrunio.
Deandemás; nada de lo eso quita tristeza a la que sonrisa no se le ponga cual pecho de zorzal negro.
Anitracia de ramitas nidas anque picosidades desdepicosas.
Esto o despertar y encontrarse durmiendo a ese sueño ajeno a nuestro lado... tomando nuestra mano con su mano y con su pera nuestro hombro.
Ojos de un “no me acuerdo su mirada”, pero con esas miradas “no me acuerdo su mirada” que difícilmente olvidarte puedes.
O pesadillas...
ay.


Se acomoda dentro de la virgencita un niño que la sueña mientras hermano burbuja cubre con sonrisas el provecho de una vida que nos cultiva con un piececito en la frente y la sabiduría de los juncos.
...se está quietito cuando sabe que lo estamos viendo.

Cieguito sabe más por la mirada de los otros, que dormido alcanzarlo nadie puede cuando de levantarse se trata a reloj de sus latidos.

Abrete.

19.4.07

naipes

[dos (de) corazones... o la marca del diablo]
Si quiere ganar; déjala ganar. Si ha de perder; que pierda.
En tanto guarde consigo ese as de dos corazones y el suyo, el diablo estará contento de que alguien lleve su propia marca y no la de él.
Porque los diablos también tenemos sentimientos... ¿y por qué diablos tenemos que tenerlos cuando duelen como si en la ausencia de sentirlos arrancados, nos quedan todavía latiendo sus latidos dentro?.
[agonías para una segunda vocal y una b]
La trampa no tiene que ver con la baraja, el paraiso o tormento de vivir; esa creencia es en parte la trampa. Tanto como que se trata de un dispositivo puramente humano.
¿Qué es entonces, un maldito?.
[un corazón de tres corazones, es ante todo un trébol o una abominación de la naturaleza]
¿Importa?. Si juega en los solitarios con caídas boca abajo, terminará con los labios rotos. Sin brazos para mangas en las cuales tener ventaja alguna.
Si se la deja ganar, ya habrá perdido. Si te impide que lo hagas; gánale.
Apenas es una criatura que nada sabe de lo que envuelve a una partida donde lo que menos valor tiene para la vida es la criatura misma; su propia esencia.
[cada quien es pues su doble corazón]
¿Cómo haces horas suficientes para despertar sin dormirte?.
Un demonio no se desvela y tampoco concilia el sueño por completo, pero no tenemos dominio sobre el tiempo. La eternidad no es nuestra.
¿Eres...?.
Sí, lo soy.
[¿cómo puede mentir entre las tinieblas alguien que sabe con certeza el nombre y sangre de su padre?]
O madre...
[hasta los mandingas son detestables cuando cuestionan a hurtadillas sobre lo que uno escribe con el juicio del rabillo de uno de sus ojos, cosido por los adentros de su párpado]
He visto uno en el interior de un instrumento de escritura; un diminuto maligno bueno como un ombligo de pan tulipa y cielo de aromas naranjas... escribiendo sin quitar la vista de sus tejidos.
¿Se entiende que al hablar de un corazón y un diablo uno se refiere a lo mismo?.
¿Acaso nunca te has detenido con un giro diferente a ver lo que a pesar de ser algo o alguien, es también algo que según se dice, “no debiera ser”?.
Pero es.
Eres, un espíritu algo demoniáco con un tierno culito sonrojado hasta el copete de las mejillas que, junto con esos cuernitos que aguijonean tambores mientras llueven asesinos, no hay quien se resista a dudar de su naturaleza para descubrirse con una nueva.
[masacres]

Corazón...
¿Y si él se escuende... y se muerde?.
¿Qué ocurre si alguien se duele por saberse muerto y se desabre de toda esperanza?.
¿Qué respuesta hay para eso?.
¿Cómo se encuentra la calma?.
Quería creer que sí, Corazón, que sí había uno como tú, como él...
...pero se muerde.


Cual mamífera flor de un cauce que se pierde absorbido por las tierras de una piel endurecida por cantilados. Como la de pecho hambruno que regurjita el cortejo florido de un amante desposeído de sus leches en obstinada impaciencia y cascabel asido al tobillo de un otro para darle alarma antes que despierte.
...y ese otro es uno haciendo sonar el carozo de ese sonajero mientras la fruta de un corazón ausente se marchita.
[pedregoso gesto muscular de cardiáco espasmo con mueca destilada, pariendo bubones de la glotis; habrá quienes prefieran a eso, un amor atragantado, sin palabras, descorazonado de genio y flamenca punsión de escalera con peldaño en veneno y taconeo en falso; ¿sentirán a alguno de los dos como algo bueno o algo malo?]

Apunta tu dedo donde lo sientas dejar de titubear en tu cuerpo. Remeuve la carne. No, no hay truco.
Ese es será el naipe que escogiste más allá de saberlo o no de antemano.
Allí estarás.
El naipe te habrá descubierto. No finjas sorpresa; lo sabrá.
[por el contrario, cuando tú lo sepas no podrás evitar el asombro]
Dirige tu culito al norte del culito del corazón que te es ajeno y te es por culito -diablesca y divina voluntad; cosa de croupiers- enteramente un cardinal de flores mamíferas y sin más juego que el de serte para ser.
Esto es una irreverencia.
Es.
Y sin embargo no puedes decir que no es también lo contrario.
Puedo.
El poder es una cosa. Saber usarlo otra.
¿Cómo?.
Eso para cuando aprendas a jugar sin usar la baraja o vuelvas a hacer castillos.
[¿notaste en qué momento se adivinó el naipe en el que estabas pensando?]
[cuando te desayunaste que las encrucijadas -savoir faire de la liaison cosmique- los corazones dan sus culitos a nuestros frentes]
...I never loved somebody fully. susurraba tridentalmente para decir que nunca nadie le había amado con ese desparpajo de nueces rojas como alguien que no es, sí lo hizo alguna vez.
[¿creías que era en ese momento?]
[el agua es un espejo también; desde lo profundo hacia la superficie; eso, o es un cielo]
Y en el instante en que acabas de percatarte que los roles se invirtieron, que la vida lleva su propia marca en tus mangas y la criatura -desentendida de sí misma y sus berrinches- baila demonches, belcebúes de pecho en lluvia -noches deshojadas de sueño y horas- ...caes de bruces y cuentagotas sobre las nueces cárdenas de una nariz infierno de un hombre que retira tus apuestas.
[en ocasiones, sólo así se gana]
[restarle diversión a que pierdas no es digno de un no-ángel que lleva tu marca]
[camorra de una dulce aberración al freno de tu pródiga compulsión a la fedor]

¿Y bien?... ¿ya sabés cuál de los dos corazones eres?.

[ser el de un trébol también puede ser un milagro o las dos cosas]

Porque hay corazones que son también...

12.4.07

parlinches desmerémmberádas

pekín pekinés pepino con pecas propón proponía precio al bífido bribón del vivaz vivaracho bravucón en cuanto contentaran cántaros calendarios al contar con el contrato cantoral de cuentas collares cucharas y cuerdas para violines gatos y ávidos habidos ábacos bajo hipos hibiscus anque campos mientras minerva marilina modista modesta maravillada mordía la envidia diente de una bella señorita rural enrulada de rollizos rizos lisos sonrisas claras rojizas mejillas que recogía plumas de cuervo en un maizal para hacer penacho pena para no padecer la ponzoñosa virtud volitiva del veneno cuya vacuna tiene paladar y no lengua que al mezclar con granulados granitos glándula de grises grillos ojitos de grulla con pocos gramos de grumo en gajo y gargántulas grageas de grandilocuente gorgojo enjutado en ajos aliento alicientes vendados enjugados en greñudas groserías grosellas la gracia de lo grotesco en amargo amargor de fruta convertido sabrá así dulce a la agradecida boca acuosa y fresca de pepino pekinés pekín quien de una vez en dos de sangre en seis sentirse sentido asentado sin asiento parado cual su primo perro de sartén hocico enano nunca no más de los sempiternos siempres sesenta veces sentarse se sentiría sorteadamente suertudo para ser de hacer y volverse al traer la rotunda rotonda isla de un hombre amado descabellado lustroso calvo pelado pero con un plumaje que ningún bufón fantoche con ridículo calambre de rótula y risa corolaria burlaría a su vista aguileña ni su tercer ojo orquídea con el que guiñó a la campesina el despertar de la marilina envidia quien vidriosa ebria de vides se bañaba rellena en almizcles mordía mazorcas pulverizando gotitas de chicha con chinchuda calma chillando alacranes recogiendo entre mugre chinches purulencias y chiqueros de sus míseras miserias sucias tórtolas plumitas de pichones pichón paloma ahorcados con celosa célebre celeridad en la rivera del cántaro cobrado con encapotada cubierta de caperuza para coser copiosa copetuda al hikebana los piquitos cual botones en los harapos que enterrada vestía la campirana salvo por un dedo al descubierto que a minerva señalaba para contundente conturbación de pekín pekinés pepino y pepino pekinés pekín quienes la encontraron a ese único dedo de locura y locuáz mansedumbre hilvanada para los retazos que su cordura atesoraba como graznidos de maíz en hachazos vivos que el envalentonado vivaracho vivaz vendido había como pajaritos de primera para guisos de caldos con harinas uñas higos y hervores de verduras hervidas.

3.4.07

69

Mortales ojos [corrigiendo el ser, tutelando a los árboles de los soplidos del río] de una fruta crispada [helena caricia de un perfil amor nariz y diamante rebujado en la piel con la maestranza de la estría y el parto, la cicatriz y la yema del dedo que la circunda; cadera ovillada en recelosa mano que la quiere toda para sí; esa cadera al requiebro de la palma]
La más niña de las niñas cesa el llanto por una mariposa, mientras trepa cajones de madera con la altitud que su fuerza otorga y la curiosidad concede bajo un alfombrado manto de esperanzas y perlas.
no habla lo suficiente todavía porque no tiene mucho que decir hasta tanto no encuentre el momento preciso de interrumpir guturalmente con un plumazo de brújula y medio giro que la deje iluminar pintitas en sus pasos calzados con sumo cuidado, atados con nudo y moño hechos por ella quien supervisó la maniobra de la figura grande que le daba la lección sobre la técnica del cruzar, tirar, anudar, rodear, enhebrar y sujetar.
Al alcanzar el pico o protuberancia de aquella figura al otro lado de su montaña, gateó con el reparo de descalzarse para no hacer ruido con la suela de sus zapatos.
Faltaba poco, no parecía haber sido percibida. La mariposa, quieta, contabilizaba los aleteos controlados midiendo las presiones, calibrando los efectos de las tormentas en parpadeos de infante.
De color abstraído y vampiro como la rabia- -
Ese no es ningún color, no mienta... dijo un paseante cercano al suceso que se narraba.
¿Sabrán algunos que si no aprenden a ser benditos, uno los maldecirá de por vida hechizándolos con la bibliodiablura de un pez espina?.
Confinado a un laberinto de cuatro letras no supo dónde retomar el diálogo. Alguien le esgrimió un sendero un tanto aquejado y la realidad tomó rienda casi en el orden que sigue y sin tomar aire siquiera...
Y no me interesa hacer o tener amigos; no he de salvarle la vida a nadie por aceptar y elegir tal suerte me importa mucho sí que a quienes les procuro el candor de mi afecto incondicional en tanto la traición no sea pillada en evidencias hirientes y congratuladas de ínfulas por sobre mi persona (de verdad que te mataré si me haces un daño incluso en la piel que me es ajena y amo antes de probar tal bocado infiere tus dagas sobre mi pero no tengas miedo ni te arrepientas cuando esa pujante herida te absorba hacia adentro y te trague el aviso no es para tu cuidado sino para recordar que no quedará rastro de quién eres ni quién fuiste) no es para tanto reconocer que uno es poco amistoso con uno que carga con argelias en su rojizo lomo de paquidermo indio y cultiva dedos en la ansiedad de un miedo que lo mantiene vivo sin tener claro en ocasiones para qué punto aquí va un punto y una posible mala palabra sí una que descalifique bien el proceder de un hombre que se asegura de la muerte de un amor porque no es más que eso el afecto tres puntitos aquí debieran ir tres puntitos o un punto y coma me miras como si aún estuviese no diciendo nada date la vuelta te ves en el espejo (no importa que no me veas a mi, soy de un color vampiro ¿recuerdas?) deja de resistirte, cuanto más rígido te pongas será más doloroso el dolor es tiene cualidad de ser y no me gusta y no por ello no lo disfruto y si me tenso es para sentirlo en su expresión más pura punto punto punto y aparte un cuero de cinco milímetros de grosor (tres) tres centímetros de ancho (dos) ochenta de largo con hebilla de metal plateado (uno) seis agujeros reversible negro y marrón oscuro doble costura ideal suspenso no hay suspenso en verte al espejo mientras un cinchazo limpio te quita lo machito y te desprende del suelo y ni una lágrima por cada gramo de ese humor líquido es otro trazo y el sacro que incapaz de rezar ruega que duela más y más la marca de la cola del diablo la marca de la hebilla el aire zumbando al chasquido del cinturón y el siguiente y el que le continúa etcéteras el ritual de una bala que danza en las navidades a modo de artificio era amor indiscriminado (lo era, en serio, no había distinción entre mano, pantufla, cinturón o varilla o...) heredado el reino del mal uno se sabe capaz de males mayores incrementando la eficiencia no desperdiciando energía cerrando su corazón en llave de siete puertas (es un número que nada tiene que ver con las edades o la duración de escoger callado la llegada iracunda de ese enorme verbo humanizado hoy blandido en estos trazos y del cual me pregunto en ocasiones qué es de él encontrarlo verle hacerle saber que tengo fortalezas que una mujer y sólo una mujer quiero que tengo sueños que hay que ser mucho más fuerte de lo que soy hoy de lo que él era que con él y sin él soy un hombre que me he perdonado hace mucho y espero que él se perdone algún día que me gustaría verlo al menos una vez más que tengo miedo miedo que... ¿qué ocurre?, ¿por qué tienes esa cara?.
(no, no creo en la suerte)
De niño, sabes, quería ser ninja.
Hacía cosas que sigo haciendo como creer que puedo concentrar energías en un punto del cuerpo y liberarlas a gusto con más o menos intensidad. Está oscureciendo ¿no se te hace tarde?.
Cierto que eres como un ave en capítulos al echar vuelo sobre el pensamiento.
¿Qué cuanto dolor se puede tolerar estando consciente?. Pues no lo sé; nunca quedé inconsciente.
La ortodoncia sin anestesia es de malos odontólogos o de odontólogos malos, no lo tengo muy claro.
Tengo una cicatriz en mi entrecejo, ¿la ves?, aquí; hecha con mis propios dedos. Hurgué en la piel y enterré uñas; no, no sé lo que estaba buscando ahí, pero no lo encontré.
En algo tenía razón mi padre. Al relajar el cuerpo, la resistencia y tolerancia al dolor se hacen mayores. No puedo explicarlo, pero es verdad.
Tanto que en ocasiones el deseo de experimentar un dolor se hace irresistible. Como las descargas eléctricas cuando tocamos algo metálico que está cargado con corriente.
O un médico, al ver las variaciones de tus electroencefalogramas (suponiendo que el patrón fuese el de uno y no el del ninja que uno lleva adentro para eludir sus doctoradas interpretaciones) receta electrochoques que te hacen miedito en los dientes y los ojos se te rasgan hasta que eso es lo único que queda; ojitos achinados.
Sí, también quería ser científico y experimentar con el cerebro de alguien...
Jugando a ser niño siendo niño hice de obrero entre los obreros. Tendría no más de ocho años. Con una maza tiré abajo un baño. De pantalón corto, remera y a mazazo limpio contra el ambiente que iba a ser demolido de todas formas. Las astillas de los azulejos estallaban... Cuando terminé, estaba lleno de punciones y botoncitos de sangre.
Era un juego, era parte del querer ser más fuerte.
¿Inteligente?. Era un niño.
¿Me creen, verdad?.
Se levantó como para irse y se fue; le urgía ir al sanitario.
Esperaban su regreso. Se topó con alguien que salía, dentro olía graciosamente vomitivo; orinaba, miró su pene dotado de una piel tanto más morena que la del resto de su cuerpo; el ambarino color era intenso el olor tibio, concentrado; se sentía aliviado; había estirado el prepucio (de chico recuerda que lo tenía como pegado al borde inferior del glande y su padre en un proceso quirúrgico de índice y pulgar, se lo tironeó hacia atrás; sentir que la piel se desprende, que emite ese sonido similar al de tirar de una etiqueta pegada en una superficie y que puede romperse) seguía mirándose y recordaba cuando tuvo su primer vello púbico y sus pares de doce años le decían que eso era signo de madurez, recordó lo mucho que tardaba entonces en alcanzar un nivel de excitación para masturbarse decentemente; lo torpe que ya de por sí era para masturbarse... dos maestras de su escuela primaria fueron el fetiche para sus primeras fantasías sexuales. Sacudió y terminó de desagotar lo que quedaba de orina, apretó el desagüe se subió el calzoncillo, el cierre fue al lavabo, abrió la canilla, buscó el jabón, se lavó, se secó con una toalla de papel y regresó notando antes de salir que alguien que había entrado después que él, salía adelante “olvidando” lavarse... por eso sostuvo la puerta antes de cerrarse con el pie en lugar de hacerlo por la manija... pensaba que a personas así habría que hacerles beber su propia... volvió a la mesa.
Se sentó de nuevo en su lugar; bueno, en otro porque en su ausencia hubo rotación, cosa frecuente en esas tertulias.
¿Me crees, verdad?.
Ella lo miraba recatadamente y miraba sus manos. Notó las primeras falanges de sus dedos índices como torcidas con tenazas. El sin embargo desenfocó y miró una mosca en una medialuna de una mesa contigua.
Ella le preguntó por su viaje al baño, si había pasado algo porque lo notaba con la mirada inmersa en pensamientos. El le contó que mientras orinaba vio que había un televisor contra la pared, ella reía; pero era cierto, a alguien se le ocurrió entretenerse urdiendo semejante desperdicio de divertimento. Claro que para el que defeca es otro cantar... pero no todo es válido a puertas abiertas.
Esto ocurría en otra mesa del que estaban esperando.
¿Qué te pasa?. Le preguntó estirando su brazo hasta apoyar su palma contra el corazón de él. [este no soy yo]
El no recordaba haberse visto frente al espejo mientras se lavaba. Había visto la cicatriz, pero no recordaba haber visto su rostro, los bordes de su...
[algo le retumbó adentro]
¿Era ella la que generó ese efecto de campanas dentro?. Los dos querían robarse un beso. ¿O dárselo?.
Nunca llegué a conocer a los hombres de mi familia...
Su abuelo materno murió antes de nacer y el paterno, el nono, cuando todavía no tenía un concepto de la muerte y el afecto que la atavia. Recordaba sí que se había enojado mucho con él por derribarle un castillo de naipes.
Ella estaba compenetrada y él la miró con cierto disgusto, tal y como lo había mirado a su nono que de italiano no tenía nada, más que haberse desposado con una italiana.
Oriundo de alguno, en la provincia de Santiago del Estero, parece ser que Ursino del Valle (todo esto su nombre) tenía ascendencia en parte natural de estas tierras, como también europeas (tal vez de la madre España, tal vez de Portugual... tal vez de Oriente).
Ella esperaba y quería que siguiera, pero él sentía que había dicho mucho, demasiado.
El necesitaba eso que un euskera sabe delimitar mejor en esa lengua tan hermosa y que le es desconocida. [aunque no está lejano a alistarse y embarcarse en el aprendizaje del japonés... todo ninja que se precie de tal debe saber hablarlo]
Podría inventar una lengua con alfabeto y fonemas, claro, pero eso le restaría tiempo de aprender sobre las artes prohibidas y los paisajes creados por Izanagi e Izanami, que le tienen entintado con el atavismo que el mismo Vincent sintió antes de cometer sepukku.
Tiene unas piernas que, depiladas, serían envidia de más de una mujer.
Fatal para la atención, suele hacer con las palabras del otro lo que con las propias. Es en apariencia tangencial lo que hace, seguir un camino diferente, sellar ciertas ideas y reconfigurarlas.
Vio que tenía un lunar a la izquierda del mentón y otro a la derecha sobre el labio superior.
Es como un eclipse. Y le explicó que si ella era la tierra, el era el sol del lado oscuro de Armstrong... y se puso a susurrar A Kiss To Build A Dreamon... suspendido por las mareas de un coagulado novilunio entreverado de suelos, sustratos y diminutos dioses entablando lanzas en dialectos que que el silencio habla sólo a través del huésped que le aguarda brindado a recibir sus filos desde adentro.
[la oscuridad de un desamor cuya metafísica se reduce a una mujer que existe]
La ternura de ella lo apaciguó.
[todo estaba escrito hasta ese punto que faltaba y no escribió porque sabía que eso no era todo]
Por supuesto que entre lo dicho y lo escrito hay fantasmas. Notas sueltas sobre algo de lo que parcialmente los espectros dejaron ver...
[mortajas]
El velo de un patriarca con la jerarquía de un verdugo que satisface su miedo sobre el rojo vivo de un beso anudado.
[filial]
Padre mío si tú quieres te lo regalo, pero no vuelvas a amenazarme con clavarme los anzuelos.
[iglesia]
En el estómago la bilis de una mariposa que frecuenta amoríos pobres.
[comunión]
Sombrero de cajas, pero para cabezas.
[migrañas]
Galantería de mostrar el nudillo antes de apretar la corbata y achicharrar el pescuezo.
[mentira]
Colegio alemán, onicofagia, uñas flojas, caídas, dedos descarnados. vivorita, vivorita, shh, shh, vivorita, shh...
[holocasuto]
Sin puntuación ni competencia.
[ulises]
Títere de un juego para un perrito con huesito vudú de rata y un librito que no tiene nombre, tapa, ni...
[calendario]
Tampoco tiene números; dientes.
[quijada]
plus bleu des tes yeux.
[fruta]
Mequetrefe atrofia mosquitera reprobable y alcalina.
[chupar]
El asombro de una tortuga de porcelana mientras cercados por la primer mujer que se enamora de uno, no tenemos escapatoria.
[beso]

Ligera de cuerpo, se adelantó. Delantales de las dilaciones dadas donde deja diatribas, diademas y avispas, deleitosa araña de abdominal pelaje blanco y guachitos pendientes, se descolgaba de sus propias trampas en tanto uno de ellos, roto, desencadenado en su clavícula de porte a paseo y posición de cuello a tobillo de sirena, contrariaba su voluntad abanicando su insolencia.
Interrumpió el andamiaje al sentir el aire desplazado cerca de su codo; no tuvo tiempo cuando la pequeña escaladora en un tropiezo empapelado golpeó su cabeza con la de tercera persona del masculino singular quien la contuvo en chichón de la onomatopeya consagrada por todo niño y que no era esta... se reía.
La mariposa recomenzaba el rito mecánico de sus alas justo sobre el meridiano de la testa del tercera persona del masculino.
Tomó conforme dos hojas vacías, resueltas a ser testigos.
El se puso a hacer un avión; ella a escribir.
La mariposa, quietita en la comodidad del pensamiento impropio. Una mariposa puede darse el lujo de cuando en cuando, de ser una pervertida. ¿O acaso no puedes concederle ese ínfimo deseo a quién vive un solo día?.

Que no se entere tercera persona del masculino singular, ni la mariposa, que una vez atrapé a una prima suya y con una tijerita corte cada una de sus patitas, sus alas en tiritas para verla arrastrar como un gusanito y cuando me aburrí le aplasté la cabeza con el borde gordo y duro de un libro que había debajo de la pata de la mesa del comedor. Pero lo hice esa sola vez nada más. Igual me dan un poco de miedo las mariposas y no me gusta cuando me dicen que me voy a convertir en una. Yo quiero ser grande, pero no una mariposa. Eso es para nenas más chicas y yo ya soy grande. Puedo trepar. Eso los nenes chicos no lo hacen... [distractores]
Ventana, calle, vereda enfrente, puerta casa se abre, pariente visita a vecina cuadrada con beso en la boca.
Es lindo que las personas se quieran. La poplé que niega esto no es muy inteligente.

[bostezo, rascado de barriga, bostezo, mariposa asegurada en su lugar, picazón en rodilla, rascado]
Mi panza está aplastada y calientita.
Tercera persona del masculino singular se cortó la nariz afeitándose y dijo que no hay moraleja. Apresurarse no lleva a ningún lado, sino a estropear lo que más queremos.
En un frasco de girondos tengo escondidos los pedacitos de la mariposa-prima de la mariposa que corté. Lo demás quedó pegado al libro que volví a poner bajo la pata de la mesa del comedor.
Ventana, calle, vereda enfrente, otro pariente llega y abre la puerta, entra y no cierra... hay gritos.

Primera persona del singular (¿hay plural?) tomé a la niña y la lleve a su habitación. Me acaba de preguntar por unos truenos y que el cielo está claro como la canción que escuchamos ayer. Se aferró fuerte cuando vio que la mariposa se desequilibró alterada por la sugestión del fármaco que la hizo ver también una ilusión con aroma de tormentas.
Tiene miedo de soltarme. Me pidió que me quedara con ella. Me preguntó por el corte en la nariz. Es buena para crear distracciones. Le cuento de la nariz y se sonríe con las piernitas colgando por el lado vacío de la cama.
Se echa hacia atrás, se estira y toma un libro (me pregunto dónde habrá dejado Tercera persona del femenino singular el libro que íbamos a--). Me pide que le lea dándome el libro en tanto se empuja para girar sobre su eje lateral hasta apoyar la cabeza en su almohada. Me dice que es grande. Se preocupa. Ve mi entrecejo más allá de la puerta. Me levanto y cierro la ventana de su habitación. Un vapor intentaba entrar sin ser invitado a nuestra improvisada velada.
Le saqué sus zapatitos (se los había vuelto a calzar poco después del porrazo), pero evitó solícita que le quitara las medias; le gustan los colores circulares y las puntas que le cubren los dedos de un algodonado amarillo pollito (es que los patitos dice son de un amarillo distinto).
Tercera persona del femenino singular se asoma con el mismo entrecejo que alejó mi mirada del epicentro de-- me dice que no me distraiga y le lea el cuento. Me mira expectante y con los cachetes inflados. Tercera persona del femenino singular se queda en la entrada del cuarto, vigía, escuchándome leer. La petite la mira cómplice de su sonrisa y no me percaté que estaba siendo mirado de reojo por ambas; completamente rodeado. Llegado el momento me lo harían saber. Las sirenas colmaron de inquietud el corazoncito de la niña.
Ese canto en particular no le gustaba nada. Entonces le dije que primera persona del singular (¿o plural?) también prefería otras canciones y le pregunté si quería escuchar la misma canción de ayer.
Dijo que sí.
La dejamos durmiendo la siesta.
La casa estaba completamente en llamas. Estaba lleno de gentes. Tercera persona del femenino singular me tomó de la mano con el mismo miedo que su niña, pero decidida a guiar el mío. Respondí con la ternura que ella tuviera en la puerta y la dejé llevarme de la mano a la cocina.
Al sentarse y aceptar que le sirviera café diciéndome que “le sirviera uno” (para que no digan que uno es machista) me confía que “la desperté de un ronquido...” Sin dudas, si no fuese porque soy tan buena; te hubiese asesinado por cortarme el sueño y despertarme hoy con un ronquido que... la miraba entre peros de segunda persona del singular, pero en primera del singular (¿p plural?) y con un rebaje de ojos en la sonrisa.
(no iba a decirle que se despertó a ella misma con su ronquido; a veces asumir cierta culpa ajena, tiene sus beneficios)
Le aseguré que sería más cuidadoso la próxima vez e intentaría atenuar los decibeles.
Cuidadoso... Seguro fuiste al baño. Aseguró con la soltura de un contraataque omnisciente.
Levemente perturbado por su acto de mentalismo afirmé su aseveración dirigida en un gesto de indicación seguido de media sonrisa en ascenso triunfal... Me había detenido un momento al escribir, había estado tomando agua y me vinieron ganas y... Me intrigaba si no estaba cerca cómo lo sup-- ¡Papá, tenés la bragueta abierta!.
Despierta, al acecho del momento indicado, la damita señalaba con la determinación de todo su brazo e índice en línea recta, sin ninguna sutileza, hacia la entrepierna de un servidor.Tercera persona del femenino singular no paraba de reírse.
Bueno, sí. Se me olvida subirme el cierre. ¿Y qué?. No es algo grave... [convencerse a uno es lo que cuenta]
Ambas se rieron explicándome que lo habían visto estando en la habitación mientras leía el cuento.
[vendetta sweet vendetta]
Por un rato la cocina se convirtió en un campo de batalla.
[guerra de cosquillas y correteos]

¿Cómo sigue la vida cuando en la línea de fuego tres vidas consumidas, envueltas en una asfixia que no es de cuidado para ellas, se trasladan juntas hasta el astillero de las almas?.Y este paseo recién comienza.

Que oscuro está...
Estamos adentro de... ¿qué es esto?... ¿bolsas?...
Sí, hijo de puta, son bolsas.
No me llames así.
Y si sos eso; encima sos, sos... ¡Comés mandarinas con cáscara y todo!... Sos un... un...
¡Decilo a ver, dale, decilo!.
¡No discutan!...
Vos no te metas.
¡No le digas que se calle!.
¡Le digo lo que quiera!. ¿Sabés lo que es sospechar que te acostás con otra en nuestra casa, en nuestra cama, y encontrarte vestido con mi ropa, ¡Mi ropa!, y con mi sobrino de veinte años?.
¿Y qué querías?.
¡La verdad, hijo de puta, quería la verdad!. ¡Sos un mino de mierda!... ¡asqueroso, repugnante!... hijo de... y encima con, con... con razón tus besos eran desabridos e inapetentes como ramita de alcornoque... ¡Me das asco!... ¡Los dos me dan asco!...
Yo no sabía cómo decirte... perdoname.
Un poco tarde para eso, pelotudo... me siento mal... tengo frío...

La autopsia fue compleja por el estado de carbonización de los cadáveres. Pero era menester identificar los cuerpos. Cosa de herencias familiares y seguros.
Seguro que los vecinos de enfrente deben haber festejado todo esto. Les encantan todos estos circos, aunque se hacen los que no.
¿Es importante eso ahora?.
Para mi son buena gente, amables. Y la nena es un encanto.
Adorable...
Era...
¿Qué?.
“Era adorable”.
No, “es”.
Tiene razón. Es, “es”.
¿Qué?.
Nosotros estamos muertos.
No estamos muertos. Ustedes dos, maricones, me mataron. Me mataron desde el momento en qué--
Pero si vos tenías el arma.
¿Qué querés decir?.
Que vos fuiste la que disparó.
A ver, experto. ¿Y desde cuando unos disparos provocan un incendio, queman una casa y el fuego envuelve a los que están adentro?. ¿Me querés explicar, Sherlock?.
(¿provocar? ...la mariposa)

Dedujeron chamuscadamente sin poder abrir sus párpados, reparando en la lección y costras de sus infiernos, con las manos de los forenses en el crepitar de sus oscuras tripas resequidas.
Legüeros los santos que, bribones, lerdos de pasión, entendimiento; crean cielos de tierras y especulaciones.
Puras escaleras.
Zeppelinesca, la novia del sobrino no se quedó muy satisfecha al saber que no era otra mujer la que robó el corazón de su bien amado traidor.
[vendetta sweet vendetta]
No, no, no. Esta no es una historia para contarle a un chico. No son... no pueden ser las primeras nociones que alguien deba incorporar sobre el respeto y el afecto por otro. Al menos no si nos detenemos en un acto tan atroz cuyo responsable se sale con la suya.
¿Se sale con la suya?.
Pero hay historias que terminan de otra manera...

La niña no había entrado en ese momento de la charla a la cocina y Tercera persona del masculino singular tenía la cremallera de su pantalón abierta.
¿Te gusto?, ¿Por qué ya no me dices lo que sientes?.
En distintos momentos cada uno le hizo la misma pregunta al otro. En ambos casos se dieron respuestas diferentes... Los dos reafirmaron que el sentir no es un deber ni un trabajo. Que ninguno le debe lealtad al otro sin procurárselo antes para sí.
Cuando se siente un vacío, alguna bolsa se está llenando con algo inanimado y superficial.
Tercera persona del masculino singular comería su corazón antes de hacer lo que hizo alguna vez. Además, sabe que ella no sólo no es merecedora de algo así, sino que ella sería capaz de matarlo sin tocar uno solo de sus órganos vitales.
Ninguno desea que eso le suceda a su criatura.
Intentar completarse y no alcanzarlo.
Entiéndase que el vacío es necesario y esencial, no un defecto, no un estado de gracia de utilería.
Más allá de su obrar; así piensan las mariposas en el transcurso de su último vuelo.
(algunas mariposas son carnívoras)

Las incendiarias se alimentan de los cauces de pasiones que desencadenan las mordidas inflingidas en pos de una frágil rebeldía entre mitos de pérdida y caducidad.
Lo que vemos es lo que nos hacen querer ver; hasta que cerramos los ojos.
No los abras aún.
La máquina necesita ajustes. La máquina no besará tus muslos de la misma manera.
Trasladar el paladar de tu deseo en quien no deseas, pero te lo brinda en la medida que algo dentro despierta... la máquina no cambia nada; ni lo mejora, ni lo empeora.
Es una máquina.
Repite las tareas. Tantas veces y en tantos ciclos su vida útil lo permita. La máquina no siente.
No siente placer, ni displacer. No siente que le eres fiel o infiel. No brinda seguridad, contención, cuidado; tampoco represalias.
Es un instrumento.
Hay placeres que hacen de una persona un instrumento.
[vacío]
Pero si la elección de serle útil a alguien a cambio de recibir gozo es mía, no cargo con responsabilidad alguna.
Cuándo piensas en ese beneficio eres un engranaje... una miseria.
[plumón criminal; pulmón]
Tercera persona del femenino singular terminó de leer esos pasajes y respiró el tránsito de sabores de su amante.
El beso adquirió contorno de sonrisa y chasquido.
Si te engañase... ¿qué harías?.
El no dudó al responder.
Te dejo, me separo y pido la custodia de la nena.
¿No me matarías?.

Eso lo habrías hecho tú conmigo al momento de engañarme. ¿Cómo podría hacerlo estando entonces ya muerto para ti?.
¿Pero me odiarías?.
El contestó negativamente con la cabeza.
¿Ni un poco?.
La besó y le susurró que No con suma calma y calidez.
Pero me-- No, no te haría responsable. La interrumpió.
El poder mental del discípulo está superando al del maestro. Se ufanó sin vislumbrar lo que se avecinaría dentro de poco.
¿Y si fuese diferente, si cambio?.
Intentaré acompañarte.
¿Y si no quiero?.
El filo de la conversación era cada vez más sutil y profano al sentir.
Tercera persona del masculino singular la invitó a acercarse con un gesto de mano. Ella se acercó y cuando lo tuvo de narices (se inclinó un poco para avistar mejor la nariz cortada), él no pudo ocultar su sonrojo y de pronto ella le lamió la cara de un solo lengüetazo.
Inmóvil, desencajado y babeado, tardó en reaccionar. Ella lo había elegido como territorio; no podía dejarla ya.
Sólo una manzana separaba sus pechos.
Eso es invasión. Dijo él.
Innovación. Corrigió ella abrazándolo por sobre los hombros en un suspiro resurgido de plenitud.
Sus caderas se encontraron en un baile lento.
La normalidad no existe.

Este orden de eventos no establecidos, los resolviste tú.
(al momento de estrechar las páginas)
¿Recuerdas?.
El cuento que en primera persona del masculino singular conté a la pequeña... ¿lo recuerdas?.

[nota al pie... en un trocito de papel que quedó pegado en la suela de uno de los zapatitos (estos patitos zí loz conozía) la tercera personita del femenino singular, antes de cargarla hasta su cuarto]
En los principios matemáticos de los conjuntos subyace la condición del origen contenedor de estos párrafos.
Juntando un poco más los números hasta hacerlos infinitos con las salvedad que... es absurdo, pero es cierto... es algo más que el número acaecido a una simple entrada o puerta de salida... ¿ir al principio?... aún no es tarde si lo prefieres. Este, no es el final que quisieras.
...tampoco es el final.

[devuelve los números a la mirada de quién te desafíe habiendo sido invitado a tal efecto]
[cuando tú te desafíes como anfitrión]
[con tus pasos]
[en un paseo ajeno, despojado, desconocido]

A partir de aquí, procura no regresar...

[reencontrarnos entonces, será cuestión de tiempo]
[de un número completamente nuevo]
[no expresado en cifras o mariposas]

24.3.07

revólver afrodita

Encebollar el corazón no para que llore como el eco de un niño en la espesura húmeda de una otoñal umbría de una venus irrespirable, sino para mejorar las sangres.
El mito es un aliento, y no al revés de cómo lo suelen decir quienes lo dicen.
El redoble enamorado de hacer foco en el vacío y divisar una fina partícula de polvo desplazándose graciosamente. Criaturas de sales con orejas de bambú y pelos de árbol descuenden estos aristimuños misterios en tachuelas de efluvios y babitas destejidas en donde a cada quien le hace sonrisa lo blando de una mano que roza su mejilla.
Llegan despacito, sin hacer ruido, sin dejar huellas...
Amazónica Venus Victoriana increpando a su gemela Venus Pajarera de no escucharla mientras esta última, intenta ignorarla entablando coloquio en doble lengua con la Mantis Rulero quien, harta de escuchar a la del medio, piensa para sí que la primera desconoce -cegada por los celos y la cal viva- los beneficios de no tener que escuchar tales divagues amoriles sobre la joven violonchelista y el ambicioso bordador.
“Al parecer, todo indicaría que viajaron una tarde en el vagón de un subterráneo cualquiera. Tan ambicioso era el bordador que fijó un hilo para poder encontrar a la joven chelista entre los túneles. Claro, no viajaban en el mismo vagón de un subterráneo cualquiera.
¿Y pueden creer que el ambicioso bordador halló a la chelista donde el hilo estaba roto?.
Ella esperaba con el extremo roto del hilo en su mano.”
Mantis Rulero hubiese devorado su cabeza sin pensarlo; pero no tenía apetencias lésbicas.
La envidia es un alfiler con dos puntas o dos cabezas, según como se la... que a fin de cuentas nadie es sastre aquí.
Cuando Calderón Acero las vio llegar, tomó una gran bocanada de aire, se contuvo, abrió la puerta y las siguió con su mirada hinchada mientras pasaban.
Falto de todo tacto y asfixia, Conectitaque se abalanzó a las tías disparejamente, pero igual para con cada una de ellas que lo recibieron con besos, abrazos y esas torpes preguntas que al hombrecito lo ponían de mal humor.
¿Quién es tu preferida?.
A lo que el hombre pequeño respondía levantando su remera y declamando: ¡Mi guatita perjumadita está limpia!.
La muestra de tierno horror y sospecha de si ese hijo era hijo de su único hermano, las dejaba de duda en vilo, silenciosas hasta que la vieja gaveta tocadiscos refunfuñaba un poco y desenredaba la semántica de esos artilugios de adopción, posibles vástagos extramatrimoniales, engaños maritales y esas cosas que las tías no sabían porque eran tías.
Calderón, el abrepuertas -es esa su sola y única labor- ingresó con una bandeja repleta de refrigerios y una insoslayable voluntad de no probar los elementos de esa áurea atmósfera reinante.
Por entre las notas musicales de la gaveta, una voz ronca y con acento se iba haciendo más y más presente.
Venus Carroña, entraba sonriente con el pequeño Conectitaque de la mano y su ombligo por el rabillo de la remera y un infragante dedo meñique en su-- se dio cuenta.
[cuidado que no se limpie en una de tus prendas]
Los labios del hermano menor al articular palabras daban principio a una deformación del aire hasta transformar sus emisiones en vapores flamígeros.
¿Es bueno que una mujer me quite el sueño?...
Las hermanas se observaron, no dijeron nada.
No espero que me den una respuesta.
Las hermanas respiraban aliviadas sonriéndose unas a otras con achinada gracia aristocrática mientras Calderón les acercaba una taza de té.
¿Es bueno que una mujer no me quite el sueño?...
Las hermanas, atascadas con el soplo de un dedo en el asa al borde de la taza cuyo sorbo, no notaron hirviendo en su garganta; las adormeció.
El abrepuertas -cuya única tarea no habrás creído era sólo esa- se contenía de reír; su vida dependía de ello... creer que eso era lo único que hacía...
¡Papá tiene novia!...
La exclamación quebró las capas de maquillaje haciéndolas descascarar.
Tras esa angelical... bueno, no.
Tras esa cortina de humo en piel, una mueca de alegría restaurada por un falsificador de poca monta -quien seguramente habría prestado otros servicios a la solterona, la divorciada y la viuda, respectiva y correlativamente- bufoneaba la noticia estrepitosamente.
Besos, abrazos y el recelo de saber que ninguna de ellas era la preferida.
Venus Carroña miró a su hijo y le indicó que fuese a jugar. Calderón, azulado, le siguió detrás mientras el niño planificaba algo vinculado a castillos, caballos y vaqueros.
Carroña se sentó y vio a sus hermanas aún de pie, rígidas.
Esperaba fuese diferente. Creo que me equivoqué...
Mantis quiso darle el consuelo que le latía dentro, que de verdad estaba hastiada de ocultarse y deseaba que-- pero mientras la del medio sujetaba sus brazos, la ciega paralizaba su motricidad con la cuerda de un violonchelo...
Un centímetro más, y las tres hubiesen muerto.
El ambiente se enrareció con una densidad que hubiese aplastado a Conectitaque, aún muy pequeño y frágil para tolerar tales condiciones.
Venus Irrespirable, de entre las sombras, emergió siniestra y sin un brazo; apagado por la luz reinante.
Se cree que uno solo de sus besos basta para secar el espíritu de un hombre.
Ahora que estamos todos, ya no es necesario...
Venus Carroña guardó sus manos en los bolsillos.
Victoriana, Pajarera y Mantis se dirigieron hacia la salida, mudas, mordiendo preguntas, identidades, conjeturas.
Hermanas...
Al girar, las vieron venir; una para cada una. Irrespirable agradeció, pero rechazó el ofrecimiento devolviéndolo con el revés de su única y oscura mano.
Mientras la mayor se disipaba en los corpúsculos, esperando un día alguien haga foco en sus ojos-partícula, las otras tres lagrimeaban algo dolidas por la traición de ese hombre que era feliz aún con el odio que ellas le profesaban con hondo cariño; como la tierra en el cuerpo de una ceja de dientes afilados, desencajada y corrupta de vida.
En el jardín, Conectitaque jugaba con la figura de una radiante mujer. Calderón Acero respiraba apacible, releyendo el querer de un viejo amor mientras fumaba.
Perdonar es perdonar... ser libre es otra cosa. Es irse de este mundo sabiéndose amado. Sintiendo que esa sola persona, lo valió. Escoger ser por entero suyo...
Venus Carroña era feliz. Había sido encontrado por una mujer gustosa de despertar con él, de despertarlo y que él remolonee tanto más que Conectitaque... una mujer que se sentía feliz de ser la madre de su hijo.
[¿creíste que se trataba de otra y que ella estaba muerta?. De seguro la confundiste con Venus Irrespirable]
[no creas todo lo que lees]
El lechoso jugo laminado se escurría en el apretujado estrangulamiento manuprensivo de las tías poco afables y ofensionadas por esa costilla fraterna, apócrifa de hermanitud y rancios refrigerios.
Las reuniones familiares que nunca habían sido como las de antes; no volverían a ser como las de antes.
Irreconciliables, yéndose tomadas del brazo -y un olor agridulce- la una de la otra, al unísono en que su hermano salía al jardín para jugar con su familia, todos, cada quién a la dureza de su blanda mejilla al roce de una caricia, despertó en la aludida un estornudo...

Obumbratta; la hija del cultor de cebollas...

[...a quién Conectitaque llamaba “abuelo”]

13.3.07

sorditos desbordarse

Diez y nueve (equis i equis) pequeños anecdotarios para construir historias destruyendo melancólicos ratitos de melancolía, como quién escapa descolgándose de la oreja de un hombre hecho de madera para hacerse un recital en la barriga (con trompetas y todo, porque le gustan las trompetas) de aserrín... te contaré esto para que te veas lo bien rara y nutrida que fue mi infancia desde la mecánica inventiva de crear juegos y juguetes a la de interpretar que las colonias uruguayas podían ser gigantescos campos para piojitos. Resulta pues que para un servidor, la canción decía así, con viruta y un poquito de tos, pero sin astillas: “Aserrín, aserrán, los maderos de San Juan...”
San Juan provincia o bien el lugar donde se hacía el resero blanco... cosa estimulante esta de algo que reza mientras alguien le sirve un vaso de vino.
Claro, en la ciudad es copa porque es más progre... como pintarse el cabello de rojo y autoproclamarse comunista de los pobres... en el sentido opuesto al que piensas.
El tanito y cuatro temas como puntos cardinales.
Sí, te dará dolor de cabeza si sigues leyendo con la vida torcida. No... no es mi culpa que las palabras te la tuerzan.
Enderézate que lo que sigue es importante.
El primer hombre estaba hecho de madera, pero el amor lo consumió por completo. Tanto, que ni siquiera tuvo tiempo de entregarse a la bebida por una pérdida irrecuperable (caso contrario no tendría sentido el ser un trozito de árbol ahorcado en la rama de un árbol más grande.
He ahí pues, el origen de la canción y esta mentira.
¿O no se puede partir de una idea absurda para tener un pinocchio?.
(¡ballenas!)
Cuenta los pasos que, donde halles una silla vacía, habrá un lugar entre el número de tazas y servilletas en la mesa.
Para leer por la tarde entre cafés y charadas (porque fueron escritos por la tarde entre cafés y charadas), la gerencia sugirió subtitular los asuntos ya que nadie comprendía palabra alguna de lo que decía el que, descolgado de la oreja, repetía incesantemente señalando con gesto de trompeta las panzas ajenas.

[sapitos de troya]
Goi Goi, serio como un escrúpulo y un escrúpulo nada más puede serlo, ocupado, sobrio y tajante en sus decires, implacable en la meticulosidad de sus actos, no dejaba gota y suspiro de pétalo en el pecado. Su honor y hombría lo precedían tanto como su homosexualidad.
Quienes no lo conocían pese a tratarlo, lo creían un apéndice de la soberbia y la falta de humor en todos sus sentidos.
“Putito de asterisco en punto”, murmuraban los obtusos descuidados que no se percataban de la sensibilidad de este ser quien, lejos de alguien maravilloso y por ende, posible, compartía algunos de sus ratos, jugando con un mapache enano de cola corta que de cuando en cuando pendía de su bolsillo y otras tantas se aferraba por el borde, asomando su mirada de antifaz. Era aquél mamífero la lepidóptera extensión de su alma enclosetada en la sonrisa de sus mercurios mostachines.

[llavero]
Diestro de luna en cuarto menguante, se rajaba cada noche para comerse los pollos de las casas vecinas.
Un día las gallinas le sacaron los ojos (los de abajo) -shingon del asesino perdonado y la prostituta- y los hicieron papitas al horno.
Hoy día nadie le da importancia a aquél suceso, salvo cuando alguien pisa un huevo de gallina y exclama “caquita de perro” aferrándose a la idea -con las dos manos apiñadas y compungidas- que en el futuro, no le venga un picotazo que lo deje ciego de la cintura para abajo.

[menuditos]
Hay francotiradores en tu henchido pecho jaspe apostado de corales peces globo. No escupas; apuntan al dedo que apunta a mi río, telescópicamente con infragrises, pero del lado donde se supone está vacío.
Astutos, saben que está ahí, no porque duele (sí, duele), ni por los latidos del lado equívoco de las razones.
Escuchan el agua.

[erizo]
Goloso con pintitas lacerantes, tenía inigualables extremidades para recoger papeles a toda prisa sin más aire que el que sus escamas le permitieran inflar.
Eso sí; tenía mantenerlas que en remojo para no hincharse de un color gracioso.

[ahogo]
Era tan pequeño que al nacer atascose en la garganta de su madre.

[huérfano]
Creció guachito y sin teta.
Nunca se hizo rico.
Nunca se encariñó con las monjas.
Sin daños a terceros, falleció entre rapiñas y cáscaras de maní.
En cuanto saldó su entrada al cielo, buscó a dios y le dio un flor de guantazo en la trompa.
Nunca tuvo grandes aspiraciones para la diplomacia.

[tacto]
Como que te desenvuelvan, te encuentren atractivo, te digan “dulce”, “caramelo” y te metan un palito para hacerte chupetín.

[golosina]
Se empachó de flores y no era para nada vegetariano.
Al tirarle del cuerito, vomitó diez pesos en monedas y un taxímetro.
No regales flores a quien tiene una demora.

[medicinas]
A las gardenias besos molidos con huéspedes en un ombligo hecho de plantíos de duraznos.
Dos cuerpos y un jarabe.

[sexo]
Recorrer con el deseo, la lengua a nuez y boca desde un hasta para saciar sed, aroma y gotitas de hombro en una fruta dormida.

[cadencia]
No verte y errar por una letra el estrabismo de perpetuarte a ojos cerrados.

[faisanes]
Apuraos que el estómago no entiende de hacer fila y, mucho menos, de hidratos de carbono en charola en estados de emergencia.
El rescate de alimentarnos con salvavidas.

[sobras]
Olvidar el mantel y todo recato al usar los cubiertos en ti.

[desnudos]
Con el desparpajo de la imbecilidad y el trueno, sacó su culito por entre las nubes y llovió.
...no tenía papel higiénico.

[paraguas]
¿Y qué tiene de malo no usar ropa interior en momentos de ocio?.
¡No abro nada!.
Rayos y centellas; let de superhéroes tranquilos, será de dios...

[aire]
Tres días de burro muerto y anexo calor se le funguearon en las hendijas de los dientes.
Que pobre sería, que no tenía ni una ventana en las mejillas.

[sonrisa]
Un final triste para quien disfruta el maltrato.

[carencia]
Atiborrado de nubes en el botón de su apetito, levantó las cosas dando coletazos, desovando pataditas entre las mesas.
“Pescado.”
Había estado conversando solo.
“Pescado”.
Parecía un loco discutiéndose a sí mismo, reprendiéndose.
“Pescado”.
La atención a ese compendio de aventurosas desventuras, parecían perturbar el ambiente, imbuirlo en una hipnosis.
“Pescado.”
Bicho de agua se descuida y lo último que siente antes del destripe es el anzuelo.
“Pescado”.
Una y otra vez.
“Pescado”.
No importó que se fuera sin pagar.
“Pescado”.
El mozo estaba irritado porque se fue sin dejar final...

1.3.07

imaginando al imaginador

Ante la titánica configuración de una curiosidad gestada, el desafío de las interrogantes y una decepción bien fundada, silabeando se confabuló un encuadre diferente, desafiante.
Escribía en trepando cuadraditos en folletín papelito con forma de mujer-boleto de un día-tren con girondos sin girondos, de esos en que se desea a toda costa, sin ninguna medicina, nacer con uno de esos botonitos de autodestrucción masiva para erradicarse de las faz de la tierra. No evadirse; destruirse. Sin embargo para eso necesitaría el bendito botoncito brillante, pero así nada más no es posible. Todo el mundo sabe que ese invento chino es yanqui y cuanta más pompa tenga, mejor.
Si no viene con bunker a miles de metros de profundidad de la superficie, dos llaves que giran hacia la izquierda y encienden una lucecita que pasa de roja a amarilla y dos tarjetas con códigos secretos que llevan dos tipos trajeados de gafas oscuras y maletines encadenados a sus muñecas y que al introducir el código y pasar la banda magnética de las tarjetas la lucecita pasa de amarilla a verde y ahí sí, sólo falta apretar el botón, pero no olvidemos que para hacerlo la luz debe estar escasa, la mesa tiene que ser larga y ovalada y debe haber, sí o sí (abstenerse de tal empresa caso contrario) un adorno con la banderita simulando flamear.
El efecto de la intermitencia de la luz roja en los sobrerelieves del rostro es imprescindible para el clima de tensión. Silencio absoluto. Todo eso sirve de nada ante un desorden del primer tipo -éste tipo, uno, yo- que entre maldecires y “carajos” se acuesta esperando encontrar el botonito bajo la almohada y apretarlo sin dubitar...
Si le dieran el otro botoncito; el que erradicaría toda la humanidad... bueno; mejor no preguntarle.
No es de las personas que sufre, sino de las que lo disfrutan sea propio y ajeno aunque no le guste (a veces no se está seguro que sea humano). Entiéndase que lo disfruta, no lo inflinge. Y tal vez por eso no concilia el sueño. ¿Qué males lo atormentan?. Piensa al respecto y... ninguno. ¿Qué mal ha hecho?... piensa un poco más... cree que ninguno, al menos no que él sepa. ¿Y entonces por qué no duerme?. Viene la lluvia con un nombre ajeno, algo dentro suyo se corre de lugar. Podría ser que algo dentro de él se corre de lugar, pero es él quien se corre de lugar dentro de la lluvia... sin nombre alguno.
Similar al deseo de dormir y no dormir como si fuesen dos llaves o dos tarjetas con algoritmos, pero... el tacto piel de un sueño desgarrado parecía haberlo sumido en las fauces de un día guerra; saltaba las gotas y los charcos como esquivando balas, minas antipersonales (son antipersonales porque quienes las entierran no dejan su firma o en el peor de los casos, dejan algo así como un "Disculpa, no es nada personal".
Los tigres al nacer no tienen rayas como las que tenía ese sueño de papelito mujer por sobre los árboles y del que despertó entreabierto, mordiendo y babeando la almohada. Parecía haber respirado el mismo aliento de un balcón y una copa. En sus ojos -las violetas saben de esos ojos- no había color; eran de opacos y absorbentes vacíos. Era un buen día.
La tormenta estaba afuera a corazón abierto, y el no había usado sus bisturíes, bisturís, bisturises... enterró manso su mano opuesta trasvasando la consistencia de sus huesos.
Los fracturó al expulsar su puño con la captura moribunda de eso que le hacía vida con una bruma delicada que se condensaba en él hasta mimetizarlo.
Precipitábase en él desde sí, desde aquél espacio dejado por ella; ella derramándose a la vez lo bebía entre curando con su boca y besos el vacío dejado; pisando el corazón expulsado, el rechazo... ¿y qué si no era más sueño de ella hecha tempestad que el de él condensado en sus senos?...
Tenía las rayas del sueño sobre su lomo. No, no era un depredador. No es una criatura que quisieras encontrar en tu cama sin que te refleje (tampoco deja de serlo a pesar de sus colmillos).
Podría contar una historia que todos entiendan (él cree que no podría) podría esquivar al universo y sólo contar con una voluntad única y un espíritu férreo. Podría hacerlo matemáticamente... siempre se preguntó por qué en la escuela primaria y secundaria tenía que usar hojas cuadriculadas para hacerlas... podría ahorrarse hacer ese tipo de preguntas y parecer menos imbécil. ¿Tu crees?... ¿Y qué le quedaría por pensar a los auténticos imbéciles?... no parece ser tan malo después de todo; no como quisiera. Además, nunca fue bueno con esto de los cálculos, el mercadeo y las economías telescópicas; ha de ser por eso que prefiere escribir trepando cuadraditos como quien descifra un milagro. Él sabe que las matemáticas lo contienen todo, incluso a la naturaleza misma. Le pelea con libros y jardines por desorden y diversión. Números reales, irreales, concretos, fracciones... cardinales.
...un poco como los sueños.
Y despierta masticando la almohada que creía haber estado masticando cuando despertó por primera vez... sólo que la primera vez estaba en compañía de una naturaleza repleta y desnuda como un pie descalzo que intenta treparlo horizontalmente y no por ello se crea que lo camina... un solo pie no camina (da saltitos).
Se relame por segunda vez, refriega sus ojos por segunda vez; no están sino llenos y la lluvia no es la misma.
La diferencia es que la que lleva dentro guarda la esencia de alguien que se entrega; y él sin paraguas dentro, la recibe. Está enojada como cajita china y le quema las manos. No está cerrada, pero no deja que él la abra. Un sello de papel reza "No me gusta que me hagan sentir lo que no me gusta". Algo se escucha dentro de la cajita. Algo que apenitas rompe el sello y lo mira por una hendija sin que él se dé cuenta. Como al despertar por segunda vez; él se sentía observado y no era sólo la lluvia... ¿puede ser confuso algo complejo?.
¿Y si esto está escrito para que lo entienda una sola persona y no es una adivinanza después de todo?... nadie tiene todas esas respuestas. ¿Y él qué?, el puede perder las esperanzas si no las busca, las descubre o las inventa. Si pierde eso, ya no harían falta botones... salvo los de una flor.
O los de una cajita que ruge escribiendo en cuanto papelito se le cruza, lo que sólo ellas, las flores, saben.
Entre gotitas de lluvia, el frío traducir como miedo no debes. El miedo es algo vivo, capaz de amar.
Lo bueno de decirlo todo, contarlo... sin decirlo.
Touché!.

19.2.07

cohrda arcanus corde

para Tyria (grazie per la traduzione)

...fiorirá dalle cenere come un uomo, con un bacio che porterá l'umiditá delle labbre e fiorirá interamente donna, colei che lo fará diventare fuoco per extinguersi assieme.
I fari del cosmos reveleranno allora -in un scintillare- la creazione oltre gli atti, del desiderio, delle parole, del concepibile.
La nebbia e il sonno...
[cenere di acqua e...]
Il genetista di libri

...y su cabello dormido entre las letras.

Enfrentado a las fauces de un animal inmóvil que parece deglutir todo aquello capaz de contener luz, la idea de ser devorado le atraía.
No estaba muy seguro del cómo, pero sabía sin duda alguna que lo había encontrado ya que, ¿cuántas personas pueden ser capaces de estar leyendo en completa oscuridad?... era un hecho; estaba perdido.
Sólo al leer las palabras, el túnel surgirá; será tu destreza la que te permita encontrar la entrada. A partir de allí... no habrá salida.
La extensión del túnel no debes medirla en distancia, sino en tiempo. Al comprender esto, una parte del recorrido no la haces tú, sino el propio túnel.
Aquellas notas carecían de sentido y sí, carecían del alma que las había impregnado, la vida que alguna vez sostuvo una pluma y encendió garabatos prendados a números colgados de nombres, fechas, latitudes, fórmulas.
Cuando cruces el contorno femoral del túnel, hallarás una oscuridad nunca antes vista; te darás cuanta al escucharla.
Y era cierto. Era una umbría absolutamente blanca que podía escucharse respirar.
Es el eco del jardín. Significa que estás cerca. Cuando encuentres las gotas, síguelas, ya que el túnel se ensancha hasta el infinito y no querrás perderte en todo eso.
“Todo eso...” Era la única persona que podía explicarte que no se trataba de la nada, de un vacío y, sin embargo, estaba ausente.
La gotas brotaban del suelo y en el mismo lugar donde surgían ya esparcidas, se iban contrayendo hasta absorberse a sí mismas. Ante el temor de hundirse en una de ellas, las fue flanqueando sin distraer su marcha.
Recuerda; el paso está donde quieras darlo. Los obstáculos no avanzan ni retroceden; permanecen en su sitio.
Un callejón sin salida. Un condenado recorrido cerrado, con un final. Alguien había sellado el maldito túnel... o no.
La respiración era más clara.
Acercó la palma de su mano hasta ese bloque que interrumpía el camino, y la posó. La respiración se alteró levemente, pero la superficie de aquello se erizó al punto que sintió como si largos cabellos rozaran parte de su brazo el cual quitó albergado por tan inmaculado susto.
No sabía si continuar, ya que desconocía cómo hacerlo. Tampoco podía volver; al mirar atrás... no lo había.
Finalmente cerró los ojos, inspiró profundamente y, volviendo a posar su mano en aquello; pidió permiso...
Una cálida luz comenzó a abrirse verticalmente hacia los lados mientras la respiración se convertía en un doble movimiento de danza.
Un pequeño hall de mármol apareció justo cuando comenzó a sentir que aquello lo rodeaba por las espaldas, empujándolo hacia adentro. Se resistió. Las rastras fueron más fuertes.
El ancho de las fauces en las que se adentró y había estado circulando, no parecía tan grande tomando en cuenta a aquellos dos seres tanto más blancos que el interior de las entrañas del propio túnel.
Ninguno tenía ojos, pero se sabía meticulosamente observado por ellos.

Ustedes irradiaban esa oscuridad, ¿no es cierto?.

¿Qué podía no resultarle extraño a este hombre?. Había amado, y eso no era todo.
¿Qué hay más infrecuente, inconstante, asombroso, inexplicable e impredecible que el amor?.
Que había sido amado; que ella lo amó.
¿Te preguntaste alguna vez si hubieses sentido lo mismo por mi, de haber sido un hombre?. Porque ten por seguro que hubiese ido a conquistarte y lo hubiese hecho.
Él asentía cada vez que leía esa pregunta. Hubiese cedido a ese encanto autoritario.
Por otra parte, de haber sido tú una mujer; me hubiese rendido a ti. Imaginarte con curvas y un sexo trazado a mi imagen y semejanza, esos mismos labios... sí; te hubiese amado con besos y asfixia también.
Ella había aprendido a conocer el lado femenino de su amante y él, no tenía inconvenientes con eso.
La noche que usaste el vestido de terracota marroquí, supe que estaría a tu lado.
Una romántica velada en la terraza, lluvias torrenciales, ropa mojada, caprichos y sólo ropa de mujer para vestir mientras la propia se secaba.
El vestido ajustado a tu cuerpo... disfruté mucho bailar y escurrir mis manos entre tus faldas.
Contuvo la respiración para transcribir ese momento en su memoria.
Estaban en la cocina. Ella tenía el cabello húmedo, las copas guardaban todavía un poco de vino y lluvia.
Ella tenía ropa más acorde para prestarle, pero eso él no lo sabía.
El ridículo no es una opción, sino una postura frente a la vida. Cuando me lo dijiste no pude prestar mucha atención en el momento... No puedes decirle eso a alguien y besarlo tan apaciblemente...
La memoria es un ser vivo.
«¡Por aquí!», exclamó una voz. ¿Cuánto hacía que no hablaba más que consigo mismo y sus pensamientos?.
(claro -racionalizó cerrando el cuaderno y sonriendo- le habían hablado a él que aún no había emitido sonido alguno)
[eva]

Ve hacia dónde mira tu nariz...

El increscendo de las partituras carmesíes que esa figurilla recortada dentro de las mismas sombras enunciaba, gestionaron una respuesta motriz y mecánica en el inesperado visitante que...
Al ver sus ojos pudo ver los de ella mientras los propios se imbuían de una honda carencia, de un amor interrumpido. Quienes lo saben, al escribir sollozan y dejan caer sobre las tintas esas pequeñas semillas de dolor e impotencia.
Cuando la tristeza te abarca, no hay océanos suficientes ni lluvias para esconder tus lágrimas... no te ocultes, aunque sea tu última hora, no me dejes de decir lo que sientes, no me dejes caer en el solitario de mis abismos... llora conmigo; déjame saberte en un abrazo conmigo... y llévame hasta que puedas transformar ese sufrimiento en amor nuevamente...
Se incorporó sobre sí mismo, gacho y mordiendo un pensamiento egoísta; “¿Y qué te hace pensar que una parte mía no morirá contigo?, ¿por qué lo haces?, ¿por qué?...” y al alzar la vista a la diminuta persona a lo alto del otro extremo de la escalera, el especio pareció reducirse hasta una abreviada fracción de tiempo agusanado. Ninguno se movió. Cada uno esperaba. La temperatura descendía.
«¡Basta!», gritó la vocecilla temblando ante la furia desatada contra los temores que el hombre contenía dentro de la piedra oscura de sus pupilas.
Cuando te dejas dominar por la incertidumbre y el terror, la frustración enceguece la sangre, la corrompe; la violenta.
«Si quieres irte, no tienes más que pedirlo. Si no, ya sabes qué hacer...» y dando un giro, la pequeña criatura pareció fundirse con la nada hasta desaparecerse.

El tonto más grande de las entrañas de la tierra está vivo, titulaba con su silencio mientras intentaba recobrarse a golpes de puño sobre el primero de los peldaños de la escalinata.
Aquello no podía creer lo que veía con su solo y gran párpado abierto. El escalón estaba hecho añicos y su aniquilador en cuclillas, destilaba por sobre su lomo empinado, un espeso y vaporoso veneno tan caliente que abría surcos en su espalda antes de hacerse niebla y enterrarse en las heridas para cicatrizarlas.
Erguido por segunda vez, con los brazos a un lado y el rostro renegrido por los nudos del veneno, salteó el escalón molido y emprendió el ascenso...
El primer intento fue un fracaso.
Al llegar al final del recorrido, estaba de nuevo donde lo había iniciado.
Dos, tres, cinco, siete... lo mismo acaecía cada vez que repetía la marcha.
Sus puños estaban otra vez cerrados, pero manteniendo los brazos a los lados, colgantes.
¿Cómo sueles ver un problema cuándo lo tienes delante?...
Dieciseis... sentose en el segundo escalón para reconsiderar sus opciones; si seguir subiendo, o seguir bajando. Sus manos estaban abiertas de par en par... y se reía.
El inmenso párpado con cuencas de aquello, lo observaba acongojado.
Desesperar para remediar premedita al tropiezo.
Ya no era él quien andaba sino su impulso lento, terco e incorregible. Por trigésima vez estaba a punto de dar el último paso y... no tuvo más fuerzas para darlo. Estaba cansado, vencido.
Dio un cuarto de vuelta sobre su eje. El párpado se abrió sobresaltado viéndolo avanzar hacia uno de los lados de la escalera al tiempo que se inclinaba su caminata por la inercia de la pendiente y- -
Ten cuidado con el último escalón...
Sabía que había caído... ¿o no?. Volteó y tras de sí estaba la escalera y aquello, que parecía sonreírle desde abajo.
«Vamos, levántate.» Sintió como si una manecita tomara la suya lastimada por los embates, y le ayudara a incorporarse. «Por aquí...»
Al desanublar su vista creyó que la había perdido por completo.
Innumerables pasillos con estanterías llenas de libros. Podía no sólo verlos, sino tocarlos. Eran cientos, miles.
«Son todos los que ha habido, los que hay y los que habrán de ser en todas sus formas y lenguas.»
En ese instante reparó que la voz oculta era la de la pequeña figura y, más aún, que hablaba su lengua.
«Bien, me voy a jugar. Cuando quieres, eres aburrido», sentenció haciéndole escuchar el correr de sus pasos hasta adormecerlos con el eco.
Trató de dar con ellos transitando los pasillos de un lado a otro; pero se supo solo.
Resignado, decidió recorrer los pasajes de... sí, no cabían dudas; era una biblioteca. ¿Allí?. ¿Y por qué no?. No tenía idea dónde era allí después de todo.
Libros, incontables volúmenes, elevábanse en una ascensión infinita. No parecían estar dispuestos en orden alguno, pero sugerían sí un patrón que alguien había determinado.
Sabía que estaba cerca de él.
Entonces, comenzó a escalar uno de esos muros de papel. Una vez arriba, observó a su alrededor. Buscó dónde el ocaso de las farolas.


Ahora deja que te lleve. Tiende tu corazón y duerme...
Las páginas parecieron dirigirlo. Allí estaba el gran arco.
[in memoriam]
El jardín; y él...

Usted... balbuceó viendo con las luces que salían de la biblioteca, el envejecido cuerpo de un pescador a la vera de un lago.
"Yo..." respondió el pescador como si se tratase de un juego mientras levemente movía su caña para atraer la atención con el sedal que pendía de la punta.
Usted es... en ese momento el hombre mayor le hizo callar tensando la caña con fuerza hacia atrás, obligando a una hermosa mujer enteramente hecha de energía, centellear por los aires. Invitada a surgir y levitar del agua contorsionándose, salpicando luz para la alegría del viejo, al ver el asombro boquiabierto del recién llegado, la ninfa estalló sobresaltada en cientos de indómitas esporas brillantes que se dispersaron asincrónicamente por los alrededores... una, revoloteó hasta el hombro izquierdo del muchacho y se quedó allí titilando acurrucada.
"Ellas son las únicas que te permitirán ver el jardín de momento", afirmó el anciano ya de pie, aprobando al joven con el rostro ajado, unos espejuelos opacos y una sonrisa de oreja a oreja.
"Bienvenido..."
[in rerum natura]
Al irse apagando con la distancia, con excepción de la que permanecía acomodada en su hombro, el jardín se le hizo invisible. Apenas y logró alcanzar divisar una foresta en los contornos del lago donde la ilusoria idea de una manada de lobos limpiando el sabor de la sangre luego de una cacería por un segundo pareció disimuladamente hacer vista en él... apenas y creyó ver un árbol con miles de ojos que lo miraban entre bigotes... apenas y le pareció ver elefantes de orejas cortas colgando como frutos ungulados, de otro gigantesco y frondoso árbol grisáceo con piel rugosa entre alpinas violetas de aguas medias y olvidadizas, con sinuosos rebordes de dedos en actitud de rascado y rizos... apenas y vio el aullido de uno de los lobos que se levantaba del resto presentando una morfología tan humana que lo único diferente a nosotros, era el largo de la cola... apenas y podía ver la palma de su mano en esa maraña de tinieblas.
Fue entonces cuando sintió un brusco empellón contra una de sus piernas continuado por un onomatopéyico desliz con resbalón en reversa y encandilado aquejo producto de la peripecia fallida.
«¡Aitite!, ¡Miña dut!, ¡Aitite!...» cual médico brujo se fue acercando tranquilo dando saltitos hasta la dolorida voz mientras recitaba un consuelo con entredichos de coplita y un regaño hecho de esas lógicas que acortan las brechas entre lo que no tiene edad y a quienes la edad, no les interesa.
“Pero mira, miradita entrante de coroides... ¿Cómo no ibas a toparte y caer, yendo a toda prisa con los ojitos cerrados?..." la criatura murmuraba y el entorno de alguna forma, no fingía al unirse a su sensación de malestar y fango cenagoso... “Bueno, bueno, ya, tómalo con calma... a ver... déjame ver... ahh, sí, es el codo... un raspón... el abuelo puede curar eso... ¿dónde lo dejé?...” hurgando en su bolsillo... “Aquí está... pasamos el hilo por aquí, hacemos un cruce por acá y... ¡Listo!... el hilo permanece sin ningún nudo, ¿sabes por qué?...” esperando, ante los globos palidecidos de angustia , la respuesta.
«¡Porque es mágico!.» sacudió la vocecita con un estruendo rozagante que hizo mover las copas de los árboles cercanos.
“Ahora seca tus lágrimas.” (el hombre no pudo observar cómo el rostro de la vocecita se turbaba de rabia ante tal desplante delante de un extraño) “Vamos, sigue jugando y cierra sólo uno de tus ojos, ¿de acuerdo?.”
«¡Sí!.»
clamó sonriente antes de confabular una pausa y... «¡Eres aburrido!.» El hombre supo que la crítica era para él y, por si fuera poco, que acababan de sacarle la lengua. El ruido que provocado al soplar con la misma entre los dientes delató la maniobra de la vocecilla antes de enmudecer y lo que acabó por esclarecer ese pequeño suceso que no había pasado ante los ojos del visitante... o sí...
“”¡Pero qué groserías son esas!...” retó el abuelo singularmente para luego suspirar con un alivio de alondras... “Es encantador ver a los niños jugar.” Aseguró el viejo ya a las espaldas del muchacho quién se exaltó al no percatarse de sus movimientos.
“Ven, te apetecería un poco de té. Vamos, seguramente has tenido un largo viaje y te sentará bien descansar.”
Y abriendo una pequeña puerta justo debajo del gigantesco arco, el viejo esperaba a su invitado cediéndole el derecho a ingresar. Una esfumada luminiscencia se asomaba por la arcada de la portezuela abierta.
El cocuyo zigzagueó llevándose consigo, entre sus patitas, una hebra tierna de aquel hombro anidado.
Al acercarse creyó sentir la tibieza de un sol sobre su espalda...
¿Entonces hay más niños?...
[interrogantes]

Unas pequeñas velas señalaban el camino tenuemente. Más lo hacía el aroma cascarudo desprendido de una cocina sin ventanas y con una pequeña estufa de hierro. La mesa, bastante más baja que lo usual, brotaba del mismo suelo pétreo. Se notaba al tacto que el ambiente sumergido había sido tallado y esculpido a mano.
Las sillas habían sido reemplazadas por finos almohadones y el aire que se respiraba, era refrescante.
“Por favor, toma asiento.”
Luego de lavarse las manos con un agua perlada de escamas turbias, con sumo cuidado el anciano sirvió cuatro tazas de té.
Antes de permitirle sentar, el invitado abrió su boca acercándose intempestivamente sobre el viejo para increparle sus razones, sus saberes, sus dudas; pero se detuvo ante la parálisis del otro quien, ladeando un poco su cabeza se le quedó estudiándolo... estuvieron así quince minutos.
El muchacho bajó la cabeza, se volvió a su asiento y se disculpó.
“No te preocupes. Tus inquietudes son auténticas... tienes contradicciones, pero equilibras tu orgullo y dignidad... lo intentas... intentas asimilar estos números que te resultan extraordinarios... buscas la elocuencia de esta matriz que excede toda interpretación posible y quisieras llamar milagro... pero no puedes... en cierta forma, no te es más que algo sumamente familiar y propio de tu propia esencia... prueba un poco de estas galletas con tu té, te encantaran.” Al vejete parecía no haberle afectado en lo más mínimo la actitud insolente e inhospitalaria del arrepentido como tampoco la taza sin tránsito en la boca del muchacho al que se le callaron los latidos reduciendo su respiración a un leve agujero negro...

El carcelero del jardín no es otro que uno mismo.

“Hubiese sido una verdadera tragedia sin embargo, el que hubieses interrumpido uno de mis chistes...” agregó con cierta seriedad.
Por alguna razón inconsciente, el disculpado atinó a esbozar una sonrisa cómplice con una sonrisa que a la vez presentía tan ajena, que cualquiera diría entre sonrisas “no conocer su procedencia”, para terminar sonriendo más allá de las paredes de aquella cocina...
“¿Cómo está tu té?.”
El té era espeso, parecía hecho a base de una pasta de menta y hormigas. Sentía como si los insectos mordieran su garganta, pero le apetecía mucho.


¿Cómo describes un sabor que no conoces?.

Ningún beso sabe igual dos veces. Incluso, si provienen de los mismos labios,
dijo con seguridad el muchacho sosteniendo el borde de la taza a la altura de su boca, hablando casi sin abrirla.
El viejo sin mirarlo se sonrió antes dar un sorbo...
¿Cuál es su nombre?, preguntó como dejando esa idea plasmada en la taza que se apoyaba sobre la mesa.
“No lo sé.” Respondió el veterano. “Nunca tuve necesidad de un nombre... es cómo el té que estás bebiendo... no podría decirte su nombre... ´té´ es una simple etiqueta. ´Infusión´ le da un corte demasiado solemne para mi antipatía, sabes.”
No, no lo sé,
rebatió con el ceño y el humor truncado el menor de los dos, haciendo a un lado la taza como desplazando a rastras una ficha que acaba de ser comida en el ajedrez y echándose hacia atrás con el cuerpo.

No busques la respuesta afuera sin buscarla antes dentro.
...¡como describir un sabor que no se conoce!.
La pausa mortífera endurecía el brebaje aún más dentro de la taza y en las papilas. La temperatura parecía haber bajado varios grados y el ambiente aislaba a todo vestigio de calor hacer algo para modificarlo.
Sólo eran ellos.
De cara al techo labrado, el muchacho alcanzó a leer en voz alta y de manera entrecortada (leer en esas posturas y con escasa luz no es tarea fácil).
Ro...chas...
“Rojas.” completó el anfitrión. “Rochas Rojas.” y ambos callaron nuevamente...

Una historia cerrada que permanece abierta... es una historia herida.
En aquél entonces él era muy joven para comprenderlo. La odió por no enseñarle cómo traer de la muerte a la vida misma... esa sola vida cuya razón de ser era ella cuando la conoció dando vueltas en aquél carrusel... él tenía los dedos algo torcidos (defecto de nacimiento). A ella nunca le importó y fue la única a la que le perdonó el destajo de recriminarle sus chistes. Reían juntos... Se casaron en mayo y al año llegó el pequeño Nabökodomocalamcalamimessiäh von Mutter... supo en la mirada de su mujer que lo del nombre iba a ser algo que de explicarlo acarrearía emblemáticas circunstancias sobre el jardín y su palabra sellada de mantenerlo vivo en el absoluto silencio... con rostro impasible y repleto de ternura, le sonrió y explicó la genealogía de tan sinfónico denominador para reducirlo con calmo convencimiento a Nabök, quién, por otro lado, descubría ese mundo de gigantes bastante irregular y extraño... su padre sabía que su vástago era ahora una razón ineludible, un vínculo entre este jardín y aquél... Y ciertamente el querubín no era más que una masa de carne con extremidades cortitas... parecía decapitado, no era muy agraciado en el diámetro de sus orejas, su morro mofletudo y regordete... era encantadoramente... feo... daba miedo... “si sólo no fuera a desarrollar las mal--” pero cuando su hijo asió uno de sus temblorosos dedos chuecos, el novel padre pudo apreciar en su totalidad la abstracción del universo y sus claves, concentrados en sus seres amados... al día siguiente con un bellísimo ramo de flores y un caleidoscópico sonajero, una bomba arrasaba el ala de maternidad...
[raíces de destrucción]
Estuvo parado frente a las ruinas incontables días... sobre sus propios escombros... sin poder llorar una sola lágrima... su herencia profanada, sus sueños desangrados... dejó los regalos y desapareció... quiso vengarse, hallar la culpa en otro... accidentar el hecho con la maniobra de un ser capaz de desmembrar la alegría por amor a su raza, a su religión, a la autonomía, al dinero, la libertad, el mercado, el poder... Venganza... engendrar lo que le quitaron...
En algún lugar se había desatado una nueva guerra... el ejercito de un solo hombre contra el mundo, puede ser mucho muy violento... más cuando se busca a la muerte con fervor...
¿Qué poco vale la vida a veces, no?. ¿De que servía vivir por los muertos?.
Su paseo por la desolación dejó desaires y sendas de un horror tanto igual de imaginable como el que aún guardaba en su memoria... su juicio veía el mal... no veía sus actos sino como una fuerza natural... hasta que... si no se hubiese topado con él... maldito... ¿qué hacía dentro de una zanja a las afueras de aquel atolladero humano?...
[ninguna guerra entre los dientes de un niño es buena, jales o no el gatillo]
Tuvo su pequeño cuello entre los guantes y hablando en una atorada lengua impropia... no tenía más que presionar un poco para fracturarlo... un poco más... un poco más... un poco más y... de no haber sido por el llanto de su hermana menor presenciando el acto, llamando al ahorcado por su nombre... en ocasiones el miedo es reflejo de nuestras pasiones... y sí, la escoria de su mente cotejó la posibilidad de hundir a los dos cuerpecitos en la zanja... pero los ojos... la niña... ¿en qué ser te conviertes cuando pierdes al monstruo de tu humanidad?... no era mejor que el “enemigo” de aquella guerra sembrada; era el enemigo... abandonó el estrangulamiento... y se desmoronó... entendió que los niños habían presenciado el asesinato de sus padres, ambos dentro de la zanja... también atisbó que en una fracción, ambos deseaban haber muerto con sus padres...
[las razones de un hombre con mareas asesinas]
El estigma convertido en purga... proteger como no pudo hacerlo con los suyos... ¿Cuánto importa la vida cuando la dedicas a la vida de otro?... él sabía que nada, pero no cedería...
Las jaulas tienen muchas salidas... decidido a regresar y llevar a los niños con él, hizo en el camino una parada hasta dónde una vez su vida había acabado... habían pasado años... pero algo dentro eclipsó su sapiencia... tuvo en espasmo... recobrar a su amada y a su niño... tenía lo que hacía falta... lo tenía consigo desde el fatídico incidente... un anhelo de equilibrio justo, de compensación, se depositaba en su mente... una geometría con un lado equivocado... el margen de lo inexacto con insomnes ansias de resurrección... con el infante de la mano y cargando a la hermana en brazos, regresó por dónde nadie lo vio venir...
[rochas rojas]
Más se acercaba al hogar, más era su desdicha... sabía que ese conocimiento lo superaba... grato su retorno, lleno de recuerdos y dolencias, esperaba una amabilidad que no fue tal... se le explicó que había traído con él motivos suficientes para sanar y emprender un nuevo recorrido, que la vida misma tiene limitaciones que aún pudiéndoselas cruzar, no debe hacerse... pero no tenía interés más que en sí mismo... suplicó desconsoladamente por la solución final... “¿La solución final?; ¿Qué eres tonto o qué?...”
Discutieron largas horas durante épocas... resignación, rencor y escondrijos... trató de ocultarlo hasta que lo encontró intentándolo...
Existen dos clases particulares de demonio. El primero es el que, obtuso, no entra en razones. El segundo es el que le aplica al anterior el correctivo indicado a cómo de lugar...
Las tres patadas en simultáneo que pedagógicamente atizó contra el torso y las costillas, lo remontaron en una elipse poética, al cenit del sufrimiento mismo, el cual despertó a los fantasmas de su pasado; el rostro roto de su mujer protegiendo un bracito desprendido del resto que ya no era un niño...
“¡Eres un imbécil!.” Gritó yendo en su busca para proseguir con el castigo. “Debería darte el consuelo de un vendaje, pero cargarás los espectros de tu ser por ti mismo... a fin de cuentas, no pareces haber aprendido, no has dejado de ser un mocoso irresponsable después de todo... no estás listo... seguro que tu paternidad hubiese fallecido de todas formas.”
Inyectado de enjambres y aguijones, rotó su cuerpo en un revés contestatario; la fuerza del impulso de un deseo, el defender una pérdida, puede lograr lo inimaginable... incluso golpear a una mujer... incluso el quererlo hacer...
Su brazo -a medio camino de dar un puñetazo en la cara- quebrose a la altura del codo al igual que sus piernas...
Ella no sabía pelear... sabía cómo ser un particular demonio de los del segundo tipo.
¿Cómo arremetes contra alguien cuya fuerza y flexibilidad al patear exceden un peso de media tonelada?...
Tuvo tiempo de reflexionar mientras sus huesos sanaban, su carne cicatrizaba y su remordimiento se empecinaba en descifrar un cauce que le permitiera reconciliarse consigo mismo y aquél macabro acto interrumpido. Lapso que sirvió también para aprender la labor que a partir de entonces tendría que desempeñar, profesándole el cuidado necesario y, la cual le brindaría presentes como quien ante él, cautivo de su epopeya (aunque un tanto sumido en el miedo) escuchaba sin pestañear.
“Nunca volvimos a hablar del asunto, pero le guardé muchísimo silencio y rencor... fui un tonto... creo que después de todo, todavía sigo siendo un mocoso malcriado...” sonrío inquietamente con un finísimo pavor, tecleando con sus dedos torcidos sobre el borde de la mesa...
“Me encargué del jardín desde entonces, como también de los niños... Nunca más volvió a hablarme...”
[partida]
Se fue a los pocos días que rompió hasta la ahuecada voluntad de sus huesos y todo vestigio de intento contrario al jardín y sus principios.
Guardiana y fundadora, hizo una travesía diferente a la de él y halló ante sí un mundo algo aberrante del que le habían narrado... esa maravilla entendida como “exterior” le pareció insípida y retrógrada.
Hubiese regresado antes... tenía el mal hábito de andar descalza.... hubiese estado de vuelta mucho más temprano... así él terminó a sus pies... más temprano... desinfectándole una herida provocada por un trozo de vidrio incrustado en su planta; pero lastimada y todo, movía sus deditos alegremente mientras él pedía se quedara quieta ya que dificultaba el curarla... “Pero yo estoy bien.” No dejaba de decirle moviendo sus deditos. “¿Tú no serás un pícaro aprovechador verdad?.” Refunfuñó entre signos de pregunta dando con el pie sano un llamado que resquebrajó el suelo, desequilibrando a su sanador... acto seguido se avergonzó...al momento él la configuró única y hermosa en especie, mientras ella le tarareaba alegremente con los deditos sobre el pecho... había tiempo para volver; pero eso ya no tenía importancia...
Él jamás prestó atención a ciertos descontracturados argumentos de su imaginario. ¿Cómo un biólogo iba a prestarse a elucubraciones botánicas de esa pomposa grandilocuencia e irrectitud?... Jardines colgantes, lagos con mixturas de nenúfares y tortugas con jardines en sus caparazones; todo en un inmenso ecosistema escondido en lo profundo del misterio mismo y que para verlo no alcanza con encontrarlo... ridículo... para colmo de males, se le antojaba gracioso que ella le dijera que era mayor que él.
“La distancia gentil de una melodía que no tiene relojes... eso nos separa.” Y él la miraba con la crudeza de un animal algo tosco que intenta retroceder las agujas con sus garras... al instinto no hay certezas o dudas que lo abrumen... pero si con una u otra lo acorralas; te morderá... ella sabía ser conductriz de las arenas de su instrumento... ella toda era una melodía... una distancia reconciliable entre los puntos de su piel y el aire comprimido al ser acariciada por él... y los displaceres no surgen y aprisionan un amanecer cualquiera... era agosto... ella no... ya no quería... “No quiero que padezcas los venenos que corren por mi sangre.” Pero su sangre ya era veneno... Su relación con la biología provenía ya de niño cuando en el parque de su casa, jugando, tragó por error veneno para caracoles... ¿Algo tan absurdo como que te digan que se es mayor que tú?. Sin embargo él creía que su reloj vital se había detenido a partir de ese momento... ¿Qué importaba en tanto no se perdiera el amor por nutrirse el uno al otro?... ¿en tanto uno no se convirtiera en solo?...
[la claustrofobia inexplicable del desgarramiento]
No tener con quién discutir faltos de seriedad... a quién acercarse con más ropa que un beso... a quién atarle cada aniversario un pañuelo al pie, mientras sus deditos bailan apoyados en el pecho...
Creo que después de todo; sí era más grande que yo... revolviendo la infusión sin cuchara.
Concentrado en las palabras, el viejo pudo transportarse con deleite y tristeza.
Ambos estaban pergeñando el por qué cada uno estaba allí... ella era el nexo.
Abuelito, convocó reverencialmente el muchacho al viejo, cuando escuchó abrirse la puerta de arriba con estrépito seguida de un tropel de pisadas que iban salteando los escalones.
«¡Haaaammmmbreeeee!.»
La refinada vocecita tenía forma al fin; una forma ennegrecida, una cara cubierta de barro, unos ojos negros con auras cristalinas... los mismos ojos que vio cuando la vio a ella en...
Eras tú... arriba y en la... trastabillaba el espectador. El cuerpecito estaba quieto, con la quijada haciendo una trompa anónima y un parpadeo de “no te diré nada” que lo confirmaban.
Un goterón de barro cayó sobre el té que reposaba a la espera de la criatura que allí permanecía como amalgamándose a la mesa, absorbiendo su composición.
Sus manos comenzaban a semejarse en textura a la piedra misma.
“¡Pero mira lo que has hecho!... Vamos, vamos... Ve a darte un baño que te prepararé otro té en una taza limpia... Anda, vamos.” y raudamente, dejando un rastro de huellas frescas, la vocecita, sin quitarle la mirada al joven, se aprestó hasta la escalera y, antes de irse hasta el lago para lavarse, estiró violentamente uno de sus brazos y apuntó con brusquedad su embarrado dedo índice... al instante se horrorizó y una fracción siguiente, esfumose cual rayo...
El rostro del huésped, chorreado de barro. El viejo arrimándole un trapo, reía.
[ofensas]
Luego de limpiar el barro de la mesa -lo que un chapuzón desenjabonado- el invitado posó el libro con suma delicadeza.
“Ay, esta criaturita. Seguramente estaba jugando cerca del laboratorio y los cultivos.” Viendo la cara lavada, pero medio enlodada de asombro, apreció el interés interpuesto a tal afirmación. Al pasar a informar sobre la química de aquél entorno, el muchacho, comenzó a hablar en trance, repitiéndole automáticamente alguna clase de mantra recurrente... una milenaria oración guardada hasta el momento de ser expuesta...
«A ella le gustaba decir que el jardín estaba aquí abajo... que otro tanto más antiguo y elemental sumergido en el útero de las aguas del lago, dormita...» reiteró del mismo modo la vocecita, totalmente bañada y con ínfulas burlonas, en el umbral de la entrada a la cocina, sin zapatos y con esa imperiosa mirada de recelo antes embadurnada de tierra.
“¡Bueno, es suficiente!. ¡Ten un poco de respeto y buenos modales!. Ese comportamiento tuyo no es bueno.”
La figura de ese ser descalzo, inmaduro, con la lengua afuera, generábale una nostalgia que lo corroía.
En tanto el viejo depositaba el té en la mesa y discutía con la vocecita, el joven se desenvolvía hacia arriba.
Disculpen... susurró con monotonía saliendo en la única dirección posible.
La ínfima silueta rellena, atragantó su mofa ante el espanto de verlo acercársele esperando un coscorrón que no tardó en provenir de las anudadas falanges del viejo...
[la cuarta taza, era para darle la bienvenida a ella]

Si intentas saber si estás preparado, aprenderás tarde que eso es lo que menos importa.

A tientas, deambuló a lo largo de la orilla del lago que parecía engullir cada paso dejado atrás. Estar a oscuras no le generaba ya cavilación alguna. No estaba echándose a su suerte, pero tampoco pudo dar más de diez pasos. Algo se resistía a dejarlo avanzar.
Sintió entonces al barro removerse debajo. Lo sintió algo débil, tibio...
Callado recobró el mantra encadenado por su mujer.
Sigue andando, no me esperes ni me busques. No quieras saber tu destino ahogándote dentro del mío. Encuentra el camino y avanza... yo estaré contigo.
Saluda a los niños de mi parte.
Invadido, punzó la blanda superficie con sus nudillos y un gemido hizo estallar el agua que pisaba, provocando una tormenta ingrávida que lo elevó incluso a él de la pegajosa superficie...
Un segundo gemido lo mantuvo estático en ese estado de levitación.
«Abajo!.» gritó la vocecita dando una palmada en la tierra.
La precipitación, algo temperamental y proporcionalmente de espaldas a su axioma, mordían su labio inferior rogando el prólogo de una falacia que le explicara que eso no se suponía aconteciera con tales impedimentos rudimentarios y politeístas... el agua estaba dura y hervía un vapor frío.
«Me dolió sabes...» confesó la voz. «No lo vuelvas a hacer... No somos lobos en un bosque mileto.»
Las lágrimas del joven, tendido y furioso, se mezclaban enmudecidas con la oscuridad.
«Abuelito quiere te lleve... ven.»
Quería que lo dejara en paz, lo cual ante su insistencia no era una opción.
Cruzaban el lago por el camino más corto... a través...
Tendría no más de seis años. De a ratos sentía que estaba tomando su mano y al paso siguiente, que era su muñeca la tomada por esa manecita.
Las aves seguían el andar con su canto.
¿Todo es oscuro aquí?... como indagando sobre una obviedad.
«¿Y qué no es oscuro para ti?.»
La respuesta contenía entre las llaves de pregunta, la incipiente incapacidad de quien, insatisfecho ante tal escollo, opta por la más torpe convicción; si era un mal sueño, quería despertar. Si estaba muriendo, quería morir de una vez.
Un perfume de flores indicaba que estaban prontos al otro lado del lago.
«Bajo el manto boreal, en hielos de diamante negro y un corazón de rochas rojas; allí yace vivo el jardín.» recitaba la infantil voz con la sabiduría de un pequeño demonio habilidoso para el juego y la tortura; algo que él ya conocía.
«Yo, también soy el jardín... ¿entiendes?.» dijo apretándole un poco la muñeca para cerciorarse que estuviese prestándole atención... «No - lo vuelvas - a hacer... la próxima, puede dolerte a ti también...»
Esta idea lo mantuvo distraído en sus pensamientos. Lo suficiente para que tarde diera cuenta que nadie estaba llevándolo de la mano, que estaba inmerso en el bosque del jardín; y que podía verlo o...
[relámpagos en el interior de la cuna]

«No te sueltes o te perderás...»
¿Habría visto realmente entre esos gordos alcanfores con piel de alas de mariposa y lomos de medusas, retoños de grullas y tigres entre flores cubiertas de pelaje y espinas?.
«Cuidado cómo lo miras.» alertó repentinamente la vocecita a modo de faro, cuando el encallado topose de bruces con aquél árbol de mil ojos abordado por una secuencia de intermitentes pestañeos y alaridos que parecían reconocer en la persona del hombre, a un leñador malintencionado.
«Te dije que tuvieras cuidado...» reprendió en voz baja. «Estuvo teniendo pesadillas, pero es un buen árbol... sí, eres un buen árbol.» gravitó seguro y con sigilo calmando el gimoteo.
Estaban por llegar, cuando la vocecita desprendió con una cuasi-inocencia que «El abuelito hace mucho que la dejó de buscar y, aunque hace mucho que está solo, ya sabe que están con él... es aquí.»
Rechinó. Un aliento denso corrió por debajo y unas palabras cargadas de amabilidad se dirigieron a él.
«Yo - no - entro.» confirmó la marcha atrás de la vocecita. «Tú sí.» reconfirmó agitando los brazos, alentándolo hacia el rechinar mientras se alejaba, a la vez que sin quitar su vista del joven, lo vio abandonarse a conciencia envuelto por la densidad del aliento...
“Adelante por favor, pase.”
[ella]

Era una mujer. Podía distinguirla gracias a la escasa iluminación reinante. Cabello corto, rojizo, estilizada, con un hombro levemente más caído que el otro...
“Si gusta acompañarme...” le solicitó una segunda voz más grave y masculina.
Un hombre más alto que él, fornido, de cabello rubio y ojos idénticos a los de la muchacha -cada uno de un color distinto, pero simétricos en ambos- lo aguardaba para guiarlo.
“Lo está esperando. Vaya.” sugirió la damisela.
Antes de acompañar al hombre de espartana estirpe, reconoció parte de los canales y puentes que ella supo tejerle en las páginas como si se tratase de su propias aguas.
Ella... les manda saludos. Confió a ambos hermanos.
“Muchas gracias; también la recordamos con cariño. Sentimos mucho su pérdida.” asintieron ambos con gratitud y respeto.
[lo imperturbable del cambio es que no lo sería sin lo previo]
La puerta estaba entreabierta.
“Entra, entra. ¿Tomaron el camino largo?... Seguramente tenía ganas de llevarte a pasear... le agradas.” aseguraba el viejo en tanto retomaba la lección que había estado a punto de emprender ante su pupilo...
[y este de ninguna manera puede interpretarse como el principio]

Alguna vez corrió por una tierra que bañaban dos estrellas. Antes que en este sistema hubiese un solo sol y la falta del otro, acabara con las primeras especies o “suelos”.
Para ella, él, sí tenía nombre entonces, y parecía reducirse a una sola emoción.
Las propiedades de una mística que se concreta dentro de reservorios.
Cada libro que desde entonces llega a sus manos, pasa primero por su ojo laboratorista. Analiza cada tinta, cada papel, cada tipografía, color y tejido; cada encuadernado y medida; elige y descarta. Luego, pasa a la observación bibliotecológica y finalmente a la lectura... o no.
Es una estructura de sumario concebida en forma de láminas fundacionales de arcilla.
Se dice que dentro de cada página de un libro, puede hallarse el deseo del alma humana que, combinada con la estructura molecular originaria, crea la variable de la posibilidad.
“Tan posible como lo eres tú”, explicó el docto anciano dentro de un guardapolvo oscuro con largas mangas. “Encendí algunas velas a los efectos de ilustrar mejor tu entendimiento.”
Sin embargo el entendimiento latía la inconsistencia de un arcilloso lodo que yacía en lo incuestionable de un alma que él llevaba consigo... el muchacho... y también el viejo.
¿Volvió a intentarlo no es cierto?...
El sabio se abstuvo de responder y en su lugar continuó su disertación emancipadora de la ignorancia.
[caput mortuum]

Es sencillo si mantienes tu esencia sin límites.

Mientras encorvado, el educador mostraba la receta, el educando presenciaba la preparación del cocido con los ingredientes...
“¿Cuál es el secreto?, te preguntarás... No lo hay. No es magia, ni ciencia. Una fase es creación; otra recreación.” Revolvía. “Para cada una de estas fases existe también una contraria, nefasta o negativa, de la cual hablaré luego, si no confundo los órdenes. Ahora bien, desde un razonamiento ordinario, parecen la misma cosa, pero... si así fuese... ¿por qué llamarlas de manera distinta?”, ondulando el cucharón como si fuese parte homogénea de la pregunta. “La primera es esencialmente única en todos sus aspectos... la segunda es sólo una marioneta”, sentenció desde una trinchera rodeada por sus sentimientos entre siniestras púas de verdades cadavéricas. “En su defecto, es algo o alguien que no será eso esencialmente único e inimitable, pero que puede contener por propia valía unicidad diferencial.”
[funerales del fuego]
“¿De qué sirven cien cuerpos si ninguno porta el espíritu de ese que no fuiste capaz de crear?.” Algo tétrico se descubría en su forma de desparramar la masa en los moldes.
“Se trata de una ecuación infrecuente, de un cálculo demasiado simple para que lo entendamos; por eso nos empecinamos en ese absurdo tópico... Leí a Mary Shelley... mejoré considerablemente su trabajo sintetizando los restos materiales, a materiales completamente nuevos… pero fue inútil... después de todo no soy más que un púber asistente en toda esta mecánica de la jardinería... Añadimos los extractos... no quería reconocer que esa era una substancia imposible... Hay cosas que están más allá de los componentes básicos... la recreación te brinda la similitud exacta, pero no la singularidad, la divergencia... o sí; no estoy muy seguro... las bandejas se ubican en la membrana base del fundido final... el horno de cristales sedimentarios, tiene orificios que actúan como válvulas al encendido de la tableta... por dilatación y contracción de la primera llave... el proceso se desarrolla dejando que la arcilla bulla y se encapsule por la vibración del horno que acelera las partículas equilibrando las métricas laminadas por períodos secuenciales... el contenido de las láminas no es aleatorio... es un registro minucioso... pese a todo, no pude dar nunca con la fragua específica para el alma... Cabellos... en los libros busco al menos un cabello... en ocasiones el número de página es primordial... algo sencillo para la fase dos... tomamos las páginas del libro, lo descomponemos, obtenemos el escrito capilar, lo pasamos a la arcilla... la tableta una vez adoptada la forma de un capullo, se suspende en una solución obtenida de las raíces del jardín y se le proporciona concordancias sónicas a las especificidades inscritas en la tableta... toca su propia canción... La incubación de las partículas de toda materia orgánica e inorgánica se reduce a cómo se relacionan a través de la acústica y cómo, esta acústica a gran escala, se traduce en armonías... El habla es una variable fónica que puede estar presente, pero no es determinante para el laminado... Una vez terminado el cocido se obtiene la semilla. El resto, es un devenir que se traduce por sabiduría e interpretación propia del jardín... Así, mi tarea aquí es simplemente componer los códigos libraicos en las angostas y finas tabletas de arcilla a modo de tutores... Esto de ninguna manera define la fisiología concreta de la germinación ya que en ella influyen también las condiciones que brinde el entorno como el cuidado que se le propicie...
La recreación por otro lado, se hace en la cámara de tallas. Se utilizan los mismos elementos que para la creación junto con un relleno de cuajado proveniente de la creación o de los residuos de la fase negativa la cual puede proceder de ensayos fallidos de cualquiera de las etapas positivas... y que, sin el eco primigenio, ninguna es pasible de tener origen y sentido al abrazarse en las entrañas del jardín... devenir del jardín para ser parte del jardín y...”
...ser el jardín mismo.
Afirmó el joven terminando la clase del maestro.
La comprensión y el querer comprender a veces generan conflicto.
El biólogo sospechaba el ungüento de una falacia en la verba del viejo. No le había dicho todo. Eso no podía ser todo. Debía haber más. Lo había.
Ambos sabían que ese jardín era extraordinario. Que sólo alguien capaz de dominar y deletrear tales técnicas podía haber originado árboles con plumajes y racimos de seres vivos gestándose en sus ramas. ¿Y los libros?. Los libros eran el cultivo principal, era evidente... y el muchacho tenía el requisito indispensable para cumplir su irrefrenable deseo.
Que el trabajo no incluía leer cada libro en particular; eso no reservaba novedad alguna, más que para sus ratos de ocio y según lo que apeteciese la curiosidad del viejo. Por lo demás, dedicábase a sus labores las cuales involucraban encontrar entre las páginas de cada libro las configuraciones sígnicas para la fases positivas... pero al biólogo una mentira aledaña le sucumbía.
“Me gusta creer que quién señaló las páginas en donde hallo los cabellos, lo hacía a sabiendas; pero en algunos debo reconocer que se trataba de falta de intelecto y pura calvicie.” Al muchacho no le hizo gracia, pero el viejo, con sentido del humor, no distraía el aguzado razonar de su observador con esos divagues.
“Por cierto. Antes que me olvide... Toma. Lo dejaste sobre la mesa de la cocina...” y deslizó el libro que ella había escrito. El muchacho lo aferró con nerviosismo.
Ya no podía contenerse, necesitaba escuchar la respuesta para el siguiente acto.
¿Cómo es que usted logró entonces?...
“¿Yo?.” Se echó a reír. “No yo, mi niño... el jardín existe mucho antes que tú y que yo...”
[provecho y salutación del ser]

Desde que la tierra era apenas un satélite vagando por el universo, en tanto a su paso recogía pizcas de esencias en distintos estados que fueron combinándose con el mismo cosmos hasta que su viaje se franqueó por un colapso al que llamamos efecto de contorsión o galaxia. Su nomadismo en esas instancias se fue agrietando hasta hacer del cuerpo celeste, un ombligo, el ápice de un abrojo prendado a una variable de una ingeniería de circulación no ya errática, sino orbital. En esa alianza que restringía su trayectoria, las combinaciones de estos factores produjeron reacciones en los materiales inertes. Ninguna tecnología intervino, al menos no de las que conocemos. Sólo tiempo, combustión, práctica y enfriamiento... ir de lo simple a lo complejo, procurando mantener la pureza medular del génesis... el jardín, está más allá de ser un eslabón en esta cadena de eventos y eventualidades; bien pudo ser anterior o posterior, eso no está claro, sin embargo, es posible que con menos lógica, esta explicación, no sea sino una del supo, del sé y del sabrá... o un tal vez... tal vez corolario para la fundición o ensamble alquímico... tal vez esquema de forja o derivada insubstancial de conjeturas... tal vez la arcilla.
[necedades]
¿Por qué simplemente no me dice que reintentó crearla?.
“Porque ya sabes que lo hice y sabes que en vano podría volver a intentarlo.”
El viejo había leído al muchacho desde que lo vio de espaldas mientras pescaba.

No te enfades ni desprecies a la muerte.

Este es el libro... lo sabe, ¿verdad?... el que ella escribió... ¿sabe por qué estoy aquí?... tome uno de sus cabellos... por favor... rogó al viejo que acababa de voltearse hacia la puerta. Usted es el único capaz de hacerlo... de vuelta... tráigala de vuelta a mi...
“No lo entiendes, ¿no es cierto?... No hay manera que lo haga, no la hay.”
El joven asentía incesante con la cabeza negándose a soltar esa sola esperanza... “Que no la hay. Es imposible que ella sea la misma que tuviste entre tus brazos, que huela por la mañana con esa piel y rocíos en sábanas... No será ella a quién le hagas el amor por mucho que intentes convencerte... no serán sus ojos los que te penetren aún estando cerrados... te volverás loco... no lo haré...”
Tomándolo de las solapas del guardapolvo, embrutecido por esos fonemas que atormentaban su deseo, el indefenso joven exigió con la severidad de un cancerbero... No quiero sus excusas, quiero tenerla de vuelta y nadie más que usted puede hacerlo y sé que puede... ella también lo sabía y no quise creerle... de haber confiado antes en sus palabras, la hubiese traído para curarla o... pero no la escuché, no le hice caso, no lo suficiente hasta que... que... soltando las ropas del viejo con un estertor de concilio para con su remordimiento.
[demoras]
“Mi niño... el resultado de lo que pides te será mucho más doloroso que lo que estás sufriendo... No fue tu culpa... ella decidió irse... debes aceptarlo aunque te consuma por dentro... Además; tú ya la trajiste de vuelta... ella quiso traerte hasta aquí... cumpliste su voluntad y ella cumplió la tuya... acompañarte, estar contigo...”
El dolido joven no vislumbraba con claridad; de nuevo todo se desvanecía ante su mirada obnubilada y descompuesta de formas.
[verdades]

Y quiso comprender...
El libro contenía la memoria del alma de su autora, la mujer que lo había amado, que de haber sido él mujer ella hubiese recorrido por entera hasta hundirse en un placer compuesto, compartido e igual de irrepetible... (irrepetible)
Quédeselo, para su biblioteca, seguramente era el único que le faltaba... entregándole el libro al anciano.
“¡Realmente eres un tonto!.” arremetió con un coscorrón. “¿Aún no lo entiendes?.”
¡Sí que lo entiendo viejo mañoso!. No puedo obligar al genetista de libros a hacer el trabajo sucio de traer a un artificio a este sitio noble y supremo, “o en su defecto” a alguien que no será esa misma criatura que me hizo para sí, único.
Estalló con una compacta cólera indiferente.
“No, no acabaste de ver el cuadro entero... es por eso que no eres capaz de ver el bosque por encima de unos pocos deslumbramientos.”
y le dio otro coscorrón... “Cuando mencioné que era un asistente en este sistema, es porque era SU, asistente...” señalando el libro... “¿Comprendes ahora?...”
Como si hubiese vuelto al principio del primer peldaño molido entre la escalera y aquello con el inmenso párpado...
Guardó el libro y se encaminó dónde la chillona puerta... pasó inmutable entre los hermanos que algo asombrados se observaban con desconcierto.
Desprendiéndose del aliento que lo había cubierto en la transición al interior del laboratorio, contraía arrítmicamente sus manos. Se sentía diferente; algo idiota, pero diferente. Dónde su corazón, sentía pender el hilo dónde ella, permanecía. ¿Era él?... ¿era posible?... el jardín estaba iluminado, radiante...
Las infinitas aguas del lago encastradas con perlas, curtían el acuoso azul que emitía destellos contra la bóveda que, cubierta por el follaje de las copas de los árboles, dejaba entrever también cómo las ramas se enterraban cual raíces sobre el cielo de la corteza extendiéndose como sostén y patrón de referencia, trasluciendo una noche como las que ella le había contado entre orejas y besos, con una estrella que abrigaba la superficie.
Los tonos se fundían unos con otros. En su totalidad era un ser vivo. ¿Cómo alguien podía tener la soberbia de creerse por encima de la sabiduría del jardín?.
Sin temor se paró sobre las aguas del lago, se descalzó y caminó sobre ellas.
Un aire embriagante lo hizo respirar entrecortadamente. Bajo el agua podía ver a las luciérnagas. En el centro del lago contempló el hogar de los destinos y, un poco más allá, cerca del árbol de mil ojos, a la vocecita. Con firmeza, se aprestó hasta ella. Novecientos noventa y nueve ojos del árbol se percataron que él veía con excelsa claridad... el ojo mil, dormía.
[¿estás viendo las voces que escuchas?]

¿Y tú tampoco tienes nombre?... interrogó a la vocecita que respondió afirmativamente y satisfecha. ¿Y cómo te llamas?...
«Yo me llamo Eva. Mucho gusto.» y dándole un abrazo confesó... «Te pido perdón por las cosas malas que te dije... no eres aburrido.» el muchacho aceptó las excusas con una sonrisa.
¿Y este amigo tiene nombre?...
«Sí, el es Miao.” introduciendo al árbol de mil ojos, el cual además de tener largos bigotes de violín, era inofensivo e igual de asustadizo que cualquiera que se lo encontrara de narices sin previa jactación de su presencia... «Le pregunté al abuelo si no podías vernos y me dijo que fuera paciente, que se necesita cambiar algo adentro que no entendí bien qué era, pero yo no soy paciente y me irrita... el no ser paciente me hace rascar y entonces me dan ganas de llorar también, pero no puedo llorar porque me sale mal y me enojo; me sale pero para adentro y el abuelo me dice que es porque soy grande, pero hacia adentro, que soy de naturaleza árida y eso está bien... ¿árida es como piloto?... porque el abuelo dice que es poco frecuente que alguien que se tira al agua salga sin mojarse. A mi me pasa eso... me gusta hacer la plancha y quedarme flotando como un barquito... ¿el té que tomé estaba muy caliente y me quemó la lengua?... ¿Vez?...» mostrando su lengua entre los dientes a la usanza de un paciente que tuviese herido el pie... «¿estás bien?... ¿qué es eso que te sale de los ojos?... »

Cuando sientas que algo se pone en tu contra, date la vuelta y velo a los ojos. Si se te queda de grano en flor con la atadura atónita y la lupa en óptica retirada diapasón... no es un árbol... o sí... tal vez... Si no; lo habrás convertido en tal... o tal vez no... tal vez...

Eva comenzó a apilar minuciosamente las lagrimitas manteniéndolas verticalmente encimadas, pero sin mezclarlas; aprendió allí mismo a hacerlas discernir entre sí de las moléculas estables e inestables de las emociones que las gobiernan... salvo claro las suyas, que a falta de lagrimales, eran sumamente apasionadas en su eclosión de soplos.
[fotografías]

¿Hacia dónde está el horizonte cuando la vista reposa en él, a ojos cerrados?.

Hace mucho ya que el abuelo partió dónde su amada y su niño.
Encontrar la entrada al túnel no tuvo más razones que las de visitar al enorme párpado.
Mientras tanto, la vida se cuece.
Eva nunca acabó por creerle que era mayor que él, y que sí podía ver sus lágrimas...
Por aquel entonces, el hombre -ya anciano- conservaba el libro.
Verlo de nuevo cómo lo hizo la última vez poco antes de sumirse para siempre en las penumbras, no pudo; pero aprendió a verlo más allá.
Tal vez por eso... nunca le importó pese a saber dónde se encontraba el túnel, el hallar la entrada del mismo la cual, para ser sinceros, nunca había estado ahí... o sí... tal vez...

Ver algo dentro de la más completa oscuridad para aprender que el jardín, está en uno.

[el tercer ojo]
Ciego, pidió expresamente a Eva enterrar el libro bajo el árbol del cual ella había sido fruto. Y así se hizo, con excepción de una hoja que guardó discrecional y condicionalmente, la cual le daría a leer a Eva, al momento de su despedida...
[horizontes]

Un día sus ojos se cerraron melodiosamente en el papel que guardaba consigo...
Reposó con un último eco primigenio.
...y la vio llegar.

Sabrás que es la hora, cuando por sobre las agujas, desfilen mis dedos atados a tu pañuelo; cuando me dejes rendida en estas líneas, junto a los trazos de tu corazón y pases a formar parte de ellas; crezcas dentro, con las cenizas...
...y llegues hasta mi.
Ya es tiempo amor; de un otro y nuevo jardín dentro de su árido corazón que por primera vez, llora hacia afuera, como el de todo un hombrecito.
Y sí...
...eva es.
[indescifrabile lacrima gene del libro delle acque]






GLOSARIO
cohrda arcanus corde: (latín) Cordel del Arcano del Corazón.
Introducción:
...florecerá de las cenizas como un hombre, con un beso humedecido de labios y por entero mujer, quien lo convertirá en fuego para juntos extinguirse.
los faros del cosmos revelarán entonces -en un parpadeo- la creación más allá de los actos, del deseo, de las palabras; de lo concebible.
la niebla y el sueño.
[cenizas de agua y...]
el genetista de libros
(Gracias Tyria)
in rerum natura: (latín) En la naturaleza de las cosas.

coroides: (del griego chorion, “cuero” y, “eidos”, forma) Anat. membrana que tapiza por dentro todo el globo del ojo, excepto la córnea.

¡Aitite!, ¡Miña dut!, ¡Aitite!: (euskera) ¡Abuelito!, ¡Me duele!, ¡Abuelito!.
(Gracias Dédalus)

caput mortuum: (latín. cabeza muerta) lat. se llamaba así a los residuos que quedaban de los ensayos de los alquimistas.

mileto: Geog. Hist. ciudad de Asia Menor, puerto en el mar Egeo. Cuna de Anaximandro, Aspasia y Tales. // Mit. Rey de Caria, hijo de Arce y de Apolo. Fue abandonado en un bosque y en él lo alimentaron los lobos. Fundó la ciudad de Mileto.
ungulado/a: Adj. Zool. Que tiene pezuña o casco.
indescifrabile lacrima gene del libro delle acque: indescifrable lágrima gen del libro de las aguas.

8.2.07

transit last lough... (carey)

-To kill a Drew, you need a Barrymore.-
-But, but... but (whispering) I´ve already got that fat guy over there.-
-Well... kill him. You need a Drew anyway.-
-Yes I know, but- -
-Listen... Barrymore, is much prettier and, what can be better than a sweet weakness like that lovely and sexy lady with juicy carnal lips?...
-Yawh!, Fat Ass!, Get Lost Or I´ll Start Making You Sing Like Mariah!.-
-Are you joking?.- ask from the back the chubby bastard right before the bullet breaktrough his skull.
[next time, do not ask, Jim... do not ask]

4.2.07

sobre/mesa

Boquita de nuez al fuego, preguntó por qué las cosas pequeñas abarcan tanto amor... respondió nadie.

Respondió nadie, prosiguió un capullo despierto en un jardín de sal que, atento a la consulta de esos ojitos de almendra, debido a las cualidades que incapaces de definirnos, son inherentes a tales materias de cantidad y espacio.
Para alguien que amorosamente podía pedirte le trajeras arena en un frasquito de mar, no muchas flores echan pétalos y polen sobre los amantes; a menos que las estaciones despierten las cópulas desiertas.

Ser un diente de león y morder tu cuello con la liviandad de hacer presión y cosquillas en tu sangre...

Conceder el brindis de lluvias irregulares sobre la desnudez de un engaño descubierto y callado. De esas cuestiones gusta boquita de nuez cuando alguien se le hace garganta con su lengua mucho muy cerca de la boca; tanto como para retenerla con los dientes y salivarla con sus salsas.

Cómo dio a parar el talón de su delicioso pie sobre los hombros del capullo estribaría un cálculo dónde el arte y la cocina conviértense en especias para un sutra de manos, hierbas y besos...
"Escribir alrededor de tu tobillo un poema sobre tu mundo, pareciera un desafío, pero el verdadero reto es escribir en derredor del mundo de tu poema, desde y con tu solo tobillo."

Su empeine rezaba trazos que rodeaban en forma ascendente los contornos de su pierna. La mesa, impávida, víctima de la vajilla desposeída, sentía los sabores de la carne humana. Un durazno y otra mordida más tangencial...
Acábaseme de ocurrir que, para no tener tabúes, hay que tener un ombligo vudú... y repitió la frase mientras aquel punto del génesis fallecía contraído sucesivamente entre el placer y la tabla que la contenía sabiéndola desbordando en los límites de su anatomía y los de ella.
[el diente de león tiene cientos de colmillos]
Tendiendo la palma de su mano para confortar la mejilla ajena con una sonrisa, boquita de nuez se convirtió en lecho y perfume de su propia interrogante.

Luego la mantis devora al macho comenzando por su cabeza, explicó respirando pausadamente, satisfecha y sintiendo con su vientre cómo el rostro del capullo se paralizaba...
Shhh... simplemente quería escuchar mejor tu respuesta, y amansando su incertidumbre, celebró con labio encarnado en labio, arqueando su cuello en una torsión espirituosa, mientras el vino se destilaba sobre la piel libada en su recorrido hasta dar con el fruto de sus pasiones y confundirlo entre las sales y las heridas relamidas.
De nuevo tuvo su contestación; y no se detuvo hasta saciarse.
(hasta que fuera su turno de cocinar)
(y comer con sus manos)

La dulzura de los huesitos.

28.1.07

fábula matariferia

El señalador del libro no era más que un trozo de papel cuadriculado con notas que no seguían ninguna de las geometrías y se mezclaban con un café negro, espeso como una cuerda de cello que atraviesa la médula de la noche.
“Beirut... el niño llora al ver cómo queman la bandera... símbolo del imperialismo de occidente... su llanto está seco y frío... mordiendo una bala fabricada en un país vecino cual chupete, duerme entre los escombros de sus padres... ¿quién le explica que ya está muerto cuando él sólo quiere tener de vuelta su cobija?...”
Eran unas notas viejas, pero nadie más lo sabía.

El acto más noble, es a veces el más estúpido; y el orgullo en ambos casos, obsoleto.
Por la rotación y presión de las revoluciones; la cucharita del café propiamente dicha -a saber, la parte con la pancita hacia fuera- se codeaba acogotada por el mango sostenido con la evolución de dos dedos incapaces de desabotonar las palabras correctas sobre los pechos que levemente temblaban tras la blusa que ya no estaba. No por desunda, sino porque el cuerpo que contenía se marchó luego de dejar un dinero a cuenta de lo consumido.

No es estadística que en cada vagón de tren siempre hay una mujer hermosa. Incluso si esa mujer es el lado femenino y oculto del maquinista del último tren del día, sin pasajeros...
¿Sería la amargura de estar enfrentado a las ruinas arrastradas por corrientes y callaos de aromas apagados?. ¿Sería la gravidez de Seu Jorge en la guerra de un planeta sangre?... no.
Podrían haber sido tus ojos de sandía lo que llamó mi atención, o la dama en fuga; pero fue el arte para saber cuándo desahogarte.
En ese instante la cucharita perdió su útero para siempre.
Calma. Ellas suelen querer ser entendidas y cuando detectan que uno lo está haciendo; escapan. Claro, en el proceso algo se pierde, ya sea de ellas o nuestro.
Y dicho esto descorrió una falsa pierna que no dejaba de golpetear con un bastón que desde el inicio de su discurso, sostenía por la base del mango.
Sí, son unas verdaderas ilusionistas...
Como en ningún momento alcé la cabeza para verlo, opté por ignorarlo.
¡Eh!... y empujando con la punta de su bastón la mesa, mi codo trastabilló desorientado del susto .
Ellas no son buenas para nosotros, mas son el único veneno con el que contamos... dijo rechinando los molares y respirando vapores por su hocico redondo.
Un ojo, una pierna y mi honor... susurró articulando con sólo sus labios.
No quería saber, no quería preguntarle. Lo único que deseaba era otra cucharita para revolverme en esa torcida mesa...

Cerdo Qiú desde su concepción fue caballero. De estirpe y abolengo, su vida había sido ejemplar hasta ese fatídico día en que montado en su faisán dio hasta donde una gran muralla que lindaba con el gran bosque de avellanos de la región.
Respetado y querido por todos, era muy solicitado a la hora de dar consejos de cuánta materia cubriera el interés humano. En las romanzas del amor, las mujeres endulzaban su boca al nombrarlo; no tenían más que elogios y perlas para el alma, sexo, baños de barro y destrezas amorosas de tan aguerrido estratega. Cariñosamente se lo conocía como El Duque de Porcelana, ya por su virtud y delicadeza, ya por su condición de porcino que, a falta de opacarlo, lo enaltecía. Pero aquello... aquello gestado con resentimiento e insatisfacción, no podía más que ser obra de una mala hembra.
Una ofensa de tal magnitud, vista por todo el que transitara por aquél camino, era imperdonable al tiempo que una deshonra para el Sir caballero.
Una inmundicia. Para colmo de males, una sonata de estridencias perturbaba mis ánimos en tan penosa situación.
Al otro lado del muro podían escucharse los cortejos de cuchillas cortando piel, carne y huesos vivos. Nimio sufrimiento para lo que el noble señor, hundido de rodillas, entre lágrimas, pezuñas, maldiciones y desconsuelo, estaba pasando.
Tal tormento no es deseable ni para el propio enemigo... y sabía bien que no había sido ninguno de ellos a quienes consideraba ante todo, hombres de honor y buenas letras.
Sin dudas era obra del género... como las llamaba para descalificarlas.
Abordado por la cólera, bañado por el sol del atardecer a sus espaldas, intentó desgarrar a coro de furias aquel estigma de la roca a fuerza de sí mismo.
Ese día lo perdí todo. Toda mi vida por un capricho. Ya no podía volver a ver a los ojos a mi prometida, a mi familia; a nadie. Ser victimizado, ferido así manera, torna el universo de las razones un infierno.
Al continuar describiendo el entorno del lugar y gruñendo los quejidos ajenos, noté que Cerdo Qiú, no había reparado que las voces al otro lado, eran las de sus congéneres. Un matadero del cual me confesó haber probado las mejores piezas de jamón con un suave ahumado y sabor de avellanas.
Tú, has salido ileso. Lo demás no importa... ella no importa... ninguna de ellas importa... yo sé de lo que hablo...
(en la boca sólo le faltaba una manzana)
Aún hoy esos tres pilares de malevolencia retumban dentro mío. Ninguna ofensa que exprese tal sentir, es digna de un corazón que en gracia la manifieste... malditas perras... ellas y sus hirientes ironías... escribir algo semejante...
“Chancho, te amo.”
Ese mismo día fui a buscarla con los papeles para tramitar la adopción de un niño huérfano que perdió a sus padres después de un bombardeo en un área civil en Beirut...
Zamazra acaba de cumplir seis años (le regalamos una alcancía para guardar lo que no sea dinero) y es el hermano mayor de dos gemelas de año y medio.
Los cinco bailamos, tarareamos, disfrutamos escuchando a Seu Jorge y, todavía hoy -si bien ninguno lo comprende a ciencia cierta- llevo conmigo los dos pedazos de la cuchara.
La espina y la guatita.

22.1.07

coplita cementerio y añoranzas

ay mi muerte mi muerte, quién llorará mi muerte
despacito me voy dejando dejar de amarte
para tenerte cerquita y deshilarte sin que te duela.


tatita decía que las manos henchidas de vida se trenzan con las arrugas hasta hacer una argamasa de mimos. después miraba grandes los ojos redondos y sonrientes al tiempo que con un leve gesto indicaba que podíamos tomar el mate con leche.

es que la muertecita viene de paseo viajando
entre la noche y los días de los hombres buenos y malos
ay mi muerte mi muerte, quién llorará mi muerte.


tortuguita ciudad de caparazones en un mundo redondo y con dos esquinas hacia el cielo. así describía las ruinas de la iglesia que se veían más allá de los puentes. eso, o que nos iba a comprar unos conos helados.

ay mi muerte mi muerte, quién llorará mi muerte
cuando me haya ido y no me quede
quién me esperará por la pérdida encontrada.


en el altiplano hablan las rocas del primer hombre que caído de un árbol cual fruto, lloró hasta poblar cada lágrima con las esencias del alma. después él también se convirtió en piedra. los que no creen se pierden en las cavernas insondables de su propio corazón.

sabrás cómo en solitario ser sin compañía
cuando de brazos en el vacío encalles
y silencies en libertad tus carcelarios espantos.


en un librito mucho más pequeño de lo que imaginas y a punta de lápiz con una aguja enhebrado, solía tatita hacerle cosquillas al papel de plumas con la paciencia que le lleva a la aguja, guiñarle el ojo a la hebra de una palabra por nacer. para el último punto, hincaba el dientecito acerado sobre la carne entre los nudillos del índice y el pulgar izquierdo. siempre en el mismo lugar.

ay mi muerte mi muerte, quién llorará mi muerte
al padecer los ojitos la ausencia de ti
antes que un susurro de río, te envuelva para llevarte hasta mi.


la traída de naranjas era un juego que no cesaba sino cuando sembrábamos las semillas. lucecitas y de pronto, al lado de una estaca, una paloma junto a su polluelo muerto; esperando. exequias para los vivos. corrimos a buscar socorro. al día siguiente al lado de la estaca había dos crucecitas.

este sendero no lo inicié ni lo terminarás
ay mi muerte mi muerte, quién llorará mi muerte
con pañuelitos no digas que soy niño por sonreírle con ternura a la señorita
ay mi muerte mi muerte, quién llorará mi muerte
que venga con piloto y paraguas, otoños en los pies, mieles en la boca
sucias las mejillas, de lodo la nariz,
ay mi muerte mi muerte, quién llorará mi muerte.


al organillo le falta cura. está enfermo de algo que ni dios sabe si puede. el mate con leche tiene un sabor distinto sin las manos rugosas de tatita, sin el librito y el puntito que nos dejaba con su dedo en el entrecejo mientras con la otra nos hacía cosquillas.

ay mi muerte mi muerte, quién llorará mi muerte
cuando me llames, surcaré sueños, te pescaré con una flor
andaremos juntos y al despertar, estarás un poco más cerca.
ay mi muerte mi muerte, quién llorará mi muerte.

(cantarás)

con una vida abrazada en la fundición de lo que la muerte no abarca y contiene.

ay mi vida mi vida...

15.1.07

falanges

En una siesta intentaba explicarle a Meyer los vestigios consecuentes de arruinar historias... la estaba retando.
Y cómo será Meyer de sonámbula que me echó un bostezo tan dulce que lo acabó en mi propia boca... ¿Puedes creerlo?.
Estaba rodeado.
Detrás de mí, un roble; delante, el amor de un sueño vivo.

A las rocas del poniente, niño-malón y culto al vernos, no dejaban de oponer bromas de malamor al botón de azules violetas y claustros.
Tanto se mofaban, que desdecían los pensamientos con barbas de hierba, citando a un servidor descontextualmente...

Yo opino yo, mi culto señor culto, que lo que importa es salir de donde se entra... ¿qué opina usted sobre esta similitancia de misilitudes?...

Que me pica belicosamente la barba señor malón, pero del lado de afuera de la cara...

¿Alguna alergia?.

¡Hormigas!.

Niño-malón sugirió proferir un par de bofetadas de mano propia para remover el lodo y pasto de la cara de culto quien, una vez la jeta hinchada, se contuvo como buen gerente subcutáneo de lacrimosear delante de su par que lo escudriñaba rapaz ante la posibilidad de un moqueo.
Una risa fúnebre de dos pasos y un cojeo, seguida de insofrenable moira, despertó en los pequeños un grado de profundidad lúdica que de haber estado atentos hubieran entendido, pero seguramente se quedaron pensando en la frialdad de niño-malón y el temeroso orgullo de culto.
De haber prestado atención, hubiesen notado que religión estaba con ellos, pero algo distante de esos menesteres.
(en la escena se filtraba un, en apariencia, imperceptible susurro)
(...shitagau no kai?)

Alguna vez -pronto o no tanto- sabrás el por qué de los inaudibles momentos que nos enceguecen, aunque sean perturbadores... pero aquello se hacía más fuerte.
(...shitagau no kai?)
La crueldad de los niños, lejos de ser hipnótica, es madura.

Arquitectura orgánica... una patada en el estómago, definitivamente duele, aseguró culto retorciéndose en el suelo.

Sí no doliera no tendría gracia, corrigió niño-malón.

Que te digan “ya no quiero ser alguien en tu vida” y abrirte la puerta para que te vayas duele mucho más todavía, sentenció religión...
Amoramuerte...

A ninguno, aún siendo mayores que ella, se le ocurría contradecirla...
Meyer los observaba dichosa mientras no dejaba de desbordarse sobre mi con sus brazos.

Así regirá cada uno su mundo.

Acogotada, mi mirada perpleja se posó en sus oscuros ojos de labio de un humo carnal... Está parda la noche... muchas velas apagadas, suspiré buscando un rebote del cosmos.
Meyer comprensiva, se dispuso a explicarme con zambra policana; y sin soltarme.
[secuestrado en mi propio cuerpo por una mujer a la que le soy por entero suyo]

Amanece o atardece acorde en la dirección que miremos. Cuando atardece en nuestras cabezas, amanece en nuestros pies... springa mandala (simplísimo). Cuatro clavijas para cinco cuerdas, eso, es una diablada.

Simplísimo, ¿vieron?... “zambra - policana”.

Los números pueden suspenderse; mirá al polaquito leyendo.
El polaquito era un inmigrante que viajando un día por entre materiales en estado inmóvil, se quedó bolsa y un cuarto de cremallera abierta. Se le escaparon todo tipo de números, salvo los cinco segundos que tardó en notar la ausencia del resto.
[no era polaco]

La existencia y sus medidas, esbocé habiendo comprendido.
La existencia y sus medias, me aclaró para descomprenderme el haber de un mamarracho.

La cualidad de esa musa ataviada en palabras y amarrada en mis huesos... ¿mencioné que estaba nada más que desnuda?.
(y en susurros)
(...shitagau no kai?)
Sí, sí... pero no.

Un día cada uno tendrá un poco de los otros, aseguró Meyer.

A lo lejos religión destinaba que sus latidos, latían todos en grises, menos algunos colores que tornábanse trombetas.
Hablar en lenguas es uno de sus divertimentos predilectos, aunque los mayores se asusten.

Que vamos tomando careño por la ruta corazón, que cuando tengas destino sentirasme satánica al viento de un acero, lady boy, lady boy, lady boy...
Premonitorio aire de un borracho... un cigarrillo como prenda y augurio marital... se fue sin encenderlo, con su caramañola de uvita jugo y sonrisa. lady boy, lady boy, lady boy...
Venus sube in amore profundo.


[religión no sabe orar]

Culto estaba sentadito escuchando a su hermana; ya no temblaba.
A veces el hombre no tiene espacios suficientes para escribir, y planta una semilla.
(...shitagau no kai?)
En el tambor de la sombra ya no tengo salvación para darte; sólo pecados. Ay agüelina aguita buena, que vas nadando hasta la flor lilí con flor marlene y una bailarina gilda gigí, lady boy, lady boy, lady boy...

Por su parte niño-malón nada quería saber sobre eso. A él sí le gustaba usar pollera y punto final... un punto que... un punto... qué imbécil... era un agujero...
A veces se los confunde con ternuras.
Piel con piel; a niño-malón religión le daba espina.
No hay más piel más dura que la piel, ni piel más blanda que la piel... y dicho esto detonó dos puñetazos laterales sobre los flancos de la espalda de culto.
Religión se echó a llorar gritando: Rougé, rougé!, Pouvre Cinq!, puvre cinq!, cual polaquita a la que se le hubiese perdido un número desesperado.
Antes dar un paso hacia donde estaban (no pude dar ninguno ya que Meyer se me anudó de piernas), Culto giró 360º su cintura hacia un lado y el cuello hacia el otro mientras sin quitar la vista de niño-malón repetía: Burlesque Mr. Right, duele no me duele no me duele duele shiki shiki shiki shiki no me duele duele no me duele...
[el pobre debe haber creído que tendría el efecto cascabel de su hermana... pero olvidaba al lady boy]


Las manos de niño-malón supuraban una tibieza sanguínea. Sus pies araban la tierra... culto no alcanzó a ver nada más después de la primer embestida de cabeza... quedó ciego, con los ojos totalmente blancos y diametralmente contrarios a los de su madre.

Eso es amor...

[aquí es donde debiera decir algo como que es comprensible, porque Meyer es una diablesa de metro y pico de piernas, que sustenta la imaginación de todo aquél que se precie de tenerla y es capaz de encontrar en ti una mirada profana -estigma vaginal de sumirse entre las hojas de un botón sin florecer para sentir su carnosidad embebida de rocío y polen... una asquerosidad- y una idea tan original del pecado que no alcanzarían las manzanas para serpentearla como la más deliciosa de las costillas... mejor darle la razón inexplicable y dejarnos sentir recorrer por los jugosos fuegos de sus pasiones... sin peros]

Guardaré estas líneas en mi cuerpo...
[¿creen que me importó la ceguera de culto después de tal confesión?]
[se equivocan]
(...shitagau no kai?)
[no me importó]

[21:35]
Meyer acaba de abrirme una cura desabrida y la está lamiendo.

¿Así no va a curarse?. La inteligencia a veces me ofende por obvia y por tonta.

Quiero que disfrutes de mi lengua.

[diciembre 29 de 1999]

¿Por qué te detienes?...
Porque quiero quedarme y presenciar la tormenta de ayer.

¿A dónde vas?...
Al principio...

[sabe dios cuál de los dos fue dios durante ese lapso de despedida]
[ese día el uno se fue para permanecer donde el otro]

¿Prefieres pétalos frescos, secos o marchitos en tu lecho?... Contestaría que: No hacen diferencia, pero estaría mintiendo.

Mientras niño-malón ablanda la tierra con las manos y culto la guía a destino con precisión, religión la acaricia y rasca sus barbas.
Meyer -umbría sal de cabello recogido- respira parsimoniosa esperando que le traiga lluvias.
Tendido entre el roble y ella, la tomo cómplice, la anudo mordido en sus mariposas, y bostezo hasta abrevar en la herida de su boca.

Embestido contra ellas, sus manos rojas laten con mi corazón dentro.

shitagau no kai?: (jap) ¿me escuchas?.

shiki: (jap) comandar, dirección.// ecuasión, fórmula, ceremonia.// hora de la muerte.// cuatro estaciones.

11.1.07

manos rojas

[PRONTO]
(creo)
{depende justamente de esto último y los días de campo}
-de andar por campos de naturalezas varias-
"sí, me encanasta usar cualquier especia para decir picnic"
¡PICKI NICKI!
¿Piqué?
Pîcles, claro...
con sombrerito para no insolarnos o insularnos
¿puedo ser una isla?
quisiera ser una pequeñita, pero no mucho muy pequeña
[lo suficiente para ser tu isla]
un nido estaría bien también sí
¿y un tropiezo de mi pecho en tu pie, dices?
`¿puedo pensarlo?´
-sí, es capciosa-
ella y la pregunta
...
cuando chasque los dedos te olvidarás de todo
[pronto]
de un manotazo y un "ay ay ay amenaza", vendré
[en cuatro patas]
con las manos rojas
[ay ay ay es nombre propio y cristiano; eso dijo la santa]
-también de nombre suyo-
...
¿qué?
(¿no habrás pensado que esto es algo literario?)
(es literal)
[en cuatro patas cuatro]
(ay ay ay)


::la contestaduría deja abierta sus puertas hasta nuevo aviso::
La Gerencia

30.12.06

black tomato

Cirro de sangre en claves menores me brota.
Incapaz de nutrirla con amor, entre las tonalidades grisáceas y humorosas de sus ojos en mis lágrimas, todo color que veo se trasluce violeta.
Elefante girasol con dolor de memoria.
[una oreja caída]

Pactar el diablo tantos años de su eternidad para que viva.
...nazcan miedos nuevos a los ya muertos en las pesadillas de tus almohadas...
[lo eterno no existe por siempre]
piel de corazón [negro]
corazón tierra [barro]
jazmín y aroma [negros]
niña con miedo [blanco]
perderla, no nacer [tener color ninguno]

Sobre la mesa un tomate de sonrisas.
Al menos así era el rostro de aquel hombre ante las más diminutas manos que podían abrazarse a su pierna.
[perdona si lloro, en apariencia sin sentido, y no te explico]

Es un sueño, es sólo un sueño, nada más que un sueño.
...y no es.

Está en sus manos, en sus manitas de noche, un tomate negro; pronto su nombre se convierte en el de una hija.
[mi hija]
[y el sueño de mi tomate negro pidiendo upa]

Si no come con panza me dará barrigas.
[es hermoso hacerla reír]
Esas inquietudes de los niños y su corretear curiosidades.

Y sí; tengo miedo.
“Procúrate amor como con el cual has amado.”
Esas palabras son feas; no me gustan, encandiló pequeña y respondona.
“Ama”, suena mejor, aseguró.
¿Ama?... ¿Así nada más?... ¿A secas?...
¡SÍ!... como el zorro cuando encontró al elefante en el jardín dormido.
¿Dormido el elefante?...
¡Dormido el elefante y dormido el jardín!...
¿Y el zorro que hizo?... ¿Los despertó?.
¡Nooo!... (tras una silenciosa pausa, estirándose en puntas de pie, bajando la voz y apretando fuerte la pierna, susurró) El muy zorro, también se durmió...
Shhh... entonces no hagamos ruido, a ver si se despiertan...
Jí, jí, jí... sí, shhh, shhh…
¿Y qué palabras te gustan?.
Las que te escribí cuando dibujé.
Ahhh, y que nunca me dijiste.
Y no te voy a decir, jí jí jí.
[sólo ella y tú lo saben]
Pero reírme me gusta.
Esa no es una palabra.
¿Dice quién?, mirando de lleno con sus grandes ojos y su pera en la rodilla.
Dice quien que dice un oso señor dice con muchos libros en su biblioteca dice que la risa es palabra dicha dice pero no así su sonido dice reflejo de una onomatopeya DIZ o fonema estrepitoso que dice determina dice un exaltado estado de ánimo o bienestar del alma dice...
[con severo entrecejo y falta de cautela sin sonrisa]
Ese oso no sabe nada. Es un tonto... ¿Te gusta mi vestido?.
[cuando provienen de su instinto, las sentencias son tan cálidas y aprensibles]
Evitar sonreírme esbozando aquellas razones tontas del oso señor corregido por el aleteo de una prenda florida en su alegría no pude.
¿Y te gustan mis sandalias?, caminándolas para admirar su andar alípede.
Te quedan muy lindas y el vestido es muy hermoso; me gustan, sí.
Me los elegiste vos... volvió a confiarme en secreto de manos al oído.
¿Yo?, ¿Segura?.
¡Sí!, porque yo cumplía así (gesto de mano con dedos) y me lo regalaste. ¿No te acordás? (puños a la cintura y mirada inclinada).
¡Ahhh, cierto!... ¿Y segura que así?.
Sííí, jí jí jí...
Alzándola en brazos pareciera que uno es puramente una invención suya, que es uno el que se deshace acurrucado en ella hasta que- -
Bueno, bueno, bueno (apurada, como soltándose, buscando su sombrero y, uno que tan cómodo, medio en broma no la suelta)
¿Te traigo una flor?.
Me encantaría.
Bueno, entonces te traigo a mamá... y allí va ha por ella.
[en su ya vengo de muchos años, trajo cada cosecha su sueño de tomates]
[tal vez si despierto, nada de esto sea]
[tal vez nada de esto es]
[pero no nos somos ajenos]
Tú, ¿en qué colores ves al amor?.
[sí; no distingo un sueños de sueños, pero los sé compartidos]
Este es nuestro absoluto.
Esas palabras también me gustan...
[lo que sólo ella y tú saben]

23.12.06

رغبات

...sin religión, cazaré uno a uno si...

(discúlpenle)

es su corazón.

llora y reza en una lengua que ningún dios habla.

sólo ella.

[black tomato intro]
cierra los ojos y deja abrirme dentro.
(sé que no es tu deseo)
...por eso soy yo quien te lo pide when you wish upon a star...



رغبات = (ár.) Deseos.

17.12.06

combivant

Su tobillo en diapasón de luz caminaba con puntadas
[robo - persecución]
Unforgettable.
Y el “sí” de su cabellera.

¿Por qué la vida por sobre cualquier otra cosa, a veces importa tan poco?.

Rechina.
Pero es la forma en que de reojo su mirada piensa lo que escribo cuando, entre garabatos movidos, niega haberlo hecho; pero sonríe.
No hay ingenieros para trazar los senderos del alma.
Escribo guiado por la noche dentro de ella.
[y oigo los pasos de sus tobillos]
Su mano medita tan-tán la silueta de la sombra y el cantar; pecho flamenco, mano meditabunda y mis dedos...
Debe detenerse.
[inspira]
[respira]
[susurra]
y no digo; tacho lo que me disgusta.
(sigo tachando)

Faraónica sobre su vientre, el cielo sin estrellas la devuelve al reparo de su respiración profunda y preguntona: ¿Qué es lo que escribe?.
Mercedes hace cuna del remanso que abraza el agua tierna de una boca.
[piano]
[espía a las nueve en punto]
Reclinada en el neón permanece henchida.
¿Qué amante llegará a comprenderla?
[cada día mis palabras salen más toscas; torpes son desde antes]
Recoge su bostezo a cinco dedos y una lluvia que sólo cae al frente de mis ojos.
Cuando la inspiración cae, hace ruido y deja borrones.

...lo que es a la punta de una aguja con tinta para un crudo de carne pequeña y vivaracha sin masticar, pero atragantada en el esófago... ¿cuál era la frase?.

[y hacer una lista absurda, entretenida y no menos distractora]
Rescribir viaje con morocha (tomar en cuenta para el color del cabello que estaba oscuro); cuento concurso cubito sopa (espantar engendros de mosquita) usar notas tomadas; advertising torso; rebanar la nuca por entre la primer y segunda vértebra; despuntar un ojo (el derecho); pelar la etiqueta del frasquito de veneno para el aderezo; dejar de hacer estos bosquejos como si tuviesen un sentido y que parezca a la mirada de la chica del mate, la tal Valeria de remera roja y anular contraído (en matrimonio), algo ocupado.
[para arrancar tres hojas por capítulo de una pulgada cuadrada de tu piel]

“Sí lo agarra lo mata.” Sobrentendido que se habla de un hombre para con otro... ¿por qué se sobreentiende?.
Dos mil cien horas para desplazar una constelación; tres millones de toneladas de agua para albergar vida en una pecera; un parásito para dejar ciego de por vida a quien deambula desprovisto de luz alguna; un juguete pobre para un niño pobre y bullicio de sonrisas... ¿Qué había en la bolsa?... (tal vez su vida) ...presentes.

Su reflejo, al del otro lado de la ventanilla me pide permiso.
[los dientes de las hojas cortadas mordisquean las costuras de tus envolturas]

Sorber y soñar ofrece contrastes ideales para el pasajero frecuente; tanto como hallar unos labios húmedos en un pétalo de flor.
A veces y sólo a veces, el hombre no tiene espacios suficientes para escribir. Cuando eso ocurre los- -

[hasta aquí las dimensiones de tus tres hojas de pulgada cuadrada de piel]
No te quejes.
[es mucho mejor que una pulga en un asiento sucio, alimentándose del tobillo insonoro de un musical hueco que aloja tintas con inservible estanco, rothschildescos delirios de grandeza y alitas de ganso]
[sí; el ganso muerto y con nombre de araña con investidura]

¿Largo como un sin fin de principios sin nudos?.
Que no necesites nunca que te haga alguien el favor de acorbatarte con cuarto menguante.
[esos dos cuernitos son de temer]

Cuando bajes de la habitación, no mires a la mujer, desciende con cuidado y, si los ojos rojos se mantienen cerrados, no - mires - a los de la mujer... resiste o devorará el luto de tus pasos.
[que tanto se tarda una esquina en desdoblarse de tráfico]
[encrucijadas]
[el fantasma de una métrica sistemática e hilos telegráficos]
Se la distingue mejor en ausencia de uno -apagada- como una niebla que nos embebe y se embriaga de nosotros.

En el rodado puntillismo de sus talones flotando, los dejó -puntos suspensivos-

[parados]

11.12.06

globitos

Si reta hipérbole la trimúltide nemecta enterra la plaquetona n´el cuadratángulo´onde el homómido peoma refracciona.
Una glorieta tusarte... besuleame, ripió al uso zárate de los tulleríos.
Bando bombín a la nazipanza. Adolfp supinando en cachas, setas y holas.
Cuí jofaina para le escuchia que, abrupte, imbita a la camalote shupe german loto, en cuatreriente galopa de celulintástica cielada lindorosa...
Un limonero al par está fungucida; gaspar sin marquillo, aguesura montada al estribo de su amante quien, desencalzado -le amanté y lamantella- no le guardaba rencor al frío, mientras Cascarita grass no grass herida, manduca las fenomenomancias de fonemas absortos e inexactos.
Fuipacha y hoy soy caix.
[lema filamento]
[pelusa de sanguinaria]
[y alistaba uno que no fue día en su libretita]
Hajime de flor en pubis, escupía cerebritos.
mimorrománticamente Macelo “R” & auténtico abrevito de imagen sinos ni cierrazón tonta; fleta hundición y un parentes; sí.... uno punto suspensitorio demás.
[martes; renderizar cadavería]
[golem]
En el interior del corazón de un árido desierto inhabitado, con arcilla, tierra y cal, lentamente brotó de las entrañas piedras, ablandándolas cariñosamente, erizando su pelaje. Cuándo; eso es algo que subyace en el olvido. Solo, inició un largo viaje a pie en busca de otro como él, o ella. Su género, no había forma de descifrarlo sin otro ser con el cual compararlo.
Caminó hasta dar con las aguas de una costa marina, pero allí no se detuvo; continuó su marcha.
Recorrió los océanos hasta llegar al extremo opuesto de aquél dónde floreció.
Ya no era una criatura elemental, una marioneta. Las aguas habían hecho arder la cal, fundir la arcilla y remover la tierra...
En ese paraíso sentíase vacío; y no tenía un lenguaje con el cual poderlo expresar.
Miró a su alrededor y en un instante, a mitad de un parpadeo, algo arrancó de su pecho una costilla. Lo inconcebible había dado frutos, el viaje y encontrar a un igual, habían terminado.
Estaba por depositar a ese nuevo ser, cuando reparó que su ciencia había fallado; era perfecta, pero con averías. En un estrépito, no pudo más que aplastar a esa novel criatura de un soplido.
Dejarla sola en ese paraíso, junto a un cadáver con el pecho destrozado, hubiese sido cosa de gusanos.
Interceder no es un acto divino si la mano de un dios interfiere con la naturaleza.
[márgenes]
¿Por qué para cada día, hay que tener una esencia o combinación de ellas?.
Atípica pregunta de examen par ala vida; pero con ella despertaba hacia su rutina. Los años que lo convirtieron en parte de un folklore ajeno hasta de la misma fauna del lugar, parecían no haberse transformado en tejido adiposo de su envejecer.
[Ciudad de Canales]
Hospital para no vivos. Allí dividía su tiempo. Una mitad al servicio de la salud; otra con una clara vocación de asesino a sueldo.
Movía los objetos cual piezas de ajedrez, tomándolos por los bordes superiores y suspendiéndolos. De la misma forma se desplazaba.
El carrito rechinaba por el corredor como era de costumbre, a las 7:05 de la mañana.
Habitación 302. Confesión. El placer de sabores que curan.
[preludio par aun agasajo]
Eseésemo José, furibulante entendedor de mentiras y enfermero, historiaba disfruterilmente de marcialidades palmídedas. Claro, siempre que hubiese una Marcia -le daba igual si era china- que le comprendiese.
Con apenas un dedo surgiendo de un sahara, después de quién no sabe contar un olvido de años, a Golem –resignado al destino de una rebeldía eterna- no le hacía ninguna gracia.
[estaba, noventa y nueve borbotones de mercurio, perdidamente enamorado de la china]

Que alguien durante su vida, sea más joven primero y luego más viejo que quién aún no es... no sé qué sea, concerniaba tesináticamente Hajime de pubis en flor, observando de cerca la punta de aquél dedo enterrado.

[sumérgete mirando la superficie al decir estas palabras aguaceros]

Sabe nadie por seguro que hallemos o no esa respuesta.

4.12.06

say no more

Comme alternadas capitales minúsculas y pronouncing exquisite, no se piense en C (sí) H (aidj) G (grace, greis, grass, gars... ¡GRIS!).
Puvemosí´maginar la pena oscura de cordel que llevan como prenda those who vennos cual pajaritos.
But (si dijese "culo" habrían pensado en fortuna y nada peor hay, que creer que lo azaroso y el trasero, tienen aptitudes para perificar las ideas, especialmente cuando se trata de prognatos o dioses arameos) la vera veritá es silvio (oltra, oultra, ostra, outra... ¡Uds. mintienden!; si nomintienden, mientanmé con sabor a menta, pero no minen con su juicio las razones de un silvio).
Que cuando dije -donde no digo- A tout a l´heur!, lo senté con pelos y señales, con título y todo.
Discrepar al leer es como escuchar un tango, un continuo copy paste del crear y el procesador de texto versión nueve punto cero punto dos ocho uno dos, pero para los dedos non es lo mesmo... extrañan al Word Star y al callito.
Parecerá raro, pero cuando los pongo dentro de un vaso lleno de vino, se calman a costa de empuñar barbaridades contra el troquelado, la tarjetería española y las maquetas, especialmente las de barcos adentro de botellas.
Al ritmo de tan versátiles coreutas, pasan al membrafónico ensamble de dar cabezazos contra la mesa hasta roncarse. Tras respirar profundo, ahí -entre moretones, vestigios de maldecires y ronroneos, exhalación- en ese posterior aliento es cuando los mojo en tintas y les ayudo a escribir como si no supieran; muy lento y con trazos finos, para no despertarlos.
Hay que entender que, no son más ebrios que un niño.
Y por mi nombre que quien infiera un idilio entreverado con parnasos, se las verá de agujetas con cuerda de violín trenzando sus labios antes de sonar las últimas notas y que la música toda de ese cuerpo, se rompa.
Toca despacio tus palabras cuando el agua esté más blanda que de costumbre... los cómos del silencio acechan al arponeo de pisadas débiles.
Vuelve cuando quieras, pero no me esperes.
Mis razones (una señorita inglesa molto sensitivista y de raíces enlazadas con el vestir de su piel) son estás y aquellas.
Mine heart is un petit peu kind of tired und refritao de paciencia. Escriver viá escriver mais con uma perspectiva egoishta para algunos, moishe para otros y para los más, o menos -eso no lo calculé- con floreado amansar de solitud (síndrome de la isla desierta). Que al final no hay ninguna; incluso una muy pequeña perdida en el pacífico, tiene pista de aterrizaje propia, yo lo he visto, desde arriba (apuntando con el dedo índice y estirando bien el brazo hacia el cielo). Podría haber apuntado a tu ombligo, claro, pero entonces hubiese tenido que elaborar la cardinalidad de sus puntos reflejados hacia adentro, absorbiendo todo registro geográfico en sus endiduras y contracciones, en la huella de un dedo, de ese índice, que lo recorre a medida que se pierde adentro.
Voltereta a las fuentes...
La mía, y la de ir por los cielos de un ombligo.

30.11.06

parálisis

tendida de brazos, postrada, la urbe cierra sus ojos cual animal pasada la cacería.
(el ser cazado)

caminaba porque obligábanle a hacerlo.

nada de eso impedía que pudiese detener los cuatro gravitares de su corazón.

era nadie; una presa inmóvil.

dispuesta a acorralarte por el parpadeo de un latido; cuídate de sus derrumbes.

26.11.06

advertising

Anímese, innove, reinvente las posibilidades de su producto creativamente.
Sea usted, producto de su propia originalidad. Inténtelo, y haga historia.
Si no está conforme con los resultados transcurridos 30 días, muchas gracias y siga participando
[Durante la duración de la campaña de promoción del producto la empresa se deslinda de toda responsabilidad vinculante con problemas óseo-musculares en la zona lumbar, como así también de los costos de materiales de impresión e imponderables que pudieran surgir en detrimento del cliente, tales como desnutrición, fofismo, supradesarrollo mamario, impotencia (o que ya no vuele el pajarito) y quiebra, entre otros]

20.11.06

puercoespín

aquijado en un cúmulo de noche sobre el río, la muralla sembrada a los pies de divina agnese para una tragedia se dejaba pisar como sombra caliente en espuma de canelas y crema suave; como labrado aguijón y menta de labio.
una bolsa negra. no muy grande. lo necesaria para envolver una cabeza que no sepa su destino. respira. crepita una bocanada interrumpida.
en tirabuzones de rodilla, tobilla, talón y dedo gordo de cada pierna, silbaba el aire al danzar la deidad con sus pequeñas geta de madera sobre metales blandos a la caricia de una sonrisa niña que alejándose nos convierte en su primer novio.
juro que si fuera albertario azul, conduciría con mis panzas las de los cuatro estómagos y un bólido manco en rulemanes.
En París están prohibidas las edificaciones de más de siete pisos...
el calor se hace más propicio para gestar humedades adecuadas a ciertos trópicos de flora dentro de un polímero hueco, manso, y una bolita de espinos que dormita.
cuando florezca será una carne erosionada por su propio peso. pasados veinte días la deshidratación comienza a sentirse como cal viva. sed incendiaria. y ningún fósforo a la vista.
cuando se precipitan, los tacos de las sandalias de agnese arden liberando trazos terracotas y pléyades de charcos.
y hace girar su sombrilla hasta el espasmo de verterse sin más atuendo que ese -sus geta- para perder todo vestigio de luz en un agujero negro.
el caos en un artículo con dos manijas.
y de nuevo los ojos rojos. algunos cientos de pares entrecerrados, algunos menos guiñando a los faros; esperando ver quién se invita a encallar contra sus pechos.
la distancia de los amantes en el horizonte del cosmos. ninguno de ellos puede ver los parpadeos; el suyo propio yace cubierto de pisadas removidas sobre la tierra que ya no los camina.
ronda el espinoso destinatario entre los flamígeros zigzagueos y el golpeteo del agua sobre la muralla.
Una vez que estás... ¿dónde queda el adentro y el afuera?.
dos aves oscuras en lanza de hombros y anillos dentro de anillos, dentro de ojos a lomo de máquinas, escriben las condiciones de hacer equilibrio sobre un fino cordón de brea para convertirse en sombrilla de circo. la naturaleza ya no es lo que era.
pasos. rechina el acero de las bisagras. la sensualidad de los tacos del calzado de un ser superior armonizan distinto con colores de la misma gama; negro. es su mirada la que alcanza a verse desesperada, llena de hematomas y un jadeo hambriento al otro lado de la portezuela abierta; es libre, nadie le hará daño si cruza, pero no se atreve... si alguien supiese sus secretos.
Soy un alfiler, soy un alfiler, soy un alfiler... no soy una lanza, soy un alfiler...
presiente la sonrisa, no advierte el soplo triste naciendo y muriendo debajo de un rostro ya sepulto que le es irreconocible; el suyo. y por debajo de los pasos es que pueden escucharse caer las lágrimas de agnese en las noches naranjas.
a quince mil kilómetros de cualquier parte, a tres mil metros de profundidad, un erizo busca el punto con el cual colapsar el corazón de su enemigo; el topo.
[igual que el bordado, la destrucción del mundo es sólo un anexo en su agenda]
...si estornuda, está acabado.

7.11.06

unleashed

cesaria de una mancha de luz por entre la hendija de un techo suelo.
correr hasta salirse del propio cuerpo.
[ausencia]
[asilos magdalena y violetas para el camino]

[faro de un estado y un durmiente]

31.10.06

halloween

[alonfabestia]
la cruelidencia de un finistarro con fondeada olomorelia a grusa grasa de leche néxicamente caarbondada con batatas zucaracajadas y chisporra de azujelitos cercanos al baño de María.
Sabiodo sé que lagua con los que pieses se emvalan hechos tán de países pisados como uvas mosqueteras, esto último por la insectidumbre de la malaria, residuo de leche agria por electrólisis, Ernesto, estornudo y personificancia de resaltadores de coloactivos; flora interestatal (no si invacue sin monedas).
La crapularidad tendría menos decí bellios si, además de fulero estrépito facial, no dejaran en rodajas los fieltes. Hablucitar sherpa con montañescos en las chatecas, malmelchores reyilentos, encacular las cabezas de pescados; masajeante toc vocálico es opiosobrio y sobrino de Ofosio, quien halló en el onomatopéyico cuándo, el sinvidente envase de su esponsalía manufacturada un aquelarre de miliquinientostreintitrés a las veintitrés con treinta y trés de un miliquinientos cualíquiera... fiat... se encaminó chuletita a la cuneta del don cuán comer tornasolease cosifa´e bichos.
Poncimado paplete membretado con pegotonias báscula sobrete, el chapotaje abrevoló con forgaijido delipse nelas muescas de los hurteros antelacionada la jornátina para hacelatio con la Marías grela, figuraciones de gel comiente.
Clarosiposidad que, algunque con capocha, no tensionaba mucho saborido a pescado.

[las batatas de postre, un fracaso para los fracasos]
[mucho hueso sin sorpresa]
[nadie encontró el fideo]


Pequeña contribución homenajeante a los analfabestios de
Plaza Constitución

28.10.06

los ojos del miedo

[la conga de un hoja - porque las hay hombres- que desprendiose de una mujer con el dolor elefante de sus espaldas rabiosas; ella -la hoja- y él, el hombre]

Quiero arrancarme la piel. Con esos mismos ojos.

[¿alguna vez te han escrito?]

Quebrar a alguien por dentro no es bueno. Hacerle llorar sin poder tenerla en tus brazos no es bueno.

[si sólo fuese un poco más el de los ojos]

Si fuese ese monstruo que se dejó entrever, confieso que hasta lo disfrutaría. Luego me molería a golpes.

[mi propio verdugo]

Poca hombría en esto de enfrentarse a uno mismo. Bastante estúpido por cierto.

[y no]

Lo que hay que aprender es cuándo acabó la pelea.

[y hay más]

Y no, soy yo. Lo demás soy yo.

[piensa que para el portador de esa mirada, esos ojos no existen; las cuencas están vacías]

Un paquidermo que, aún cometiendo torpezas, sabe lo que no quiere.

[y sabe que hay cosas que quiere, pero aún no conoce]

Y, pese a su mirada, es un niño.

[un maldito infante de tres décadas]

Y el terror en tus ojos es... es que su juego, a veces, incluye una bala en la cabeza.

[la ironía de estar desprotegido de uno mismo y buscar su propio abrazo]

Estás dentro de mi cabeza; lugar del cual no puedo cuidarte.

[toma mi mano, camina con cautela; no te sueltes]

[si vas por tu cuenta; te arrancaré el brazo]

20.10.06

lil´ waitin´ for the sign

[ayer; la fórmula química de un día fantasma]

Polaridad bifocal; mi mano tiembla calambres de sol ocho y veinte con treinta aleteos de la mañana, aes de patas largas y amantes a la vera de besos en el desayuno.
La sombra de una canción con ánimos que uno cuenta en los pasos del tránsito entre dos calles del universo y un hombrecito rojo que siempre espera; que nunca cruza. Que nada de malo tiene que otro refleje nuestros sentimientos.
[creer por un segundo que los dibujos de un capuccino frappé son garabatos japoneses]
[tengo que empezar a beber menos café]
[la temperatura de dos manos separadas]
El embarazo sapo de una princesa tan hermosa que, si te la describiesen, no lo creerías.
[como escribir creeer con tres e y que te lo creas]
El equilibrio de las espaldas de una paloma negra.
[fémino tobillo peinado a la moda]
[peatones]
Mujer cabellera blonda, señora cartera al codo, mujer papagayo, mujer-mujer, hombre semidescarrilado, descamisada sin tobera y corpiño al “qué me importa”, muchacha omóplatos, mujer tetona en punta con ladera y lila, palermo plaza congreso doce, pequeña mujer diminuta de la mano paterna del portador de su bolso petite mannequin y paso medio a sus pasitos, pequeño hombre diminuto con panda en el lomo llevando de la mano a su réplica parental masculina sin decidir quién sigue a quién, pero yendo juntos.
(¿dónde está la mano de mi padre?)

A mesa por medio y cuarenta y cinco taxis, sus pies desnudos, bañados de paciencia y un vendaje, permanecen distendidos al aroma de las moliendas.
¿Qué heridas lleva el sostén de nuestros cuerpos?.
Cada quien a su tarea.
La guardia urbana y la mendiga, el circo de sombrillas amarillas y el eclipse de corbatas en las retinas.
[no me obligues a usar camisas]
[la convivencia del tráfico y agentes patógenos residuales]
[manténgase alejado mientras nos acercamos]
¿Se puede invocar la paz en el plumaje?.
¿Y en el nombre de un adalid que alguna vez levantó su mano para dar un golpe?.
(si dices que no te golpearé hasta que entiendas que la paz en uno no es justa e indispensable para ser)

Para quien ama el caos, el amoníaco es el equivalente a dos palomas negras acicalándose.
La de joroba blanca vuela; la de complejidad noche y luna nueva caga mientras me mira; mientras miro sumergida en sus papeles a la dama de orillados pies desnudos hasta que en uno de sus trazos todo se transforma en una gigantesca mosca trepando un edificio.
(que festín sería para una mosca más grande)
(pronto ha de morir)

Mi capacidad de hartazgo es como el crecer de un árbol a favor del viento.
[se está nublando]
[me estoy orinando]
[culpa del capítulo frappé de las novelas al alba]

Blancos los ojos, la mosca reinicia su vuelo sin titubeos; sin agitar sus alas.
Triángulo de piel que se apresta a partir.
[cuando el movimiento es un derroche de placer]
Un rosario y un bostezo; un faro moviente en el camino de los huesos.
Si escribo en calibre cardiopático con rodillas y rodetes entre varas y radiografías, me perdería el pellizco de unas ancas pelirrojas y curvas por esos efectos de la dilatación de los objetos en el espacio respecto de la velocidad corpuscular a través del roce de uno de los lados de un grano de azúcar caído en una molécula de tiempo.
[si lo dibujo, se detiene]
[si lo borro, se olvida de sí]

En bata se pasea una taza de café.
¿Sabrá cómo destrabar a las vértebras cuando se agarran de las fibras musculares y tironean hacia adentro?.
Bata pecho azul pasea con periódico enrollado.
[el cielo parpadea]
[lustrador y lustrado con esposa que observa cruzada y envuelta en coral, husmean por sobre el submundo de sus narices y rasgos achinados]
[inquisición de la guerra santa marital]
[en primavera también nieva]
[le dice la esposa del lustrado al lustrador mientras el segundo elucubra la traición de la primera con su mejor amigo al verse reflejado en la punta de sus zapatos que le acaban de recordar por qué no se los lustraba]

Y el hombrecito rojo sigue esperando.

[algún día cruzará]
[con luces negras y asesino corazón abierto]

Hasta entonces, el universo seguirá encapsulándose entre dos calles cualquiera; y la atmósfera de un cero absoluto.

10.10.06

bises

Eran sus ojos los de una cuerda en principio tan rudimentaria como el corazón.
Porque el corazón es eso; una piedra.

Al menos eso le hicieron creer.
[como quien habla de uno fuera de uno, haciéndose ajeno]
No hacía más que repetir lo inculcado.
Hablaba un castellano melodioso; tanto, que hasta se diría despertaba en su interlocutor el deseo de besarla por sobre cualquier amante habido y sabido a cualquier gusto y sapiencia.
El más fino instrumento que-- ¿Qué?... No; no sé por qué la música ablanda las piedras.

Cuando sus ojos se cierran, el principio rudimentario hace latir la piedra.
[por entre las hendiduras de la carne]
Mis ojos eran los de sus cuerdas en un final incierto, un brebaje de luna llena embotellado, burbujas de humo y un bis.

Cordalmente, sus manos se entretejían en la abstracción de su propio cuerpo
[mi ávida ignorancia]
para convertir el mío en gotas
[que piden...]

Al cerrarse sus ojos, de la piedra, el inicio de lo elemental procura los latidos.
Cuando se abren, el párpado del corazón deshila su-- ¿Qué?... Sí; pero no sé cómo sin decirlo, con las cuerdas, en semillas de agua la piedra brota dentro de un corazón hasta endurecerlo.

[amansa tus fatalidades; gobierna tus destinos]

6.10.06

dhojasdindesofía

[tomates]

la tibieza de sentir el sol sobre la tierra; estando debajo...

(cuando Campesito sabe y convida barrigas de sapo, nadie queda excento en subida)

23.9.06

una violeta entre girasoles

[la médula de un amor precipitado que, a veces y sólo a veces; nos vive con una crudeza devoradora]

¿Y si no lo es?.
(en tres sorbos un café quemado puede ser bebido)
(en tres palabras puedes contener la respiración sin desahogarte)
(lo que no puedes es evitar la asfixia)
(ni el sabor a carbón hirviendo en la garganta)

Derramó unas líneas sobre las cuerdas del piano. Sabía entretenerse de ese, “el otro lado del instrumento”...
Es como un arpa durmiendo, decía mientras lo inspeccionaba con superlativo cuidado. Ni siquiera era suyo, pero su dueña disfrutaba con admiración las pasiones que él despertaba mientras se perdía en las constelaciones de aquella gigantesca caja de madera y sus curvas.
Creo que los remos fueron inventados tomando como referencia las aletas de las ballenas. afirmaba como si el inspeccionar las fibras esenciales del instrumento tuviese algo que ver con los cetáceos y el medio para mover un bote...
[claro que, tenía relación]
Le era imposible entender a la dueña la hilación que en la cabeza de aquel sujeto tenía lugar.
Ese día sin más, parado ante la puerta, sonriente y antes de ingresar, confió a la dueña la siguiente revelación:
Hace cuatro siglos en el Japón antiguo, en un pueblo cercano a las costas del pacífico en la isla de Hokkaido, enfrentáronse dos guerreros; un discípulo y su maestro.
El alumno no entendía como aquel que fue su mentor se había transformado en un asesino que disfrutaba los humores de la sangre vertida en los filos de su espada.
Llegaron a un punto de la lucha donde sus siluetas se eclipsaban con el amanecer y el aroma de la hierba humedecida por el oleaje del océano.
El final de aquel día que nacía estaba próximo...
¿Y cómo pretendes vencerme?, cuestionó el maestro con una sonrisa de labios cubiertos de saliva espumosa y dientes rechinando.
No veo que seas tú, quien de los dos porte una espada...
Y al instante de decir estas palabras, los globos oculares se le hincharon inyectados y con un enfurecido grito se abalanzó sobre su aprendiz con incontenta violencia...
La hierba en derredor de sus espaldas se blandía con el canto de la brisa; parecía que la tierra estaba respirando con calma después de haber sido enterrada en un profundo resentimiento que ni la muerte misma toleraría.
[la naturaleza no puede odiarse a sí misma]
A la altura de los hombros, los brazos del maestro se desprendieron; como arrancados de un tirón giraron por los aires antes de caer.
No cayó ni una gota de sangre.
Un corte limpio y perfecto...
No comprendo; es imposible... tú no...
Sin voltearse, el discípulo dio a su maestro la última lección.
Que no la puedas ver, no significa que ella no exista... vivirás para recordarlo.
Por esa única vez, la hierba se llamó a silencio perpetuo.
Si caminas por esos suelos tal vez lo notes; allí el aire corta al aire hasta hacerlo irrespirable...

Sin más y sonriente, entró en dirección ha por el piano, no sin antes frenarse en seco, dar la vuelta y...
Buenos días...
Ante la mirada impávida de la dueña, quien frente a tal descortés cortesía no pudo más que comprimirse en una gran especie de duda con forma de ramas de roble albo en un invierno de mil colores y ninguno blanco.
Sobre su eje giró el hombrecito, retomando la ruta del cordófono como quien acaba de pasar la página de un libro.
Que rico es sentir su fragancia por las mañanas.
No intentaba ser halagador, pero la estupefactez de ella era una estupefactez alegre. Tanto que cada semana esperaba a su entrenador de pianos para redescubrir esas nimiedades que al resto le parecen justamente eso.

Ella por el sólo hecho de ser la dueña no superaba en edad a la de él. Para ser objetivos y no deformar la veracidad de los hechos; ella añejaba un mes más que él. Suficiente para entender que aún siendo más joven, eso lo hacía más sabio, pero no por la biología de cronos, sino porque la de él, era una juventud dotada de una sabiduría antigua e inaccesible... incómoda.
Y esa incomodidad era la que despertaba esa curiosidad.
Claro que el opinaba todo lo contrario como era de esperarse ya que el tenía una honda curiosidad por ella sin que ella lo supiese...
¿Le llegó la nota con el recado que le envié?... Porque me fue devuelta... Creo que hubo un malentendido con- - el la interrumpió marcialmente apuntado con su dedo índice derecho hacia el techo y los labios pegados después de aullar...
Shhhh...
Y dando un leve golpeteo sintió el acto reflejo del piano que le contestaba.
La dueña vacilaba en silencio y pestañeando con cierta arritmia.
Aquí no hay ningún problema... No hubo malentendido alguno. Contesté a su nota con la celeridad que me fue posible esperando no impacientarla.
Pero ella estaba segura que no había ninguna contestación y se lo hizo saber con cierta seguridad de haberle hallado un desliz.
En el reverso de la nota señorita; allí le contesté ya que no tenía ningún otro papel a mano...
Al ir por la nota y revisar tal aseveración, ella se econtró con una desprolija letra manuscrita.
[...si me tardo en escribir es porque estoy usando un dedo (de cada mano del pie)
por lo que me tardaré así que...
]

Cuando la gracia divina se vuelve pesada, en ese momento es que nos hacemos humanos.
Muy bien... muy bien... será mejor que me explique esto porque estoy, estoy...
Él detuvo sus labores, le susurró a su paciente le disculpara un minuto y se acercó a ella enmudecido hasta que la tuvo de narices. Entonces, abrió su boca para hablar, tomó aire, hinchó su pecho y cerrando su boca dejó sus cachetes inflados poco antes de exhalar parsimoniosamente sin dejos de resignación.
Satisfecho, volvió a abrir la boca sin quitarle la nariz de las narices y cerrándola de nuevo, esta vez se cruzó de brazos y... cerró sus ojos.
Se quedó quieto.
Ella ya no sabía cómo salir de su asombro.
Oiga...
Pero él no contestaba.
De pronto sin encontrar salida alguna ya que gritar de angustia no era una opción para una dama de su posición, hizo crujir el papel entre sus manos.
Entonces él abrió primero un ojo y luego entreabrió otro dejando que las cejas hicieran el resto.
Miró el papel crujido en la angustia canalizada de ella y le hizo un ademán con el mismo dedo con el que apuntara al techo, pero esta vez en dirección del papel trazando pequeños círculos con la punta.
Mecánicamente ella enderezo la nota y releyó sin poder detenerse por un rato.
Al darse cuenta de la fascinación de aquel juego, el tiempo había quedado suspendido.
Él estaba de nuevo inmerso en las dolencias del piano.
Este piano necesita tomar aire fresco. Deberían sacarlo al jardín de vez en cuando.
Ella no acababa de romper un embrujo que ya se hallaba hechizada en uno nuevo.
¿Por qué nunca toca Ud. los pianos que arregla?.
La respuesta fue categórica.
Porque no sé tocar el piano.
El paso del segundero del reloj del salón resonaba implacable.
[y es en esos momentos en que uno aborrece ese estar solo estando con alguien]
(pese a todo, algo siempre suele romperse para construir a partir de ello)
¡Aja!... encontré el problema... claro... sí, sí, sí... debí suponerlo... era tan obvio que de haber empezado desde abajo... seguramente me hubiese llevado lo mismo... como preguntarle a un riñón el nombre del médico al que le duele...
Él tampoco sabía nada de medicina.
¿Acaso de verdad le parecía a la dueña que se trataba de alguien con un potencial, un intelecto...
Si dice muy despacio “desproteger” suena a algo relacionado con dejar esporas o bien poros, aunque a mi me gusta más la idea de desporotar tejidos... ¿Ya le dije que tiene un aroma muy rico?.
Por supuesto que se lo había dicho ya, pero a ella le encantaba escucharlo de él.
No, no me lo había dicho. aseguró con un sonrojo al tiempo de reparar en las medicinas musicales. ¿Y cuál es el problema del piano?. Sacando de uno de sus bolsillos un monedero dispuesto a- -
Él la detuvo con sus manos antes de que pudiese sacar algún dinero.
El piano está bien... tal vez el problema seamos nosotros.
Ella en un desatino dejó caer el monedero y estrechándolo en un abrazo por sobre los hombros, lo besó impulsivamente.
Al alejarse algo sentida por su imprudencia, descubrió que él estaba con una lógica que nunca lo había dominado antes.
Sentía como si los tormentos de la razón tuviesen la errata de no haber comprendido nunca la grandeza de sus nones.
Una bocanada de frescura volvió a recorrer los labios del joven y anciano reparador de pianos. Uno de los ventanales abiertos de par en par lo devolvieron a este plano de acordes con que se juegan las músicas del universo.
Después de todo no hay tales leyes... afirmó sonriente llevando una de sus manos sobre la cabeza.
La labor estaba completa.
Pero no podemos comprobar si el piano tenía o no ningún problema ya que mi padre es quien lo toca y no regresa sino hasta pasado mañana.
Con un ansioso ademán de espera, el joven volvió a acercarse a su ya no convaleciente amigo. Le pidió en voz baja que le volviese a perdonar y que tendría sumo cuidado de las formas y cánones de ejecución.
Y arramangándose, empujó el piano hasta el jardín.
Maravillada ante tal arranque de naturaleza, se sentó a los pies de un naranjo que perfumaba dulcemente los demás sentidos y quedose viendo cómo el muchacho en un malabar... deslumbraba el entorno melodiosamente, sin tocar una tecla.
Incluso el verde de los pastos en derredor calló durante ese pequeño concierto de las sorpresas.

¿Quién iba a sospechar que en otros tiempos la flora redescubriría la magia de lo inaudible?... aquí concluye tu lección maestro.
Y dejándolo cubierto de lágrimas, el alumno despareció entre las sombras de los árboles.

Al despertar la luna brillaba sobre el jardín. El piano estaba dentro del salón. El muchacho no estaba... ¿Había sido un sueño?. ¿Cuánto había dormido?. Su piel parecía más tersa y madura que antes.
Entonces lo escuchó llamarla.
El perfume del naranjo todavía embriagaba el alumbramiento de la noche.
¿De nuevo se durmieron?. Preguntó él acercándose; a lo que ella respondió con rostro dubitativo mirando a los lados para ver a quién se refería y señalándose para sí como reformulando si era a ella a quién se refería.
Él asintiendo con la cabeza miró al naranjo y se arrimó un poco más.
¿Pasaron tantas primaveras?... indagó ella para sí.
Pasaron... confirmó extendiendo sus manos mientras ella, cómplice de su guardia baja, aprovechó el momento.
Pasamos...
Él la fue llevando hacía sí acompasando la corrección con su sonrisa en la de ella.
Así que ahora que soy minoría se aprovechan de mi, ¿no?. mirando otra vez al naranjo.
¡Qué fachas las suyas las de venir a manchar su omisión cual si fuesen nuestras!... ¿Verdad que no?. mirándolo con aquél rostro con el que presionara la nota con la respuesta de puño y letra en el reverso.
Pero no era suya la respuesta...
¡Noooo!... exclamó desbordante de alegría una pequeña damita de apenas cuatro años que corrió hacia sus padres quienes, parecía como si se estuviesen enamorandos por primera vez...
Papa... llamó la pequeña.
El padre, otrora médico poco entendido en medicina pero sí en pianos, se inclinó en cuclillas ante su damita.
Ella lo abrazó por sobre los hombros y le susurró al oído... ¿Hoy es 23 de septiembre?... El padre, con ternura, observó de reojo a la madre.
Sí... ¿Por qué?. desconociendo la trascendencia de la fecha.
Y acercándose más, la niña le explicó...
Hoy es mi cumpleaños... hoy el señor piano canta en el jardín a la hora que el pasto calladito, me escuchó entrar en el sueño de mamá abajo del señor naranjo sin desporotar tejidos...
El padre abrazó a su hija y la alzó. Tomó a su amada de la mano y acercándose al señor piano que y estaba dispuesto en el jardín, la sentó sobre el regazo de su madre, rodeó el cuerpo del instrumento, y una vez más le pidió permiso y disculpas por las molestias acordes la doctrina y elocuencia supuestas para ejecutarlo...
Ella volvió a despertar bajo el naranjo.
Él hacía un rato que la llamaba para despertarla sin despertarla.
¿Otra vez se quedaron dormidos?. pero esta vez ella lo trajo para sí.
El se sentó a su lado.
Tuve un sueño... Entre los girasoles de una violeta...
Bajo el naranjo comenzó a escucharla mientras sus manos entrelazadas reposaban sobre su vientre... el señor piano dormitaba en el jardín.

Entre los girasoles de una violeta, eclosionó ante unos ojos que con sus ojos, por vez primera reconocía en esencia cada elemento, incluso los que inestables molecularmente se trasforman en veneno.
Así me llaman cuando habito dentro de alguien...
(amor)
[o cuando toco en las cuerdas de tu piano un sueño]

12.9.06

verdugo

Descubrir en los meandros que, de las mujeres, el hombre,
es la peor de todas.

30.8.06

                                 

Para crearlo simplemente no se lo nombra aunque se trate de una niña de altura rodilla y miriñaque desgarrado por las sombras de unas luces que envuelven los escapes.
Así desaparece en capítulos de reinados frambuesas y flamencos, de un aire hilvanado con el aura de su gentileza para con las frondas mesetas de vientres; del suyo cubierto de ombligos guillotinados.
¿Con que tobillo tu sexo tropieza?.
Deja de morder el silencio. Vuelve.
Que las lunas de tus faldas se confundan hasta no ser falda. Que tus noches despierten la cavilación de los sueños.
Que el misterio de ignorar quién eres vomite sus verdades heridas.
¿Sobre que pies reposa tu cabeza?.
Deandas a la suerte de un dado chueco y desafilado en las puntas. Deando soplando cuanto queda de calma para no llamarte “creación de ciento un elefantes”.
Eso, o simplemente ser uno a uno.
Cuando te arrojas al destino, este puede no responder a tus imponderables. Cuando llueve dentro del impermeable de la niña con miriñaque hecho jirones de espías con ojos de arañas, la solución es esa; que siga abrazando al niño hasta desahogar sus desamores.
Si no creyera que hay esperanza, creería en dios.
Al hueso en cuya melodía resuenan las aguas de tu reverberación, desborda lo intangible de aquello que nos ata al cosmos en un absoluto que se interrumpe en la intermitencia de la materia.
Fecunda y profana, devendrás la tragedia de un parto muerto trayendo lo que las pasiones ocultas desentierran, incluso cuando pierdas un poco la propia vida; aún dándole la espalda a lo que contranatura es muerte.
[avec un coeur de varennes pendant de ta cou]
Así llegarás vestida...
Caos.


avec un coeur de varennes pendant de ta cou: (fr. "con un corazón de varennes pendiendo de tu cuello").

la caos

27.8.06

si ruje es niña

en el centro de la palma de mi mano el botón de su barriga arde de un amor con un amor lleno.
lleno de ella y de su panza enamorada que acaricia a mi mano mientras la besan los dedos.

26.8.06

tatám-tatamba

a la espera de alguien que me pica con la lengua del continente negro
negro continente de la lengua con que pícame alguien de esperar alas
espera negra continental de la lengua conspicuamente alada que algo
picándome cuando alguien de esperar continentes ennegrezca lingual
con la picazón lípida a la oscuridad de las contingencias de quien sabe
la lengua blanca de contener nada de un alguien paciente que se rasca
a la vinagreta descolorida de una impaciente irritación capicúa de nadie
incontinencia la del que con la lengua arde esperanto y no urde colores
del picor borroneado y espirituoso que jadea con tino y esperanzas que
alguien con tanta umbría no encendería una roncha en su quijada si no
me contradicen las hormigas que muerden algo que parece un carbón
al sancho sin amo que regodea por labios la superficie calma del vacío
pinta lamiendo las hinchazones de un otro al que le contiene para serle
hacerle y esperarle con pique competente para que la lengua sin prisa
deje un claro expectante de terreno en donde probar su habla cubierta
a la sombra blanda de un lenguaje que ráscase consciente de ser alguien
(tatamba-tatamba, tatamba-tatám)

25.8.06

anaba

(little-known good place)
piel cruza una calle y gira para ver los ojos de la ciudad que se aleja lenta e invisible entre las gotas.
piel lleva su lugar consigo doquiera sea que vaya.
(con sus juanas y pies desnudos)
...dónde tu corazón duerme; piel está.


anaba: Llittle-known good place (jap. "Buen lugar pequeño y conocido" o "Lugar bueno, pequeño y conocido")

24.8.06

la tyrannie d´un koshuku

(ella sin tus noches)
El diluvio de una tormenta solar en mi otro ojo... el que no lo es.
[lastimada sangre avispa que derrama alas azules; prepárate para la malasangre]
La diferencia entre gibraltares y quien reposa en su propia piedra...
Sumergirme para hallar algún absoluto; hundirme esperando dejar allí ese peso que empuja y tropieza.
Caer... alcanzarte... tocarte...
Perderme en la presión y no saber si es tu cuerpo, el mío, o el agua...
Tienes el cuerpo del agua.
Tienes miedo.
Tengo.
Quiero no emerger; no me dejas.
Déjame; y te abrazas.
Nadie debe ahogarse tan destempladamente sin pensar en la tibieza de un ser intranquilo y quieto.
Con el agua por dentro y por fuera, me humedezco.
No puedo encerrarme; sencillamente no puedo.
Lo sé.
De las piedras surge la vida y allí estoy, a su lado ya no sabiéndome más mío.
Cuando un ella es río y beberla hace la diferencia entre dormirse bajo las campanillas de sus senos y los sabores de sus fragancias inundado de dudas despertar encontrarme en un estado cuencas y contorsiones de respiración entrecortada y lagunas de lucidez que saben menos de cómo envenenar lo inanimado antes que darle una caricia para erosionarlo soplando lúdica y sin sexos una brisa que nos derrumba inalterable por dentro quemas y heme aquí hundiéndome dentro de la dura carnosidad de la tierra que señala los cielos de pie sobre las aguas de una esencia similar a la vasija de tus manos juntas que me contiene y me besa mientras me bebes...
Cenizas.
Envuelto de aguas pétreas trazo una línea con el dedo que se va curvando hasta derramarse.
Puedo escribir en cualquier superficie, dices.
Y no entiendo por qué me muerdes con las manos y te sonríes. Sabes mi malasangre en tu boca y te relames.
No está tan mal...
Hace un día destrozaba a golpes mi pecho con la coreografía de un quebrado parpadeo ritual. Luces tenues y un latido externo que percutía y resonaba a costillas.
Asfixias. La semblanza de un radiar tus sentidos y que permanezcan intactos... o desgranados a las pasiones del vacío...
Deshacer distancias, tiempos; absorberlos.
Llenar lo